A Julio Pedreira le encargaban trabajos vejatorios, a Ana María Jiménez su jefe le llamaba burra, a cinco funcionarios de Justicia el magistrado los insultaba... Esto soportan los acosados
(Alberto Mahía | a coruña)
Julio Pedreira cobra religiosamente su sueldo pero no hace absolutamente nada. Llega a su puesto de ¿trabajo? a las ocho de la mañana, se cruza de brazos y se va a las tres de la tarde. No le dan ocupación alguna. Y así lleva muchos años. Julio Pedreira fue de los primeros gallegos en denunciar a sus jefes por acoso moral, ganó una docena de juicios, su caso llegó al Tribunal Supremo y desde entonces ya no lo insultan ni le dan ocupaciones vejatorias, pero lo mantienen apartado, sin trabajo.
Este arquitecto técnico del Ayuntamiento de Cerceda denuncia que su situación es «incomprensible», toda vez que las autoridades municipales «acuden a una empresa privada para que ésta realice el trabajo que tendría que hacer yo». «Hasta ahí llegan», puntualiza.
Julio Pedreira recuerda los primeros años como «un infierno». Cree que todo se produjo ante su negativa a «no querer participar en la corrupción, a negarme a firmar obras que todavía no estaban hechas...». Él se reconoce fuerte. Tal vez por ello, sus superiores la tomaban con sus compañeros. «Llegaron a echar a algunos sólo porque hablaban conmigo», asegura.
Julio Pedreira dice, y así se recoge en las sentencias que ganó y que llegaron a condenar a dos alcaldes a penas de seis meses de cárcel, que los insultos eran diarios y que solían enviarlo a lugares «vejatorios», como pasar horas en una depuradora o bajo la grada de un polideportivo.
Insultos
Otra mujer que fue de las primeras en Galicia en sentar a su jefe en el banquillo de los acusados es la ferrolana Ana María Jiménez Cachaza. Ganó un juicio por acoso moral tras considerar probado el juez que su jefe la perseguía con insultos, tales como «mamona, gilipollas, burra, o sindicalista de mierda».
Esta mujer dice que todo comenzó cuando el hijo de su jefe se hizo cargo de la empresa, un almacén de distribución en el barrio ferrolano de O Inferniño. Todos los empleados le remitieron una carga al antiguo patrón quejándose de la actitud de su hijo, éste la culpó de ser ella la instigadora y a partir de ahí comenzó el acoso.
Otro caso que se dio en Galicia es el de los cinco funcionarios del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 1 de A Coruña, que acusaron al titular de acoso moral. Muchos de ellos estuvieron de baja por depresión. Denunciaron ser víctimas de insultos y trato vejatorio. El Consejo General del Poder Judicial actuó y condenó al magistrado a una multa.