|
VIOLENCIA EN LAS AULAS-VÍCTIMAS
"EMPIEZO interno en un colegio en 1975. Tenía 13 años y salí a los 18. Durante esos cinco años sufro un acoso continuo. Dos factores agravan mi situación. Uno, mi defecto físico (poliomelitis) y otro, que era un internado. Sufres mucho y reaccionas ante todo con una agresividad que no controlas. Era el único acosado de toda la clase. Era el objetivo más fácil. La angustia y la ansiedad difumina mis recuerdos pero tengo aún una especie de agujero negro. Como caigas en él, te hundes. Nunca podía jugar con compañeros, era imposible tomar tranquilamente un café en el bar... Siempre estaba sólo y así no podía concentrarme en los estudios. Yo aprobaba en vacaciones. Así durante cinco años. No padecí agresiones físicas pero sí presiones psicológicas, de todo tipo. El profesorado estaba allí para domar aquellos que les habían mandado. No tomaban ninguna carta en el asunto. Es más, en COU, en el último año, yo estaba ya en una habitación individual. Entonces empezaron a aparecerme en el cristal pintadas como esta noche vas a morir, esta noche te voy a matar. Yo acabé durmiendo con un puñal debajo de la almohada. Y el profesor vigilante, un fraile, me dijo que yo mismo me había escrito esas amenazas contra mí. El internado acabó, pero los efectos de esto no. Luego volví a Pamplona, pero ya llegué con ese miedo a la agresión y, también con una agresividad interna de respuesta. Así, no había nadie que te aguantara. A las cuatro o cinco personas majas que te rodean, les acabas cansando y te dejan. Empecé a estudiar una carrera pero con veinte años estaba ya sumido en un síndrome total de angustia y ansiedad. Fui al psiquiatra para que me tratara. Fue sacando cosas, pero no encontraba la raíz profunda de mi estado. Por eso empecé todo un proceso de recuperación de mí mismo. Se puede lograr. Comencé a practicar yoga, a compartir mi experiencias con gente buena y positiva y fui saliendo poco a poco. Pero siempre rodeo una zona muy peligrosa. Son muchos años de angustia y nunca acaban de limpiarse. Y más cuando es la edad en la que estás formando tu estructura. Además estaba sólo en el colegio y fuera de él, porque no podía ir a casa cada noche. El primer año intenté escaparme. A mis padres les intentaba contar algo. Pero no tenía fuerza. Mi autoestima estaba por lo suelos. Además estaba muy raro. Al principio llamas por teléfono a casa diciendo que no puedes más pero desde casa te dicen que aguantes... Hice lo que pude y aquí estoy. Hace un par de años íbamos a celebrar las bodas de plata de la generación que acabamos en el colegio. Me armé de valor y fui. Era un momento por un lado positivo, porque podía dominar aquel pasado, pero también lo viví con mucha ansiedad. Fue curioso. Había quedado con un ex compañero para concretar cómo ir, cuando iba a la cita con él tuve un ataque de ansiedad en la calle. Pero bueno, uno ya se ha educado, ha aprendido a controlarse... y te repones, pero imagina hasta que punto tienes metido aquello para que 25 años después te pase esto. En aquella reunión me comentaron que uno de los chavales cuyo acoso hacia mí era más fuerte se suicidó con una sobredosis de droga. Esto demuestra que el problema afecta a la víctima y al agresor. Hablamos de cosas. Con cuarenta años he descubierto que aquellos que me estaban acosando antes de ir al colegio estaban tan tranquilos en casa, con sus compañeros y amigos..., y de repente se vieron a bastantes kilómetros de su casa sin nada de eso. A los profesores no les iban a dar una bofetada y lo pagamos los más débiles. Lo que me queda es que es posible salir adelante. Hago un llamamiento a que todo el mundo se tome muy en serio esto".
Diario de Noticias
2 de mayo de 2002
|