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Mi nombre es Juan Manuel, natural de Málaga, tengo 43 años y soy camarero. He trabajado en el sector de la Hostelería durante más de 20 años tanto por cuenta propia como ajena en diferentes hoteles y restaurantes de diversa categoría, en Inglaterra y los últimos diez años en una zona turística tan conocida como la Costa del Sol malagueña.
A lo largo de estos años de profesión he tenido la oportunidad de aprender de donde trabajé, consiguiendo un nivel de profesionalidad muy por encima de la media de lo que últimamente estoy acostumbrado a ver. He conocido a todo tipo de personas: jefes, compañeros y clientes de muy diferente "pasta" carácter o personalidad, de diferentes regiones y países, que me ha permitido ir adquiriendo bastante psicología en las relaciones humanas, he visto y pasado por muchos momentos difíciles o tensos, problemáticas de todo tipo...en definitiva, evocando a Pablo Neruda "confieso que he vivido". Pero nunca viví nada igual como lo que viví en el verano de 2005 donde trabajé.
Hace unos años, durante un viaje vacacional, hice la ruta de la España Verde --Galicia, Asturias y Cantabria-la cual me gustó y tomé la decisión de buscar trabajo por la zona cantábrica para en un futuro poder instalarme a vivir allí, algo bastante difícil por otra parte, dada la estacionalidad del turismo, la precariedad y temporalidad de los contratos y la carestía de la vivienda. Sin embargo, investigando a través de Internet, mandando curriculums, ya fuera por iniciativa propia o contestando a ofertas en los anuncios pude conseguir un puesto de camarero en Ribadesella (Asturias) cuyo propietario también facilitaba acomodación al personal de fuera en un piso compartido.
Cuando llegué y conocí al propietario y jefe, Roberto, me llevé una grata impresión: aunque aparentemente de carácter seco era culto, educado, nada despótico, amable, correcto en todo momento...El trato con él (exceptuando algunos gestos que no me gustaron un par de semanas antes de marcharme) fue en todo momento correcto. Estaba contento con mi trabajo: me hizo saber que era un profesional, que le trabajaba "de puta madre", los clientes le hacían saber que yo era "bueno" y me felicitó en más de una ocasión por lo bien que trabajaba.
Todo lo contrario fue con los compañeros - aunque llamarlos así es una gran generosidad por mi parte-. Yo siempre pongo en práctica lo que me enseñaron aquello de: "Habla bien, con educación y respeto, quedas como un caballero y se te abren todas las puertas". Pero descubrí que allí estaba la excepción que confirmaba la regla; las palabras mágicas "por favor y gracias" no me abrieron puerta alguna, ni tampoco estaban incluidas en sus diccionarios y me dí cuenta con el paso de los días que todos estaban o habían sido infectados por un extraño "virus" dañino para la armonía y el buen ambiente laboral que debería existir entre los compañeros de cualquier empresa.
La primera semana fue una primera toma de contacto pero mi intuición me decía que algo no encajaba, no tardé en percibir y detectar un claro caso de acoso psicológico laboral; cada día que pasaba los síntomas se iban haciendo más evidentes en el cual, yo era la víctima, o según ellos, el culpable de la situación o el malo de la película. Había leído sobre el tema del mobbing y del borning -out a través de Internet y aunque he sufrido el síndrome del "quemado" en más de una ocasión debido al exceso de trabajo, el agotamiento y el stress, nunca sufrí un acoso psicológico como tal. Lo he visto en casos puntuales en algunos compañeros en el pasado pero un poco "Light", que no pasaba de algunas burlas o bromas pesadas, en los que me gané las simpatías de las víctimas y las antipatías de los demás por defenderlas.
Pronto comenzaron los problemas con Carmen, la cocinera. Una persona ya de entrada de mal carácter. Podríamos decir irónicamente que desbordaba positivismo y simpatía por cada poro de su piel, que revitalizaban y daban alegría, unas radiaciones que estimulaban una sana vitalidad y optimismo. Creo que tenía un problema psicológico bastante grave: Siempre con una aptitud negativa, provocando a su alrededor tensiones y discusiones inútiles, neurótica, desquiciada; Todo el día protestando y quejándose y lamentándose de todo y todos, incluso de ella misma, tan sólo se reía cuando se sentaba a fumar y hablar de banalidades o su diaria sesión "conspiratoria" con Clari, de su misma "sintonía". Era deprimente y lo único que me producía era rechazo enorme. En algunas de los enfrentamientos y tensiones que tuvimos, con su mal genio tiraba cacharros al suelo en una ocasión en plena bulla y delante del jefe me pegó un empujón mientras yo estaba cargado de platos.
Al margen de su falta de profesionalidad que, junto con su mal carácter causaba problemas no sólo conmigo sino con todos los demás y para el funcionamiento del negocio; Su aptitud producía continuos enfrentamientos, tensiones y discusiones inútiles, incluso un ayudante de cocina se vio obligado a marcharse y dejar el trabajo por la imposibilidad de soportar su mal trato, vejatorio y humillante a veces y un mal ambiente de trabajo. Tuve una conversación a solas con ella pidiéndole que "me tratara correctamente, que yo era muy correcto y respetuoso y no había ido allí a un concurso cutre de la tele basura televisiva como El Gran Hermano para que nadie me puteara y lo único que pretendía cuando iba a cocina a entregar comanda, llevar o traer platos, pedir segundos, etc era realizar correctamente las funciones de mi trabajo y no había lugar para estar continuamente gritándome y punteándome. Todo fue inútil; las discusiones y enfrentamientos fueron a más.
Otro caso "muy especial" fue otra de su "sintonía", Clari, vecina de aquel pueblo. Aunque el jefe me relegó la responsabilidad de la sala y el comedor a mí, ella era la persona de confianza del jefe y responsable del bar y de los pedidos. Al igual que Carmen, su falta de profesionalidad era más que evidente, en parte por su juventud- algo perfectamente disculpable- y por su aptitud pasota e irresponsable. No hacía nada, sólo mandar a los demás y lucir el tipo y los modelitos aparte de "reunirse" varias veces al día en el almacén a fumar con la de su misma "sintonía" para hablar mal a las espaldas de todo de todo el mundo (en el que yo, por supuesto estaba incluido) y hacer sus "conspiraciones varias", por con lo que los enfrentamientos con esta chica se volvieron continuos. Me vi obligado a tener duros enfrentamientos dialécticos con ella para tratar de defenderme de tanta humillación y falta de respeto y en un par de ocasiones me amenazó con agresiones físicas. En lo laboral pretendía ser la jefa que no era y tener la autoridad que ni le encomendaron y que ni moral y profesionalmente podía ejercer, e imponer hacer las cosas a su capricho sin ninguna base ni racionalidad y sin ninguna argumentación convincente tan sólo "esto se hace así porque sí, porque yo lo digo". "Vale - le dije- en tu barra haces lo que quieras pero la responsabilidad del comedor es mía y yo sé lo que tengo que hacer y cómo tengo que trabajar, así que no te metas en mi terreno ni pretendas que yo desaprenda lo que he aprendido durante los años de experiencia que yo he tenido, y además tengo la aprobación del jefe". No podía desarrollar mi trabajo en condiciones normales, continuamente "chinchandome", cuestionando mis iniciativas, acusándome o culpándome de ficticios errores o que habían cometido otros, poniéndome impedimentos y zancadillas a cada paso...
...No dejaba de vigilarme, me sentía continuamente espiado a ver lo que hacía o nó hacía, deshaciendo a veces mi trabajo, acusándome de errores o fallos que no había cometido, afeándome o criticándome cuando tenía alguna idea o iniciativa para que todo funcionara mejor, algo de lo que los demás carecían, me acusaba o le hablaba al jefe de que llegaba tarde cuando la realidad es que siempre llegaba media o una hora antes, a veces me quedaba en las pausas por el trabajo acumulado mientras todos los demás se marchaban; y quien en realidad llegaba tarde siempre era ella o todos los demás. Me daba ordenes absurdas o de manera humillante o me hablaba mal delante de todos, incluso de los clientes. Cuando llegó el momento de hablar con el jefe planteándole la situación que se estaba viviendo allí me dijo que le habían dicho que yo me bebía las cervezas de la nevera del almacén ¡por cajas¡ y resulta que yo no fumo ni bebo salvo agua o una copa de vino en las comidas mientras allí ella y los demás salían cada noche de juerga hasta altas horas de la madrugada o se tomaban sus copas en el mismo trabajo...
Incluso cuando en varias ocasiones faltó dinero al hacer caja,( no sé si porque el jefe no la hizo bien o por algún error o equivocación al cobrar del personal) insinuó mi culpabilidad, lo cual provocó que el jefe desde ese momento me quitó de coger comandas, pasarlas al ordenador y cobrar las facturas. Al sentirme aludido y acusado hablé con el jefe una noche mientras hacía caja y le dije textualmente: "Veo que alguien te ha equivocado y te ha contado historias para no dormir que ha provocado que desconfíes en mí pero te puedo asegurar que yo no muerdo la mano que me da de comer, eso que te quede claro y no te quepa la menor duda".
Pero no sólo éstas dos mujeres en perfecta "sintonía" le hablaban mal de mí al jefe o a los demás compañeros sino a sus amigas o parejas porque sorprendentemente, esas personas dejaron de saludarme cuando venían a buscarlas o cuando me las cruzaba por la calle, algo que por otra parte a mí me era indiferente pero que no resultaba de ser curioso. En cualquier caso ya me estaba acostumbrando porque los mismos "compañeros" no me saludaban y cuando yo saludaba no me devolvían el saludo. Así que antes de dejar yo ya de saludar, durante algunos días cuando llegaba saludaba con éstas palabras: "buenos días para quien me quiera contestar..."
Al margen de la negación del saludo en las relaciones personales me hacían el vacío, me interrumpían en mis conversaciones, cada idea que yo propusiera era sistemáticamente cuestionada. Desde un punto de vista profesional yo trato de aprender de cada sitio donde trabajo porque siempre tienes cosas que aprender, pero me di cuenta que allí no podía aprender absolutamente nada. Desde el punto de vista personal a mí me gusta cambiar impresiones con las personas que se cruzan por mi camino en la vida para enriquecerme personalmente en mi evolución personal, pero nunca en la vida conocí personas tan negativas, incultas y tan ruin y miserables como aquellas: Cuando nos sentábamos a comer --que era cuando estábamos más relajados-- toda conversación que yo sacaba no les prestaban atención o me la cortaban, me ignoraban completamente o se miraban entre ellos, hacían gestos despreciativos o risitas burlonas para ridiculizarme....la posibilidad de entablar una conversación medianamente interesante para cambiar impresiones era prácticamente nula; una falta de cultura, saber estar y educación total: Todo se basaba en banalidades, muchas tonterías y estupideces varias y mucho ji ji, ja, ja sin sentido y sin venir a cuento...pero yo no me callé, en un par de ocasiones les hice saber el porqué cada vez que yo hacía cualquier comentario se cruzaban miraditas y gestos para burlase o ridiculizarme ¿De qué se reían?
Hasta ahora he mencionado a esas dos "compañeras" tan especiales que fueron las auténticas promotoras de este acoso psicológico con tal hacerme la vida imposible para provocar mi renuncia o el despido en el trabajo. Era tan obvio y lo hacían tan descaradamente que otra compañera, Ana,--la única que no se prestó a aquel acoso porque ya lo sufrió antes de yo llegar-- escuchó una conversación que comentaban que yo no iba a aguantar más e iba a hablar con el jefe para mi renuncia. Incluso en uno de los enfrentamientos con Clari, me lo reconoció abiertamente: "Lo que tienes que hacer es irte de una puta vez", me dijo.
Teníamos a Frank, un joven mal hablado y mal educado, incluso con los clientes-- bueno allí eso era la tónica general por parte de todos --. El tipo, (no sé si por su ideología política claramente fascista como el mismo sistemáticamente pregonaba y reconocía) era el típico niñato chulesco, mal educado y totalmente falto de empatía y consideración hacia los demás. Yo pasaba auténtica vergüenza el ver cómo trataba a los clientes, muchos de ellos se quejaron al jefe de él y con razón. Su "trabajo" lo desarrollaba el el bar y la terraza exterior y cada vez que coincidía conmigo cuando yo iba a la barra a coger algún servicio para los clientes observaba que me ponía cara de asco, acompañado a veces de un descarado y despectivo comentario como "otra vez Juanma aquí" o "no te lleves nuestras copas" que en más de una ocasión oí en todos los demás. Me vi obligado pararle los pies varias veces, diciéndole que "las copas ni eran suyas, ni nuestras, eran del negocio o tal vez pretendía que a los clientes les sirviera el vino en un cubo". Situaciones surrealistas y desconcertantes como éstas a montones, como por ejemplo pretender que yo dejara desatendido el comedor y me pusiera a lavar o secar copas en el lavavajillas en las horas punta en pleno servicio a los clientes. También tuve un par de amenazas con agredirme físicamente por parte de este individuo.
Otros "compañeros" fueron Joaquín y Rocío que al mismo tiempo convivían conmigo en el piso que el jefe nos proporcionó. Joaquín fue el ayudante de cocina que se vio obligado a dejar el trabajo porque no soportaba el trato humillante y vejatorio de la cocinera. Al principio tuve con el tipo una relación y un trato de lo más normal entre compañeros de trabajo y de piso, incluso con una comunicación muy positiva entre ambos pero sorprendentemente de la noche a la mañana todo cambió radicalmente, sobre todo cuando Rocío se incorporó unos diez días después y sin duda también influido y arrastrado por la dinámica del propio proceso de acoso que yo ya empezaba a intuir quienes eran las promotoras del mismo.
Incomprensiblemente no sé lo que pasó, de tener una relación de lo más normal, de repente me vi envuelto en una espiral de continuos y sistemáticos ataques y provocaciones por su parte, "rompiéndome las pelotas" a cada paso que daba, lo que tenía como lógica consecuencia continuos enfrentamientos y discusiones. Fueron muchos y variados "supuestos" y "ficticios" males o perjuicios que yo le ocasionaba, uno de ellos que se fue a la habitación de Rocío porque yo leía con la luz encendida o roncaba porque estuve unos días constipados. Pero paradójicamente el roncaba cada noche sin estar constipado, dejaba la radio puesta, el cuarto de baño asqueroso cuando lo usaba o no paraba de fumar en la habitación perjudicando mi salud, sin haber escuchado queja ninguna por mi parte. En el trabajo dejaba la basura abierta y mal oliente en el almacén que había al lado del comedor y se tomó como obligación el que yo la tirara porque lo hice por iniciativa propia en algunas ocasiones mientras el trabajo que a mí correspondía ni él ni nadie nunca me ayudó.
Así pues entre continuas provocaciones y como él se encargaba de hacer tanto la comida de los clientes como del personal me discriminó cuando llegaba la hora de comer: hacía para todos menos para mí. Así pues, con el permiso del jefe, yo tenía que entrar a la cocina y coger o hacer mi comida pero un una ocasión, me puse a comer y me quitó la comida de la mesa. Ese día pudo haber más que un enfrentamiento dialéctico si no fuera sido por mi prudencia y la contención propia y la de los demás. El tipo dijo que no comía ninguna comida que él hubiera hecho a lo que yo le respondí que " la comida la pagaba el jefe y tenía su permiso, que era la última vez que me quitaba mi comida, que se había pasado conmigo más de cien pueblos y que no le iba a permitir que se pasara ni uno más". Hablé con el jefe y le pedí que hablara con él para que depusiera su aptitud porque ya había pasado el límite, me estaba poniendo muy nervioso e iba a provocar un enfrentamiento de más trágicas consecuencias. Afortunadamente varios días después fue cuando se marchó.
El caso de "Ro" era de lo más desconcertante. A esta chica con 37 años, ya con cierto mundo recorrido y cierta experiencia en la vida se supone que debería de tener más conocimientos, cultura y saber estar. Negativo, la suerte en ésta ocasión tampoco estaba de mi lado. En el trabajo a pesar de que ella decía que tenía experiencia en el sector, no puedo comprender dónde la adquirió porque si la viera trabajar cualquier jefe, Maite o profesional de la hostelería duraba menos que una pompa de jabón porque en vez de camarera era una "bailarina" (en el argot, bailarina es un camarer@ que da viajes en balde, no hace nada y sólo da vueltas por la sala con las manos vacías), en definitiva, una persona que no vale para trabajar, nula.
Sin duda influida por la dinámica del momento y convenientemente "untada" por las promotoras del acoso, o quizás por un problema psicológico que hace que su cabeza no le carbure bien, me "me tocó excesivamente las pelotas" en mi relación con ella en el mismo momento en que se instaló en el piso queriendo imponer sus propias normas de convivencia cuando no respetaba la más elemental de todas, la limpieza e higiene en el mismo, al menos en las zonas comunes por respeto y consideración a los demás.
Sin pedir por anticipado la opinión de nadie compró varias cosas supuestamente para uso común pretendiendo que los demás hicieran su aportación económica proporcional del mismo pero que incluía algunas "pijaditas" para su uso personal a lo cual yo no acepté. Cuando llegaba a casa como es lógico, se ponía unas chanclas y un "minichoc" con tirantes para estar cómoda pero cuando se cruzaba conmigo en el pasillo o la cocina y me veía en pantalón corto tipo bóxer me insistió varias veces que no le gustaba verme así. "Joder, chica, pues tienes un problema pues a mí tampoco me puede gustar cómo tú vas, o no me gusta tu cara (es terroríficamente fea) y al igual que yo no puedo pretender que te hagas la cirugía estética tú tampoco puedes pretender que yo me compre un traje de chaqueta y corbata para estar en casa y gustarte a ti cuando te cruces conmigo en el pasillo"
Trabajando 12 horas diarias a turno partido, sin mando a distancia para poner la lavadora desde el trabajo, encontrándotela ocupada cuando necesitas usarla en el poco tiempo libre durante las pausas; la única opción que te queda es ponerla por la noche cuando llegas. Pues no señor, según una ley escrita por ésta chica la lavadora no puede ponerse de noche, si no tienes ropa limpia que ponerte te jodes. Según ella porque hacía ruido a pesar de era imperceptible por estar en la cocina, con la puerta cerrada y un pasillo y una salita entre medias de su habitación. Bueno y no solo eso sino que ¡agárrate Manuel¡¡ casi todas las noches llegaba a las 4 o las 5 de la madrugada de juerga con lo cual cuando ella llegaba la lavadora ya había terminado su lavado. Hay más--no querías caldo pues toma tres tazas--no te lo pierdas: decía que aquello era una comunidad de vecinos había que respetarlos y no hacer ruido, sin embargo, cuando cada noche llegaban de sus juergas sus entradas no eran precisamente silenciosas. Esto es surrealista. Recuerdo también en el trabajo el día que se vino toda histérica y enfocada hacia mí con ganas de pegarme, gritándome y culpándome de que dejaba las copas boca arriba en la bandeja del lavavajillas, algo que siempre hacían los demás. Afortunadamente el jefe estaba presente y dijo "he sido yo". Que corte le dieron y que risa me entró.
Otra compañera de trabajo y piso fue Patri, una chica joven que venía de la escuela de hostelería. La mejor, sin duda, de todo el personal. La única que no se metía en nada ni con nadie, siempre a lo suyo y en su trabajo y cuando llegaba al piso se metía en su cuarto a sus cosas y en paz. Tan sólo patinó una vez cuando una noche, al última hora recogiendo el bar ya sin clientes y estando todos se dirigió a mí y me insistió por dos veces que la máquina de cortar el jamón había que limpiarla. Y le pregunté, "Patri, entre todos los que habemos ¿por qué razón te diriges a mí?" Y seguidamente le dije a mi compañera de comedor, que en ese momento estaba secando copas: "Ana, ese garbanzo no ha salido de esa olla" pero Ana era un poco torpe y no captó el sentido de la metáfora.
También venía por las noches a media jornada una señora para el office, para fregar los platos, Celia. No hacía falta ser muy observador para darme cuenta de que también sufría con el trato que le daba Carmen, la cocinera; tuvo algunos enfrentamientos con ella y la comunicación entre ellas era tensa o nula. También pude observar que a la hora en que nos sentábamos todos a comer, al igual que hacían conmigo, la ignoraban, le hacían el vacío y cualquier comentario que hacía los demás se burlaban, reían o se mofaban con miradas y gestos despreciativos. En una ocasión hablé con ella a solas y me dijo que "ella no era tonta y ya se había dado cuenta de cómo la trataban y de que allí sólo había gentuza y estúpidos".
Bueno y, por fin, llegamos a Ana, mi compañera en el comedor. Ana es una inmigrante de nacionalidad colombiana de mediana edad. Aunque como profesional le falta ciertos "hervores", ha estado trabajado en diferentes sitios en el país y comparándola con el personal que teníamos allí, ella es una profesional de alto nivel. En cuando a su personalidad, era una mujer un poco rara, a veces difícil de tratar porque tenía una serie de manías y paranoias irracionales y sin mucho sentido. A la más mínima contrariedad cogía unos cabreos de cuidado, poniéndose histérica y lanzando palabrotas malsonantes como si fuera un arbañil , la frase "Me cago en Dios" se podía escuchar de su boca varias veces al día, y a veces cuando le hablabas para preguntarle algo o perdirle alguna opinión te soltaba unos rebotes de cuidado y sin sentido que me dejatan totalmente desconcertado. Se "emberracaba" - tal como ella misma definía estos rebotes-- pero al rato se le pasaba y no como los demás que llevaban los demonios dentro continuamente y estaban llenos de odio. Yo a veces le decía: "¿A ti también te ha infectado el virus?"
Aunque estaba receloso y no confiaba totalmente en ella, Ana fue sin embargo la única persona en aquel trabajo con la que pude hablar, intimar un poco con ella y servirme de apoyo. Posiblemente también porque tal y como me contó, ella había estado sufriendo el mismo acoso que yo sufría antes de llegar yo: Ella también se había sentido espiada, vigilada, la ignoraban o apartaban, le hacían el vacío, no podía hablar con nadie, le echaban las culpas de errores que no había cometido, todo lo que hacía le ponían faltas o estaba mal, se aprovechaban y abusaban de su bondad cargándola para hacer siempre los cafés del personal como si fuera una criada de ellos estando ocupada o teniendo trabajo por hacer, la explotaban cargándole cada día la limpieza de los baños hasta que ella se cansó y se enfrentó a ellos para que los baños se limpiaran por turnos. Llegaba a casa llorando, diciéndole al marido que no podía aguantar más pero que no podía dejar el trabajo porque necesitaba plata para mandarle a su papá viudo y su hermana en Colombia.
Sólo así, con lo que me estaba contando comprendí el por qué nada más llegar yo a la empresa todos, absolutamente TODOS, jefe incluido, me hablaban mal de ésta chica: que si Ana no se entera de nada, que si no sabe trabajar, que no sabe coger comandas, que si no hace nada, que si es de aquella manera o de aquella otra, que si dale caña a Ana... todo el mundo pintándome a Ana como si fuera el mismo demonio pero que lo único que yo veía en ella eran sus "rebotes" y sus "me cago en Dios", por lo demás era una persona muy normal. Me dejaron desconcertado con aquel continúo "bombardeo" pero ahora todas las piezas encajaban.
El acoso psicológico se traspasó a otra víctima que era yo y Ana era la única persona con la que podía conversar y tenía unas relaciones normales y fluidas a pesar de sus frecuente mal genio. Ahora todo había cambiado, pude ver cómo intentaban por todos los medios aislarme o tener enfrentamientos con ella: a invitarla por las noches para que saliera con ellos de juerga, a hacerle mimos y cariñitos o hacerle la pelota cuando en alguna ocasión por su carácter explosivo en un momento dado se cabreaba conmigo o por alguna contrariedad, cómo se alegraban en ésos momentos y cómo ponían cara de tristeza o crispación cuando al rato Ana hablaba conmigo tan normal y como si tal cosa.
Ana muchas veces me lo comentaba: "Juan ¿ has visto que cuando yo me enfado con usted cómo los demás se alegran?" o "Mira cómo nos miran cuando nos ponemos a hablar" y cómo cuando algun@ se acercaba disimuladamente con "las antenas" puestas para ver de lo que estábamos hablando. Entonces ella cambiaba la conversación hablando del primer tema que se le ocurriera. Recuerdo que en uno de los rebotes que tuvo conmigo delante de todos le dije: "Ana, te he dicho más de una vez que no me hables así, sólo te he hecho una pregunta y no hay motivos para ponerte como te pones, y además, ¿no te das cuenta cómo todos se alegran cada vez que discutimos? Que divertida la cara de desconcierto de todos en aquel momento, pensando que yo era tonto y no me daba cuenta de las cosas. Es que yo soy muy puta o al menos eso es lo que me dijo una de ellas mientras hablábamos tomando una copa: en un momento dado de la conversación va y me suelta: "Tú eres más puta que yo".
La verdad es que no hacía falta ser muy "puta" para darse cuenta de lo que estaba pasando allí. No hacía falta que Ana me contaba las conversaciones que muchas veces escuchaba sin querer o queriendo entre ellos, o las conversaciones que yo escuché a mi compañera de piso, Rocío, por el móvil con algunas de sus amigas...o las aptitudes, los gestos, las caras de asco...cualquiera un poco observador y con un mínimo de intuición podía percatarse de lo que se cocía allí. Se respiraba hasta en el ambiente y descaradamente me estaban haciendo la vida imposible para provocar que me fuera como así ocurrió. Ana me decía: "Juan, usted no se vaya, aguante y no le vaya a dar el gusto a los hijos de puta éstos" aunque yo dudaba de la sinceridad de sus palabras o si quería que no me fuera porque de alguna manera yo era su escudo ya que desde que yo entré en la empresa dejaron de acosarla y meterse con ella. En cualquier caso yo le dije: "No les voy a dar gusto ninguno, en todo caso el gusto me lo voy a dar yo".
Pero un mes antes de marcharme hablé con el jefe sobre el tema porque el tenía que atender otro negocio que tenía y sólo estaba allí a determinadas horas del día y no se enteraba de más de la mitad de las cosas de las que pasaban allí aunque varias semanas después me desconcertó su pasividad. Quise argumentarle todo tal y como hice para después tener una reunión entre todos para arreglar la situación pero él quiso hacerlo a su manera: habló conmigo y después habló con todos los demás aparte sin mí pero para lo único que sirvió es para que hubiera varios días de tregua, por lo demás no sirvió para nada, en todo caso sólo para que él poder jugar con doble baraja.
En la conversación que tuvo conmigo tuvo muy buenas palabras que varias semanas después por su aptitud o gestos pude adivinar que no eran sinceras: "Que él como era carnicero no tenía ni idea del sector ni del negocio en que se había metido pero que se daba cuenta que yo era un profesional de la hostelería, que tenía iniciativa y era muy trabajador y que no podía permitir que un tío como yo que le estaba 'currando de puta madre' lo estuvieran tratando mal..." pero a las dos semanas estaba dudando de mi honradez porque pensó que el dinero que varios días le faltó al hacer caja lo había robado yo aun cuando le dije que "yo nunca muerdo la mano que me da de comer" o cómo cada vez que dejaban propina o una cuenta en alguna mesa iba corriendo a recogerla pensando que yo me la iba a meter en el bolsillo.
Pero como soy un caballero, para no dejarlo "colgao" en el mes de Agosto cuando más trabajo había, una semana antes de terminar el mes le dije que me preparara todos mis papeles y la cuenta que me marchaba. Sólo tenía un contrato precario abierto hasta "fin de temporada", jornada de 8 horas aunque se trabajaba 11 y 12 horas reales. Supuestamente día y 1/2 de descanso aunque sólo disfrutamos de ½ día durante Julio y Agosto no descansemos ninguno ni tampoco me los abonó. ¿El sueldo? El salario base: 900 y pico euros cuando en temporada alta lo pagan mínimo 1.200 euros, ni siquiera una pequeña propina de 50 ,100 o 200 euros como tuve en otras empresas ya fuera por exceso de trabajo, buen comportamiento o los servicios prestados. Es verdad que me proporcionó una habitación en un piso compartido que no me costó nada pero no es menos cierto que si no hubiera proporcionado el piso no hubiera encontrado personal para trabajar pues con esos sueldos y la carestía de los alquileres es misión imposible.
Le dije que el mal ambiente de trabajo que había allí iba a perjudicar no solo a mi salud física y psíquica sino personalmente a mi carácter y personalidad, yo que siempre reía y que soy una persona con mucha vitalidad no podía estar trabajando continuamente "encabronao" y como consecuencia eso repercutía negativamente a los clientes y a la empresa. Aceptó mi decisión y antes de irme le dije que lo único que tenía allí era gentuza y que un negocio no se mantenía tan sólo por "la cuestión estética" como a él le gustaba decir por lo bonito del local. Pero ni él sabía llevarlo ni el personal que tenía allí con sus aptitudes y total falta de profesionalidad podía aquello funcionar.
Fueron dos meses y seis días sufriendo mobbing, poco tiempo pero muy intensos. La experiencia laboral más negativa que he tenido entre todos las empresas donde trabajé. No es digno de incorporarlo a mi currículo, sería una mancha negra y vergonzosa. Nunca en la vida viví una experiencia personal tan negativa exceptuando la tormentosa e insana relación de dependencia mantenida durante catorce años con mi expareja. La cocinera, Carmen, me recordaba a ella, parecía como si fuera el calco de ella o hechas con el mismo molde: la misma neurosis, el mismo desquicie, la misma irradiación negativa, las sistemáticas lamentaciones, el mismo mal carácter y la misma mala leche y cólera de su mismo horóscopo: Escorpión. Pero a una la quise durante mucho tiempo y otra la puso la casualidad en mi andadura laboral.
Cerca del trabajo había un cibercafé. Busqué por el Google páginas que trataran el tema del Mobbing o el acoso psicológico en el trabajo y entre las páginas que hablaban del tema imprimí varias para entregársela a los compañeros. Más de la mitad ni siquiera se molestaron en leerlo y uno de ellos dijo que eso eran tonterías, curiosamente fue el que se llevaba bien conmigo hasta que le infectaron el "virus" y el que terminó marchándose porque no soportaba el trato humillante que le daban en la cocina. La cocinera lo leyó sin demasiado interés para después decir que: "el que tiene que recapacitar eres tú pues si todo el mundo esté en tu contra será porque tu aptitud no es la correcta". A sí claro, ya me conozco ese tema, ya pasé por ahí, vengo de vuelta; al final el culpable era yo, pero ¿cuál eran mis aptitudes incorrectas? ¿Defenderme cuando todos sistemáticamente me atacaban?
Estuve viviendo en un infierno. Cada día cuando salía a trabajar era como el que va al matadero o en el corredor de la muerte, deseaba que me pasara algo agradable por el camino, como decía Sabina en su canción calle melancolía: "busco un encuentro que me ilumine el día". Tenía pesadillas por las noches: recuerdo que tuve varias veces algunos sueños recurrentes; continuas discusiones, enfrentamientos y peleas con los compañeros de trabajo. En uno de ellas me veía cómo todos me espiaban. Era la realidad de todo lo que estaba pasando trasladada al sueño nocturno. Un par de días antes de marcharme tuve un mal sueño en el que me veía vomitando algo negro y asqueroso. Era la metáfora y el símbolo de que tenía una intoxicación, algo dañino tenía dentro que me estaba perjudicando y haciendo daño y necesitaba expulsarlo, según la interpretación de un libro sobre los sueños.
Al fín lo expulsé, volví a la vida y ahora me siento mejor y lo superé aunque sé que siempre me quedará algún trauma, me da la sensación de que me volveré más receloso, más desconfiado, hasta más intolerante. El odio y el rencor que pudiera sentir no puede durar dentro de mí mucho tiempo porque me haría daño a mí mismo; mi tendencia natural es perdonar y olvidar aunque esto último sé que es prácticamente imposible. Ahora tengo una alarma con una lucecita roja dispuesta a encenderse cuando suene la alerta.
Octubre de 2005

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