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Autora de un estudio sobre la violencia en las aulas, sostiene que se trata de un fenómeno cada vez más extendido.
Tres años de investigación han dado como fruto el libro 'Guerra en la escuela', un estudio sobre la violencia en las aulas de Nora Ethel Rodríguez. El trabajo arroja, entre otros, el escalofriante dato de que el 48% de los escolares españoles ha tenido relación con situaciones de acoso, un fenómeno cada vez más extendido.
-Dice que cada día hay más acoso en las aulas. ¿No se trata de un fenómeno que ha existido siempre?
- Sí, pero no. Antes, un conflicto se solucionaba con una pelea en una esquina. Ahora es diferente porque los chicos tienen menos valores. Cada vez existe menos conciencia de la violencia, menos tolerancia ante la frustración y menos capacidad de esfuerzo.
-¿Dónde está el límite entre las peleas y riñas propias del ámbito escolar y el acoso?
-No hablamos de peleas esporádicas ni de meterse con un chico porque caiga peor que los demás. Para hablar de acoso tiene que darse una situación de violencia sistemática y permanente en la que un alumno se ensaña con otro con el fin de imponerse.
-En su obra dice que existe el acoso en niños de cuatro años. ¿Es posible el ensañamiento a esa edad?
-La explosión de las actitudes violentas se da entre los 11 y los 15 años por las características del niño en esa etapa, cuando se despega de su familia y vive más en grupo. Pero un niño de cuatro años entiende perfectamente lo que es dañar a otro y lo que le puede suceder al otro con su actitud violenta.
-No es cuestión de edad, ¿tampoco de género?
-No, la mayor parte de las veces es mixto, sobre todo porque ahora en las escuelas hay chicos y chicas mezclados. Cuando sólo se da entre chicos es más físico, para hacer valer el poder a través de la fuerza: golpes, patadas... Entre chicas, el acoso se hace a través de rumores sobre la moralidad de otra chica, o con comentarios despectivos sobre su aspecto físico.
-¿Hay un prototipo de niño acosador?
-Pueden convertirse en acosadores los chicos que no tienen límites en casa o los que reciben una educación demasiado estricta; también los que viven situaciones de violencia en sus hogares. Además, los niños que acosan suelen tener una baja autoestima y, como no son líderes naturales, necesitan imponerse mediante la violencia para controlar a los demás.
-Para su estudio ha hablado con muchos padres. ¿Qué cree que es más duro, ser padre de una víctima o de un maltratador?
- Ser padre de víctima. Los padres de acosadores no asumen que su hijo pueda sufrir un problema y tiran balones fuera, justifican la actitud de su hijo argumentando que también lo hacen otros.
-¿Piensa entonces que la responsabilidad de este fenómeno puede achacarse a los padres?
-Los padres y los profesores tienen toda la responsabilidad. Aunque la sociedad actual tiene también mucho que ver. Es violenta, hiperconsumista, no valora el esfuerzo para conseguir objetivos.
-¿Es la educación el remedio a esta 'enfermedad' de la sociedad?
-Por supuesto. Hay que desterrar los modelos que enseñan a solucionar los problemas mediante la violencia ('si te pegan, pégales tú', etcétera...). Nadie nace violento y los niños acosadores aprendieron esta conducta en algún momento de su vida o entendieron que era la manera de defenderse ante el mundo. Hay que educar también al grupo donde hay una situación de acoso porque, aunque aparentemente no hace nada, es quien con su silencio da el poder al acosador.
-Estas medidas son preventivas, pero cuando ya existen víctimas, ¿qué hacer para terminar con su sufrimiento?
-Es muy importante que expresen lo que les pasa, que puedan contarlo a alguien. Por eso sería bueno que en cada colegio existiera la figura de un mediador, para que los niños pudieran contar sus preocupaciones. Si no, debería existir un teléfono o una página web donde se les pueda atender y en la que, se les asegure su anonimato.
El Correo Digital
24 de diciembre de 2004
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