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Mujeres y violencia, dos palabras que tristemente van unidas en demasiadas ocasiones, y cuya dramática relación se está instalando en el paisaje social como un elemento más de la vida cotidiana y que requiere el compromiso de todos para acabar con ella.
Afortunadamente la sociedad es cada vez más sensible al problema que representa la violencia de género, en la que no sólo es víctima la mujer, sino que hace patente el fracaso de la sociedad que permite estas manifestaciones de injusticia, de abuso y menosprecio.
En estos momentos entendemos como un avance la aprobación de la nueva Ley Integral contra la Violencia de Género, aprobada recientemente por unanimidad de las Cortes Generales. Manifestamos nuestra solidaridad con las mujeres que son víctimas de cualquier tipo de maltrato, y nuestro máximo reconocimiento al esfuerzo de todas las mujeres que luchan por la dignidad, por los derechos de las mujeres, por los derechos de todas las personas.
Hay otro ámbito en el que las mujeres también son víctimas de la violencia, es en el trabajo. Es el mobbing , el acoso laboral, esa violencia moral y psicológica que pretende la destrucción y la exclusión de los trabajadores y trabajadoras, pero que también aquí se ceba especialmente con el colectivo femenino.
Los distintos estudios realizados cifran, los más optimistas, en un cinco por ciento el porcentaje de víctimas en el colectivo laboral y destacan que las mujeres lo sufren un diez por ciento más que los hombres. Cifras para la reflexión. Todavía hoy el colectivo de mujeres trabajadoras continúa siendo más vulnerable por la especial situación de desigualdad y su evidente discriminación y precariedad en el mundo laboral.
En estas circunstancias es especialmente importante hacer, de nuevo, un llamamiento a todos los trabajadores para reivindicar la unión como elemento esencial contra la violencia laboral. Unión por la dignidad de los trabajadores y trabajadoras, por el respeto y cumplimiento de la Ley y para la protección de todos los que son víctimas de prácticas acosadoras y del silencio cómplice de los compañeros. Es necesario denunciar las situaciones denigrantes, superar la vergüenza ocasionada por el maltrato y hacer visibles socialmente las prácticas acosadoras en el mundo laboral, para que la sociedad reconozca y repudie a los que de una forma u otra forma practican esta nueva forma de violencia contra los trabajadores y trabajadoras, que comporta enormes prejuicios para la salud de las víctimas, para sus familias y para la propia sociedad que tolera estos abusos.
Ante cualquier tipo de violencia, tolerancia cero.
Fuente: http://servicios.lasprovincias.es
Marzo 2005
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