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BLANCA RUIZ DE OLANO, VÍCTIMA DE ACOSO LABORAL

 

«Querían hacerme creer que no existía y han jugado con mi vida»

Tras 12 años de «vejaciones», la fundadora de la asociación vasca de afectados pide que el 'mobbing' se considere delito.

«Presión laboral sostenida en el tiempo que busca la autoeliminación de la persona a través del menoscabo de su dignidad moral». Uno de cada diez trabajadores lleva a cabo su labor en Euskadi bajo las condiciones descritas en esta definición jurídica del acoso laboral o 'mobbing', según la asociación vasca de afectados Aval. Su fundadora, Blanca Ruiz de Olano, denuncia que lleva doce años sufriendo las «vejaciones» de sus superiores en el Departamento de Educación del Gobierno vasco y el «silencio cómplice» de algunos compañeros. Después de más de una década de lucha en los juzgados, y bajo una amenaza de despido «basada en arbitrariedades», está a la espera de que el Tribunal Supremo avale que el cuadro depresivo que padece es equiparable a un accidente laboral. El colectivo va más allá: reclama que la persecución en el trabajo se tipifique como delito.

-¿Cómo empezó su caso?

-En 1993 logré plaza como fisioterapeuta en un centro de orientación pedagógica de Vitoria. No me importaba hacer horas extras atendiendo a niños discapacitados, y profesionalmente estaba valorada. Un día, comenzaron a decirme que se habían equivocado al hacerme el contrato y comenzaron a presionarme.

-¿Se dio cuenta inmediatamente de que era víctima de 'mobbing'?

-Al principio, no era consciente; tan sólo notaba cosas raras en el trato con la dirección. Me daban órdenes contradictorias y cada vez me dejaban estar menos tiempo en el centro. Tuve que presentar una demanda para que se reconociera que era parte de la plantilla.

-¿Cómo era el ambiente en el lugar de trabajo?

-De la noche a la mañana, pusieron a otra persona en mi despacho y le permitieron usar recursos que a mí me negaban. No me dejaban tener ordenador, me quitaron el teléfono, me impedían hacer fotocopias... Han sido muchas vejaciones. Me abrían la correspondencia y me he llegado a quedar encerrada en el centro porque me quitaron las llaves. Una vez encontré mi escritorio en el pasillo con un tiesto encima. Querían hacerme creer que no existía. Han jugado con mi vida y con la de mis seres queridos.

-¿Ningún compañero salió en su defensa?

-No. Asumieron el prejuicio lanzado por los jefes sin contrastarlo, con un silencio cómplice. Eso te provoca una absoluta indefensión y una soledad horrible. Sí hubo unos pocos que me apoyaron, pero sufrieron represalias y aquello se convirtió en un 'sálvese quien pueda'.

Insomnio «espantoso»

-¿Hay alguna explicación a la conducta de sus jefes? ¿Alguna motivación política, sindical, o únicamente manía personal?

-Nada de eso. Consideraban un error haberme hecho un contrato y querían que me fuese.

-¿Qué consecuencias psicológicas padece a raíz del acoso?

-Estoy bajo medicación y sufro un insomnio espantoso. Tengo lagunas en la memoria, como con los primeros síntomas del Alzheimer. Desde el año 2000 he estado cinco veces de baja por estrés laboral. El Tribunal Superior me ha dado la razón en que se trata de un accidente laboral, pero la consejería recurrió la sentencia. Con dinero público, por cierto.

-¿No son eficaces las denuncias ante la autoridad laboral?

-Hay una gran paradoja en la Administración, que es donde se dan más casos de acoso. La Dirección de Trabajo, que es la que emite las actas de accidente laboral, depende funcionalmente del Departamento vasco de Empleo y, por lo tanto, ni los funcionarios ni el personal laboral están bajo su tutela. La Administración no se puede sancionar a sí misma.

-¿Ha intentado resolver el problema contactando con los líderes políticos del departamento?

-En Educación todo el mundo está relacionado y no me habrían hecho caso. Lo que debería hacer el Gobierno vasco es dar buen ejemplo.

-Después de doce años, sigue yendo a diario a su trabajo. ¿Por qué no lo deja?

-Por dignidad, por integridad personal. Y para que los que vengan detrás no sufran lo mismo.

-La asociación que preside reclama que el acoso se considere delito y se castigue.

-Por supuesto. En el 'caso Jokin' han sido condenados varios menores, pero todavía no hay un solo adulto en la cárcel por acoso laboral.

Fuente: www.elcorreodigital.com
Diciembre 2005

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