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LA VIOLENCIA EN LOS CENTROS ESCOLARES
No es un fenómeno nuevo en nuestros centros
educativos, ni es la primera vez que ANPE
se ha ocupado de este problema, siempre
que lo hemos abordado lo hemos hecho con prudencia
y sentido de la responsabilidad. En algunas
ocasiones se nos ha tildado de “alarmistas y exagerados”,
pero al margen de valoraciones subjetivas
está la realidad de los hechos. Las páginas de los periódicos
con demasiada frecuencia nos llaman la
atención de los hechos más graves de esta realidad.
Hace pocos días que un alumno se ha quitado la vida
en Guipúzcoa, porque no ha podido soportar las
agresiones de sus compañeros.
Nuestro Sindicato realizó el curso pasado una encuesta
sobre este asunto en Madrid y en Andalucía y
el resultado nos debe llevar a una valoración real de
la situación: El 85 % de los profesores encuestados
responden que hay situaciones de violencia en los
centros educativos.
El profesorado encuestado ha respondido que los
episodios de violencia se manifiestan sobre todo a
través de:
Agresiones verbales: 40,6%
Agresiones psicológicas: 31,2%
Agresiones Físicas: 21,7%
Otras: 6,5%
En referencia a las causas de la conflictividad se contemplan
estas:
Actitud de las familias: 23,9%
Desprotección del Docente: 20,2%
Crisis de Valores: 19,7%
Influencia de los medios de comunicación: 19,7%
Características de los alumnos: 13,1%
Errores del Sistema Educativo o del profesorado: 9,4%
Otros: 1,4%.
Al margen de estos datos que son reveladores de la
situación, hay uno que es consecuencia de ellos y
que es muy preocupante: un 63 % del profesorado
responde que encuentra dificultades para impartir clases con normalidad, y un 23,4 % manifiesta que las
encuentra “constantemente”.
Ante esta situación, a la que no procede añadir más
detalles, pero que sabemos que está ahí con su cruda
realidad, no podemos ni debemos, nadie que tenga
responsabilidades en el Sistema Educativo, quedarnos
cruzados de brazos esperando que un nuevo estudio
nos diga que las cosas han empeorado.
Debemos cerrar filas todos los implicados en la tarea
educativa: Administraciones educativas, partidos
políticos, sindicatos docentes, profesores, padres,
responsables de los medios de comunicación, y también
los alumnos y buscar soluciones que debe haberlas,
que las hay, y ponerlas en práctica, a fin de
mejorar el nivel de convivencia en los centros docentes
que permita un ambiente académico propicio
para la mejor formación de los alumnos y el trabajo
de los profesores.
ANPE hace una propuesta de SOLUCIONES, que,
llevadas a la práctica, podrían ayudar a resolver la situación
en nuestros centros educativos.
SOLUCIONES AL PROBLEMA
DE LA CONFLICTIVIDAD ESCOLAR
Desde la perspectiva de los profesores
Unión de todo el profesorado, sin fisuras, desde
Educación Infantil a Secundaria, en este tema. Realizar mentalización general.
Confección de Reglamentos de Régimen Interno,
operativos, prácticos, sencillos de difundir, consensuados
entre toda la Comunidad Educativa.
Revisión de los mismos en el comienzo de cada
curso e incluirlos en la P.G.A. (Programación
General de Aula).
Realizar labores de prevención con informaciones
concretas sobre los historiales y expedientes de
alumnos conflictivos en casos de traslado a otro
centro.
Elaboración del Estatuto del Profesorado donde se
recojan derechos y deberes y se dignifique la labor
del profesor.
Elaborar, en los centros, planes de prevención sobre
conflictividad y violencia escolar.
Creación del Comité de Conflictos, de intervención
rápida, compuesto por el Jefe de Estudios y dos
profesores.
Implicación de todo el Claustro en caso de conflictos.
Reforzar la autoridad en los centros siguiendo la escala:
Profesor de aula - Jefe de Estudios - Director.
Descenso de la ratio del aula, para evitar la excesiva
heterogeneidad.
Inclusión en la Programación General de Aula de
campañas antiviolencia.
Cursos de formación en horarios lectivos:
a) Autoestima y confianza.
b) Alumnos conflictivos. Prevención y
tratamiento.
c) Trabajo cooperativo.
Desde la perspectiva de los Alumnos
• Potenciar e intensificar la Educación en Valores.
• Inclusión en el Currículo del Plan de Acción Tutorial
para trabajarlo en el aula.
• Revisión del Decreto de Derechos y Deberes de los
Alumnos, buscando un equilibrio. Delimitación de
alumnos conflictivos o violentos tanto verbal como
física.
• Orientación personal de cada alumno en un ambiente
de confianza, sinceridad y libertad responsable.
• Realizar Campañas Antiviolencia en todo el centro.
• Atención personal al alumno que padece las situaciones
violentas.
• Motivación de los alumnos conflictivos.
• Aumento de la autoestima de los alumnos conflictivos
mediante personal especializado (psicólogos,
asistentes sociales, etc.).
• Aplicar medidas correctoras inmediatas ante cualquier
actitud agresiva o violenta.
• Desarrollo sistemático de un programa de educación
moral.
• Legislar una educación diversificada para alumnos
carentes de motivación, y alumnos conflictivos, con
posibles pautas como las siguientes:
a) Valorar el trabajo y los progresivos avances de
los alumnos.
b) Revisar la promoción actual y automática.
c) Elaborar un currículo diferente para alumnos
conflictivos con más asignaturas prácticas, con
la ratio disminuida, flexibilidad grupo -
alumno, etc.
Desde la perspectiva de los padres
• Realizar campañas de no-violencia.
• Cursos de formación para padres sobre hijos agresivos
• Talleres de Educación en Valores.
• Cooperación activa y conjunta de padres y profesores
en casos de agresividad.
• Organizar, a través de las AMPAs, jornadas antiviolencia.
• Formular propuestas para la dignificación del profesor.
• Colaboración entre colegio y familias para solucionar
problemas.
• Campañas para potenciar la importancia de la familia
en la educación de los hijos y en la prevención
de la violencia.
• Orientadores familiares para hogares desestructurados.
• Potenciar la influencia en el desarrollo de los valores
en el ambiente familiar. Recuperar el "respeto"
y la consideración hacia los otros.
• Propiciar la creación, dentro de la comunidad educativa,
del voluntariado de padres / madres para
apoyar a aquellos alumnos “huérfanos” dentro del
ambiente familiar.
• Penalizar a padres que manifiesten conductas violentas
dentro del centro.
• Actuaciones de Servicios Sociales
Desde la perspectiva de la Administración
• Creación de Comisiones Disciplinarias operativas.
• Impulsar cambios legales que contemplen:
- Más funciones de poder al Claustro de
Profesores.
- Asignación de horario dedicado exclusivamente
a funciones de tutoría en todos los niveles
educativos.
- Dotación de departamentos de orientación a
todos los centros.
- Dotar de profesorado de apoyo.
- Dotar de mayor poder y autoridad a los directores.
- Crear asesores para la Educación sobre la conflictividad.
- Distribución de los alumnos conflictivos a través
de una comisión de escolarización.
- Facilitar apoyo psicológico, legal y administrativo
a profesores y alumnos agredidos.
- Reformar el Código Penal para las agresiones
de alumnos y de sus padres.
- Inspectores especialistas en conflictividad escolar.
- Tramitar todas las agresiones físicas y verbales a
través de la Inspección.
- Campañas de mentalización social sobre:
• La dignificación del profesorado,
•La autoridad del profesorado.
Desde la perspectiva de los Medios de
Comunicación
• Campañas de sensibilización antiviolencia a través
de Prensa, Radio, Televisión.
• Reformar la legislación sobre programación televisiva
y juguetes educativos. Establecer medidas,
consensuadas, entre todos los agentes sociales,
para frenar la violencia social.
SOSBULLYING:
UN TELÉFONO PARA TODO EL ESTADO
SOSBULLYING es una iniciativa que hemos llevado a
cabo en ANPE-Barcelona en colaboración con la pedagoga
y escritora Nora Rodríguez, autora del libro
“Guerra en las Aulas.
Hemos puesto un teléfono para todo el Estado
Español a disposición de las victimas de bullying, de
sus familiares y de cuantas personas estén cerca de
los niños y adolescentes que necesiten apoyo y
orientación ante este tipo de acoso. Este teléfono es
el 615 944 702 y funciona 24 horas al día.
También se puede contactar con ANPE-Barcelona a
través del correo electrónico:
sosbullying@hotmail.com, o bien recibir información
en nuestra página Web: www.anpebcn.com, donde
se puede acceder a los contenidos de SOSBULLYING.
En una semana, a través del teléfono y e-mail hemos
recibido más de trescientas consultas que son atendidas
por psicólogos y pedagogos especialistas, que
asesoran y orientan a las personas en función del
caso que nos plantean.
La mayor parte de llamadas son de padres de niños
que sufren el acoso en centros docentes (84 %), seguido
de niños que no se atreven a comentar su situación
a sus padres o educadores (12 %), docentes y servicios de atención a menores (3 %) y otros, como
personas que comentan que lo sufrieron en su infancia
o que desean opinar sobre el tema (1 %).
De otro lado, hemos organizado un curso de 15 horas
que empezará en Barcelona el próximo día 24 de
noviembre, dirigido a personal docente y que será
impartido por la propia Nora Rodríguez. Con este
curso pretendemos dotar a los docentes de unas mínimas
herramientas para prevenir, detectar e intervenir
en casos de bullying.
A este curso de iniciación le seguirá otro más extenso,
que se llevará a cabo en los centros docentes
que lo soliciten, y que se desarrollará como un asesoramiento
en los mismos.
Ambos cursos se caracterizarán por su carácter eminentemente
práctico.
El bullying no es un fenómeno nuevo en nuestros
centros, pero en estos momentos no se habla de otra
cosa tras la trágica muerte de Jokim C. ante la importante
difusión que los medios de comunicación
han dado a esta noticia.
En nuestras aulas está sucediendo algo grave y hemos
de actuar para poner fin a este tipo de situaciones.
¿Que es el bullying?
La palabra bullying la hemos tomado prestada del inglés
y deriva del vocablo bull, toro, y nos referimos
con ella al acoso entre iguales en adolescentes y niños.
Se trata de un acoso sistemático que se produce
reiteradamente en el tiempo por parte de uno o varios acosadores, a una o varias víctimas. Los centros
escolares son pues lugares propicios para ello y suele
pasar desapercibido por parte del profesorado por
tener lugar preferentemente en lo que denominamos
puntos calientes, es decir, en patios, servicios, vestuarios
de educación física, comedores, a la salida del
centro o en el transporte escolar, si bien pueden continuar
el acoso en presencia del profesor en el aula
de forma subterfugia, sin que este se aperciba de
ello. Basta una mirada o un escrito para que el acosador
intimide al acosado.
Los motivos del bullying hay que buscarlos más en el
acosador que en el acosado, aunque las victimas más
propicias suelen ser aquellas que presenten algún
rasgo característico que las haga aparecer como “diferentes”
ante los ojos de los acosadores. Los bulls
suelen ser personas con ciertos complejos e inseguridades
y carentes de habilidades sociales para interactuar
en las relaciones grupales. En cambio, si son
hábiles usando la violencia física o psicológica y creando
unas relaciones de dominación-sumisión.
Con el paso del tiempo las víctimas se ven sometidas,
anulada su personalidad y con poca o nula capacidad
de reacción ante las vejaciones que van sufriendo.
De este modo va cambiando su carácter,
pierden la ilusión, se van volviendo más y más introvertidas,
hasta poder quedar anuladas por completo.
Algunas veces las victimas aceptan su condición para
ser admitidas en el grupo, es decir aceptan ser las
personas vejadas del grupo con tal que el grupo les
permita formar parte de él.
Todo este proceso puede conducir a diferentes situaciones.
Unos pueden reaccionar de forma violenta
contra sus agresores, o ante otros, y convertirse ellos
mismos en bulls, somatizar el daño recibido y desarrollar
enfermedades o adoptar conductas autolesivas
que llevadas al extremo pueden derivar en el suicidio.
El terrible sufrimiento con el que viven estas personas
puede pasar desapercibido por parte de los adultos,
tanto padres como docentes y otros que están
en contacto con los jóvenes y en muchos casos se califican
los hechos como chiquilladas sin importancia.
Hemos de estar alerta ante lo que les pasa a los niños,
observar los cambios de conducta que tienen, si
se cierran en si mismos, si no quieren salir o se pasan
demasiado tiempo solos, conectados a Internet o jugando
con los videojuegos.
Es importante saber cómo se llevan con sus amigos y compañeros y, sobre todo, cuando nos cuentan algo,
saber ponernos en su lugar para darle la importancia
que ellos le dan a lo que les sucede. Tenemos que saber
que las personas que sufren esta grave situación
llegan a tener su autoestima tan baja que se avergüenzan
de sí mismos, de tal modo que son incapaces
incluso de admitirla.
El bullying puede darse entre niños y jóvenes de
cualquier edad. Se dan casos en párvulos, pero suele
ser mucho más grave en la adolescencia. Muchas de
las situaciones de bullyng se dan a edades tempranas
de modo más solapado y estallan de forma mucho
más evidente llegada la pubertad, produciéndose
entonces las situaciones más graves.
Se trata de un fenómeno que afecta a todas las clases
sociales y se da por igual en niños y niñas, si bien,
en las niñas se percibe más una violencia psicológica
y en los niños predomina la física.
¿Cómo detectar el bullying?
Es extraordinariamente importante poder detectar
los casos de bullying entre nuestros alumnos e hijos.
Pero, ¿Cómo? La respuesta no es fácil puesto que,
como hemos dicho anteriormente, los agresores procuran
no ser vistos en acción y tratan de actuar en lugares
donde pueden hacerlo con mayor impunidad.
El silencio de las victimas por vergüenza y por miedo
a las represalias son sus aliados. En los centros docentes
se hace necesaria una estricta vigilancia de estos
lugares por personal cualificado para hacer imposible
estas situaciones.
Por otro lado, hemos de mantener una estricta observación
de las relaciones que se dan entre los alumnos,
tanto en el aula como fuera de ella. La presencia
de los llamados lideres negativos debe ser detectada
y tratar de desarrollar las acciones pertinentes para limitar
al máximo su capacidad de acción. También, es
importante que no sólo nos fijemos en aquellos
alumnos más “ruidosos”. A veces detrás de un
alumno silencioso y con una conducta ejemplar se
encuentra una víctima que sufre.
Es mejor prevenir que curar. En estos casos una prevención
a edades tempranas es vital para evitar que
se acabe produciendo situaciones de acoso entre jóvenes.
La escuela no sólo debe ocuparse de los contenidos
académicos, sino que debe trabajar las actitudes,
procedimientos, normas y valores. Así educando
en la cooperación, la tolerancia, la solidaridad,
la resolución pacífica de conflictos, el respeto a las
normas para la convivencia, etc. y siendo capaces de que los niños sepan situarse en la posición de los demás,
es decir, que sepan percibir cómo sienten los
otros que les rodean, conseguiremos formar a los futuros
adultos del mañana para que sepan vivir en paz
con sus semejantes.
El profesorado hoy día está desbordado ante tantos
y tantos cometidos de los que debe ocuparse. Para
poder intervenir en estos y otros casos debe contar
con el apoyo de la administración y tener la capacidad
normativa suficiente para cortar de raíz las conductas
disruptivas, que tan frecuentemente se producen
en nuestros centros. Por ello, es necesario que
la normativa sobre derechos y deberes de los alumnos
dote a los docentes de los recursos necesarios al
respecto, para que puedan corregir conductas y sancionar
adecuadamente a los alumnos que distorsionen
la convivencia en el centro. Evidentemente las
sanciones deben conducir a la reparación y compensación
del daño social causado.
Solo asumiendo cada uno nuestra responsabilidad y
actuando con seriedad y rigor, sin bajar la guardia,
podremos atajar este y otros problemas de convivencia
en nuestras escuelas e institutos. Ahora es el momento.
ES NECESARIO INCENTIVAR AL PROFESORADO
A nadie le es ajeno que los múltiples acontecimientos
que jalonan las cabeceras de los medios de comunicación
referidos a la violencia escolar en todas
sus vertientes, son el reflejo inequívoco de que algo
preocupante esta ocurriendo en nuestros centros escolares.
Aún no hemos llegado a los niveles de degradación
que ostentan ciertas zonas de algunos países
de nuestro entorno, pero de seguir así, desgraciadamente,
todo llegará.
La violencia en nuestras aulas es un hecho constatable,
la creciente indisciplina está alcanzando cotas insoportables
en algunos de nuestros centros. Esta situación
se ve además implementada por la creciente
desestructuración familiar, la crisis social de valores y
por el creciente fenómeno de la inmigración.
En este clima, los docentes padecemos en el quehacer
diario toda suerte de dificultades para poder llevar
a cabo nuestra labor pedagógica de una manera
natural y coherente. Nuestros mayores esfuerzos se
centran ya no en las funciones que nos son propias,
sino en otras que no nos corresponden, padeciendo
en demasiados casos vejaciones y hasta agresiones
físicas. Tal situación hace que este ambiente repercuta
negativamente, ya no solo en nuestras condiciones
de trabajo, sino también, en nuestras relaciones
interpersonales, en nuestra estabilidad emocional y
hasta en nuestra propia vida familiar.
Es una realidad que la calidad de vida de los docentes,
ha ido decayendo en los últimos años, no sólo
por la pérdida de nuestro poder adquisitivo, sino
también por otros elementos más determinantes
como la desatención administrativa, la desconsideración
social hacia nuestra labor, la pérdida de autoridad,
etc. Si a tales circunstancias le sumamos la violencia,
nuestra profesión debería de incluirse entre
aquellas de alto riesgo.
Esta denuncia, debería de concienciar de este grave
problema no solo a los responsables de las administraciones
educativas, o a los dirigentes políticos que
han de encontrar solución a esta situación, sino a
toda una sociedad para acabar con la lacra de la violencia
escolar en todas sus formas.
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