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El Refugio de Esjo

Mobbing
Acoso psicológico

 
 


En memoria de Joaquín Aos
José Luis Úriz Iglesias

 

Reconozco que la primera vez que leí este término pensé que se refería o bien a una película norteamericana, o algún nuevo término anglosajón para definir algo que dicho en castellano se entendería perfectamente.

Posteriormente descubrí que era más propio de la segunda tesis, ya que su traducción era ‘‘acoso o violencia psicológica en el trabajo’’ que como verán los lectores es perfectamente entendible.

En los últimos meses quién no ha oído hablar sobre este fenómeno laboral-social, se realizan jornadas, congresos, se escriben artículos y se abren debates sobre una situación que sufren cientos, miles de trabajadores en el mundo, y en nuestro país, originando en ellos y ellas problemas que por su gravedad pueden llegar hasta el suicidio.

La primera vez que se utilizó el término ‘‘Mobbing’’ para definir un estado de ataque o agresión psicológico en el trabajo, fue por parte del psicólogo sueco Heinz Leyman, y lo definió como el hostigamiento que se presenta hacia algunos trabajadores en muchas empresas, o bien por parte de sus propios compañeros, o lo que es más habitual y también con un grado de gravedad mayor, por parte de sus superiores.

Este hostigamiento suele tener varias fases, y se presenta de forma diversa, pero siempre conduce a una situación de ‘‘acoso y derribo’’ del trabajador, aislando a la víctima del ambiente laboral, penalizándole profesionalmente, y conduciéndole poco a poco a un decaimiento del funcionamiento de su trabajo, que le puede llevar a un abandono voluntario del mismo, o incluso al despido.

Las consecuencias de todo esto en lo fisiológico y psicológico pueden ser crisis emocionales que le pueden conducir a una depresión, y producir efectos psicosomáticos de tal gravedad como para llevarlo a la muerte o al suicidio.

Por tanto nos enfrentamos a un fenómeno que desgraciadamente empieza a ser habitual en la nueva organización del trabajo, con efectos perversos, y que no siempre tiene la respuesta adecuada ni por parte de los organismos competentes, ni tampoco por los sindicatos que hablan mucho del mismo pero se ven incapaces de dar soluciones eficaces para su erradicación.

Un fenómeno que está produciendo situaciones dramáticas a miles de trabajadores y trabajadoras. Éstas eran las breves reflexiones que me hacía sobre el ‘‘Mobbing", hasta que por ironías de la vida hace tres meses empecé a sufrirlo en mis propias carnes. No hay como vivir en vivo y en directo una situación de estas características para entender que todo lo que uno lee sobre ello se queda pequeño, se queda miniaturizado por la realidad.

Aunque mi caso tiene otras connotaciones añadidas, especialmente de tipo político, porque las casualidades en la vida no suelen ser tan evidentes.

No parece lógico que una situación como la que voy a relatar se produzca ‘‘casualmente’’ después de muchos años sin ningún problema, y coincidiendo con una crisis en la relación entre el poder casi absoluto que UPN tiene en nuestra comunidad autónoma, y mi partido, el PSN, que ha tomado el camino, que siempre he defendido, de la confrontación y el contraste con ese poder.

Puede ser que mi situación dé lugar a un nuevo tipo de ‘‘Mobbing’’ que además de componentes laborales y sindicales, tuviera también los políticos, aunque sobre esto ya haré mi análisis en próximos días y por otro método diferente al artículo.

Todo vino como consecuencia de mi tajante oposición a una operación mediante la cual el Gobierno de Navarra, que poseía el 100 % de las acciones de la empresa en la que trabajo, ONENA, fue trasvasando las mismas de forma en mi opinión extremadamente perjudicial para los intereses de Navarra y de los propios trabajadores, a un extraño empresario, Iñaki Mendizabal.

Este proceso culminó en junio del pasado año 2001 con la privatización cuando menos ‘‘atípica’’ de ONENA.

Las diversas conversaciones con la consejera Nuria Iturriagagoitia advirtiéndola de que esa operación significaba la pérdida de muchos millones de fondos públicos, y la indefensión de la plantilla dadas las características del nuevo empresario, lo único que consiguió fue la filtración de mi posición con las negativas consecuencias posteriores.

Pérdida paulatina (en el mejor estilo de ‘‘gota china’’) del trabajo que desarrollaba, hasta la situación actual en la que estoy nueve horas sin nada que hacer, eliminación de mis instrumentos de trabajo, problemas tan ilógicos como la prohibición de ¡entrar en la fábrica antes de la hora oficial de entrada!, y además de otras cosas ‘‘menores’’ lo que más polémica puede crear por el debate que abre, las dificultades para las salidas que realizo para desarrollar mi trabajo parlamentario, que nunca antes (he estado casi seis años compatibilizando ambas actividades), se habían manifestado, y que originan en el mes de noviembre un descuento en mi nómina, abusivo, ilegal, e irracional.

Lo de ilegal admitido por la Inspección de Trabajo a la que acudo lógicamente a denunciar el tema, al igual que declara ilegal el dejarme sin actividad profesional alguna.

Las dificultades creadas para el desarrollo de mi actividad parlamentaria, además de la duda abierta de por qué precisamente ahora que se produce una confrontación abierta UPN-PSN en la que me siento totalmente cómodo, rompe con una teoría que siempre he defendido: que era bueno poder hacer compatible un trabajo con la actividad parlamentaria.

Que el levantarte a las siete de la mañana, el estar en contacto con tus compañeros, y el desarrollar una actividad diferente a la política, era no sólo higiénico desde el punto de vista psicológico, sino que también te suponía un mayor contacto con la sociedad y su problemática.

Esta nueva situación obliga desgraciadamente a replantearse la cuestión, y puede dar la razón lamentablemente a los que defienden la profesionalización total de la política.

Demasiados temas, demasiados e interesantes debates para tan poco espacio.

He expuesto mi situación muy sintetizada ante los lectores porque creo que mi situación aunque afecta a la privacidad, en este caso mía, tiene un profundo calado social y político.

Sé que hay muchos trabajadores en mi misma situación, y les animo desde aquí a luchar con todos los medios a su alcance para parar esta lacra llamada ‘‘Mobbing’’.

Les animo a denunciarlo públicamente con nombres y apellidos.

A los sindicatos, a los partidos políticos, a tomar conciencia del problema, y aportar soluciones.

A la sociedad, a los compañeros, a apoyar a quienes lo sufren.

A los empresarios a aislar a quienes les desprestigian con estas vilezas.

Sólo entre todos podremos acabar con una práctica que destroza vidas humanas.

Hace unos días, un compañero que sufría un caso parecido al mío falleció como consecuencia de un proceso fulminante. ¿Cuánto de su muerte se debió al ‘‘Mobbing’’?.

Tengo mi respuesta, pero no quisiera llegar a los tribunales como acusado, prefiero llegar como acusador. También tengo claro que hay muchas formas de matar a una persona, aunque hasta ahora algunas todavía no sean delito, y por tanto no puedan ser juzgadas y condenadas.

El propio Leyman decía: «En las sociedades altamente industrializadas el lugar de trabajo es el único campo de batalla que queda, donde la gente puede matar a otro sin correr el riesgo de enfrentarse a los tribunales».

¿Debemos caminar por tanto hacia considerar el ‘‘Mobbing’’ como un delito susceptible de ser denunciado y juzgado por la vía penal?

A la vista de las consecuencias indudablemente la respuesta debe ser: sí.

José Luis Úriz Iglesias es parlamentario del PSN en el Parlamento de Navarra

http://www.deia.es/

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