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Los expertos advierten de que el acoso escolar no es «cosa de niños» y piden a los padres que investiguen cualquier sospecha.
El suicidio de Jokin, un adolescente de Fuenterrabía, enfocó las luces de la actualidad sobre el acoso escolar el pasado año. Jokin, de 14 años, se quitó la vida después de soportar continuas burlas y agresiones de sus compañeros de clase. Fue un caso extremo, pero sirvió para poner de manifiesto que el acoso escolar, el denominado «bullying», está más extendido de lo que muchos pensaban. Es más, los expertos aseguran que prácticamente todos los estudiantes de España han presenciado o conocen un caso de este tipo.
Para las familias con niños entre los 10 y 14 años el término «bullying» comienza a ser reconocido e identificado como una amenaza que, en el caso de no tenerla controlada, puede afectar directamente al normal desarrollo del menor. Los propios terapeutas reconocen que prácticamente todas las personas han sufrido en su niñez el abuso de un compañero de clase o de un amigo, pero también advierten de que, llegado un punto, deben atajarse estas prácticas. La cuestión clave es saber dónde está el límite. Muchos padres se han encontrado de pronto con que sus hijos viven el día a día bordeando permanentemente la línea divisoria entre el juego y el maltrato.
Cada vez son más los padres que acuden a los centro escolares o a terapeutas especializados para analizar los problemas que sus hijos tienen con sus compañeros. Las narraciones de los padres afectados son en muchos casos aterradoras.
Los expertos afirman que el «bullying» se muestra de distintas formas. A la hora de tratar el problema, los padres de los agresores o victimarios juegan un papel muy importante. «La mayoría se ponen totalmente a favor de sus hijos, dicen que sólo son cosas de niños y que no tiene ninguna importancia», explica la psicóloga mierense Natalia Suárez.
Los terapeutas recomiendan a a las familias que sufren este tipo de problemas que acudan de inmediato a un especialista o que pongan los hechos en conocimiento del centro escolar. Aun así, pueden encontrarse con barreras. «Muchos profesores nos explican que en muchos casos se sienten impotentes y no saben cómo actuar, algo, por otra parte, lógico, ya que no están preparados para intervenir en estos casos», puntualiza Natalia Suárez. Por ello, el consejo de los terapeutas es claro: «En caso de sospecha, es mejor investigar lo que sucede, aun con el riesgo de equivocarse, que no darle importancia y dejarlo pasar».
La Nueva España
6 de Febrero de 2005
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