|
Iñaki Piñuel, investigador y profesor: «Un 36% de los españoles haría examinar a su jefe por un psicólogo»
Texto: Virginia Ródenas, Foto: Sigifredo

Reírnos de nuestra propia desgracia. Por eso en vez de llorar, los españoles se desternillan ante la representación del drama que palpita en «El caso Grönholm» o destilan hilaridad ante el flamante libro de Iñaki Piñuel «Neomanagement. Jefes tóxicos y sus víctimas», donde el psicólogo recoge el espeluznante viacrucis de 2,5 millones de españoles.
El teléfono no para de sonar. Una emisora de radio reclama a Iñaki Piñuel, pionero en España en la investigación del acoso moral en el trabajo, para que opine sobre las razones del diagnóstico de «depresión» con que, según se acaba de saber, han sido despachados cuatro millones de españoles. «Pues, al menos, -me dice- el 50 por ciento de ellos lo es a causa del tóxico ambiente laboral». Negro presagio para una entrevista que pretendía eludir el tono melodramático, animados como estábamos porque Tom Sharpe, cuyo propósito confesado es el de hacer reír a los depresivos, al fin presentaba su último libro. «A mí no me gusta frivolizar con este asunto», advierte Piñuel, mientras dispara su batería de casos tremebundos, de vidas destrozadas, de historias cotidianas de gente como usted y como yo. «Nadie está libre», da la puntilla. Y levantando la vista sobre su cabeza, entre los libros que se alzan a sus espaldas, el título inquietante que acaba por desarmarme: «¿Existe Dios?».
-Se acaba de estrenar «El Método Grönhol», de Jordi Galcerán, sobre la crueldad en las relaciones laborales. El autor ha dicho que nunca pensó que una comedia con este tema hiciera reír tanto. ¿A qué viene esto?
-Vivimos más tiempo con nuestro jefe, que con nuestra pareja o con nuestros hijos. Dedicamos mucho más esfuerzo y carga mental al trabajo que a la familia. La principal causa de separación -una tasa que crece a pasos de gigante-, tiene su origen en circunstancias laborales tóxicas que hacen que los trabajadores, al llegar a casa, estén exhaustos. Porque «lo laboral» no son las páginas salmón de los periódicos, sino la verdadera vida de las personas, aunque sólo sea por el tiempo que se le dedica. Entonces, hallamos la forma de trivializar algo que forma parte de un panorama bastante generalizado en las empresas, eso de lo que los trabajadores hablan en secreto, con su familia y que cuando lo ven reflejado en una obra les hace reír porque es una liberación emocional ver trasladada afuera la violencia profunda, íntima, fruto de jefes y organizaciones tóxicas, vivida en soledad. Decía René Girard que «cada uno se cree solo en el infierno» y yo le digo que eso es el infierno.
-¿Cuántos son y dónde están los tóxicos?
-En España un 15 por ciento de la población activa ocupada, según el Barómetro Cisneros II, está afectada en los últimos seis meses por una situación de acoso moral en el trabajo. La mayoría son mujeres, porque esa condición aumenta en 8 puntos la posibilidad de sufrir «mobbing». El porcentaje equivale a casi 2,5 millones de trabajadores, una epidemia. Y aunque no sabemos cuántos son los jefes tóxicos en España, sí conocemos la forma de dirigir que tienen los mandos porque no son cargos profesionalizados, sino directivos que se encuentran con un nombramiento con el que de repente han sido promocionados y para el que no están capacitados. De ahí que reaccionen de forma defensiva y dirijan protegiéndose de sus subordinados, manteniéndoles a raya, y neutralizando al que es brillante y tiene posibilidades. Otras veces el estilo es el no dirigir, la pasividad, dejando que los asuntos se pudran con el «ya veremos».
-Parece hablar de una cuadrilla de trastornados.
-Fíjese: Un 50 por ciento de los subordinados, esto es la mitad de las plantillas, estiman que su jefe directo no está capacitado para dirigir personas, y un 36 por ciento harían examinar a su jefe por un psicólogo porque tienen dudas de su salud mental. Ser líder no viene con el nombramiento, sino con el reconocimiento de los subordinados. Por eso los líderes de verdad, rara avis, son de los mejor pagados.
-Habla del «psicópata organizacional». ¿Y eso qué es?
-Es un ser encantador, majísimo, te cae bien, quieres ser su amigo, experto en la seducción humana, con una imagen pública excelente, y que carece de normas éticas y morales. Su relación con los subordinados se basa en comprar o eliminar. Es un magnífico manipulador y perfecto mentiroso. Tiene un estilo de vida parasitario porque vive del trabajo de los demás, y llega muy lejos en las organizaciones, ampliando su toxicidad. Llegan a infringir la ley y algunos acaban en prisión; pero la mayoría campa por sus respetos. La dirección, la función pública y la política son focos de atracción de psicópatas.
-Pero a esos que llama «neomanagers» se les ha dicho años ha hijos de...
-Es como lo de «toda la vida aprendiendo a decir "pilícu- la" y ahora se dice «flim». Siempre ha habido maltratadores y ahora les ponemos nombre; al acoso laboral de siempre le decimos «mobbing» y claro que siempre ha habido jefes tóxicos por los que muchos trabajadores sienten al llegar a su empresa que cuelgan junto a su abrigo sus derechos fundamentales.
-¿Cómo podemos salvarnos de sus dentelladas?
-Haciendo frente. Aquí escucho por sus bocas cosas como «no se puede hacer de otra manera». ¿Que no se puede dirigir nada más que dando con el látigo a la gente? Soy profesor de Liderazgo y de Organización de Recursos Humanos en la Universidad de Alcalá y llevamos décadas insistiendo en el hecho constatado de que un entorno laboral rentable, productivo y eficaz es aquel en el que la gestión es positiva, donde la comunicación fluye, donde las personas no tienen miedo y los trabajadores se sienten libres de aportar valor añadido a su trabajo. Para empezar, cuando hay directivos tóxicos es la empresa la que debe removerlos, y de eso las empresas no son del todo conscientes, pero son ellas las primeras que deberían entender que, amén de una destrucción de personas, la jefatura tóxica es antieconómica. Dentro de las empresas hay servicios de riesgos laborales, que tienen la obligación legal de identificar, evaluar y el «management» tóxico es un riesgo. Luego, desde el punto de vista personal, ante el jefe tóxico hay que generar una tolerancia cero: cuando le pasas la primera, vienen muchas detrás. Y por último, formar porque hay directivos convencidos del «arte de liderar» como si fuera el tronío de las folclóricas y eso es una gran mentira.
-Y si ya estamos entre sus fauces, diga una receta para aplacar el sufrimiento.
-Las víctimas de jefes tóxicos entran en una fase de culpabilización y creen que merecen el maltrato que reciben, y se paralizan. Y no hacer nada es lo peor. Hay que actuar.
-Un partido político también es una organización. ¿Ha detectado algún líder tóxico en los españoles?
-Muchos, lo que pasa es que esa pregunta es muy delicada para el analista. Recuerdo los problemas de sucesión que han tenido algunos, los de los que seleccionan sistemáticamente como subordinados a personas que no les puedan hacer sombra, que no les lleven la contraria... Se prefiere gente sumisa, que no sea problemática y que no pueda afectar a la posición de dominio del líder, y esto explica las unanimidades del 98 y del 99 por ciento con que se adoptan las decisiones de los congresos de todos los partidos, algo que es irreal y que a la larga tiene efectos perniciosos.
-¿De quién huiría antes: de un jefe o una jefa tóxicos?
-De los dos. Lo único que los hace diferentes es la forma de dirigir: ellas van más por detrás y ellos son más directos en el maltrato. Ambos suelen tener cadáveres en su armario: hay muchos directivos tóxicos en serie.
-¿Hay un retrato robot de la víctima?
-¿Hay trabajos más proclives a esa toxicidad?
-Todos aquellos en donde la función directiva no ha sido objeto de una capacitación o profesionalización como la Administración pública, que es donde encontramos más casos de «mobbing»; también están las organizaciones cerradas, como hospitales, el Ejército, la Universidad... Y las organizaciones caóticas, como los medios de comunicación, donde el estrés de la noticia, y el todo para antes de ayer, genera directivos muy inseguros, que además de angustiarse por la naturaleza del trabajo sienten la amenaza de profesionales brillantes, de situaciones que no logran dominar. La toxicidad es fabulosa.
-Dejémonos de lamentos y vayamos a la prevención.
-Antes de entrar en una unidad de trabajo habría que pedir antecedentes «penales» porque esto se sabe. La organización empresarial es la que debe prevenir. Y si hay una estrategia de prevención por excelencia es que las personas entiendan que la vida laboral no lo es todo; es más, la salud mental en el siglo XXI empieza por convencerse de que una persona no es lo que sea en su trabajo. Directivos sentados en la silla en que está usted me han dicho: «Si me echaran no sobreviviría». Se identifican tanto con sus profesiones y cargos que no son nadie. Es una locura confundir el puesto con la persona.
-Usted ha formado a muchos jefes, ¿ninguno se le fue de la mano?
-Una cosa son los que tienen arreglo y otros los psicópatas organizacionales, que no lo tienen. Robert Hare, la mayor autoridad mundial en psicópatas, advierte en una comunicación a los colegios de psicólogos norteamericanos que no se haga terapia con ellos ¡porque aprenden! Él aconseja: «Si descubre que su jefe es un psicópata, que él no descubra que usted lo ha descubierto».
-¿Al final del curso dice a sus alumnos «sed buenos»?
-(Se ríe). Les digo «esta es vuestra última esperanza porque no tendréis una segunda oportunidad para aprender a dirigir personas». Explico que hay leyes que rigen la comunicación, modos de gestionar y destruir equipos, que dar órdenes es fundamental, pero que a eso se aprende; que deben anticiparse al conflicto. Mandar no es una ciencia genética sino tecnología pura.
-Como verá el tono de las preguntas no ha querido ser trágico. ¿Mejor así o vamos colgando las sogas?
-No. La risa es un buen antídoto para todo, pero no si es para trivializar. ¿Verdad que nadie se ríe del maltrato doméstico? Es algo con lo que no se puede bromear o restarle importancia con un ¿y quién no ha tenido un mal jefe? Porque sufrir un jefe tóxico es una cosa muy seria: para algunos es la causa de su muerte.
Retrato de un jefe tóxico
-¿Cómo se detecta al jefe realmente pernicioso y no fruto de nuestra sugestión?
-Esta mala conciencia de «me lo estaré imaginando yo» está creada por el fenómeno de disociación. La persona que sufre jefes tóxicos se plantea si está alienada y tiene una alteración de la percepción porque si no cómo es posible que lea en las memorias corporativas parrafadas acerca de la motivación, la comunicación, los programas de responsabilidad corporativa social, el liderazgo, y él padezca otra realidad. ¿Cómo saber entonces quién es un jefe tóxico? Son personalidades a la defensiva, mantienen una «moral» teleológica, es decir, el fin justifica los medios; los recursos humanos sobre todo son recursos, es decir, instrumentos, y lo de humanos es sólo un adjetivo ya que si son recursos se pueden llevar, traer, asimilar, manipular, reducir y hasta eliminar sin problema. Hablo de sujetos de una moral maquiavélica, una antimoral en el sentido kantiano. Son seres egoístas, la gestión de personas la dirigen a su éxito personal y no al de la empresa; mandan generando el conflicto por aquello del divide y vencerás, son expertos en distorsionar y manipular. No pocos, incluso tienen un grave trastorno de la personalidad, y los hay narcisistas, con autoestima disminuida; psicópatas que llegan muy lejos, o paranoides, que creen que hay conspiraciones contra sus cargos, y desatan ataques preventivos contra el que sea.
Fuente: http://www.abc.es/
Octubre 2004
|