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Hola compañeros/as de fatigas!!!
Este es mi caso, quizá alguien pueda verse en algo parecido y podamos ayudarnos y cambiar conocimientos e impresiones.
En el año 1992 se convocaron unas oposiciones para una plaza de laboral en un servicio de un gobierno autonómico. Me presenté y gracias a un formidable compañero y amigo llegué a quedarme, después de dos años de estudio en segunda plaza. ¡¡ Lástima !! solo entraba uno... pero no tardó en salir una plaza de interinidad. Con los estudios recientes, con experiencia y dominando el tema, pasar un examen de mucho menos nivel no fué dificil. Cuando me hicieron la entrevista después de corregir el examen, se me prometió una próxima oposición en el plazo de dos/tres años, con lo cual no me sería difícil entrar, puesto que la falta de experiencia, la falta de puntos y la falta de contactos políticos fueron lo que me impidieron entrar en la primera ocasión. La elección era fácil, y dejé un buen puesto de trabajo en una empresa fuerte de mi ciudad para optar por un nivel de vida mucho más alto y con grandes promesas.
Me gustaba mi nuevo trabajo, era ameno, con responsabilidades, con un jefe que era más amigo que jefe, con el cual se podía discutir cualquier problema, teniendo unas veces la razón él y otras yo, pero siempre llegando a un punto en común donde se hacía fácil el acuerdo. Ir a trabajar era un gustazo, y mi interés por el mismo crecía con el paso del tiempo. Me presentaba a todos los cursos que salían, estudiaba toda la lesgislación relacionada y la comentábamos entre los compañeros por si había puntos suscetibles de interpretaciones, las nuevas tecnologías entraron y me dieron paso a otro mundo nuevo para estudiar y aprender. Los compañeros con los que conviví, eran estupendos, siempre hubo roces, provocados por la convivencia, pero jamás llegaron más allá de un intercambio de opiniones y de un ajuste de impresiones.
Ir al trabajo era mejor que quedarse en casa... trabajaba en la calle, viajando, en contacto con la gente a la que siempre y debido a otros trabajos que he tenido, me he sabido ganar con respeto y educación.
Pasó el tiempo, la oposición no llegaba, pero si los rumores de privatización del servicio. Con estos la administración empezó un plan de olvido y dejadez respecto al mismo, y no sé si para justificarse antes de pasarlo a manos privadas o bien simplemente porque lo público parece estar ahora mal visto, pero el caso es que desde allí nos redujeron el personal, no se hacía mantenimiento de las instalaciones ni de los equipos y en cuanto al personal, cada vez estábamos más lejos de los demás compañeros de la misma administración. Francamente, siempre he pensado que fue premeditado para allanar el campo al siguiente...
Un exceso de trabajo, creado precisamente por dejadez de nuestros dirigentes los cuales no hicieron nunca caso de nuestras propuestas para solucionarlo, dió pié a que se colara en nuestro campo una empresa nueva, privada por supuesto, con la excusa de que venía a prestarnos un servicio de apoyo cuando realmente llegó tarde pues los esfuerzos realizados por los "funcionarios", los mal vistos. Pero no pasaron muchos años hasta que salió la oferta pública de concesión.
Estaba cantado, todos sabíamos a quién se la iban a conceder, pues los supuestos enlaces políticos estaban allí y pese a que grandes empresas vinieron a competir por un pastel tan goloso, no consiguieron hacer frente a una empresa familiar a la cual "alguien" se había encargado de cubrir de puntos.
Nos habíamos preparado, habíamos empezado la adaptación con tiempo suficiente como para conseguir con esfuerzo por nuestra parte, incluso titulaciones que nos podrían exigir por no valer el supuesto de las "equivalencias" de los mismos. Pero la convivencia en este tiempo nos enseñó como era el nuevo empresario, como trataba a los compañeros, cual era su perfil narcisista y pervertido. Todos nos esperábamos lo peor.
Los más hábiles consiguieron salir antes de la quema y buscar otras opciones de trabajo. Algunos incluso prefirieron el "paro" antes que trabajar para este hombre, otros rechazaron unas ofertas de trabajo deprimentes, pero dos de los que formábamos el grupo inicial no nos quedó más remedio que aceptar la opción "B", puesto que la "A" era irse directamente al paro.
"No será para tanto..." nos decían en los sindicatos, "total todo tiene que seguir igual, solo cambiará el membrete de la nómina..." y con ese ánimo optamos por someternos a las órdenes del nuevo jefe.
En la primera semana, en el primer día vimos aparecer el carácter narcisista-perverso del nuevo mandatario, el cual saltándose convenio, contrato y todo lo que se le puso delante, nos envió a exibirnos a la puerta de la empresa a picar, hacer de jardineros, limpiar, desbrozar, quemar rastrojos, y otras tareas muy por debajo de nuestro nivel y titulación. Su lema era poner a los funcionarios a "trabajar" y cuanta más gente nos viera mejor. Pero eran los primeros días y había que intentar un ambiente de cordialidad, total es por el bien de la empresa y queremos mostrar nuestra buena voluntad. Pero esto no quedó ahí y siguieron los trabajos denigrantes, hasta que un día me planté, y me defendí... ¡Dios mio! ¿qué hace este hombre dudando de la omnipotencia del jefe?. Empezaron las amenazas sutiles delante de los compañeros, siguieron los trabajos degradantes, desaparacieron mis responsabilidades, pese a presentar como ya había imaginado la titulación adecuada, me relegaron al peor de los puestos, me marcaron una línea en el suelo para delimitar mi zona de trabajo, me separaron de mis compañeros, me prohibieron ayudarlos incluso cuando éstos tenían exceso de trabajo, se me achacaron errores de otros, se consideraban más a los nuevos e inexpertos que a mi, insultos, palabras soeces delante de público, denegación de acceso a lugares donde antes realizaba tareas de responsabilidad. Incluso me imputaron una falta leve por negligencia en el trabajo.
Esto me pilló fuera de mis casillas, no lo podía soportar, y llevé el caso a un abogado, al cual le expliqué mi situación y rápidamente y él mismo me terminó de contar lo que pasaba, una falta leve, dos, tres... luego una, dos, tres graves y despido. Y no por eso, sino porque yo tenía razón, hice caso de sus consejos y lo llevé a los tribunales. Pero la confianza ciega que yo tenía en la justicia se me cayó cuando comprobé en mis propias carnes que la que era ciega es la justicia y que no vió como había una diferencia clara entre el precio de mi abogado y el de la otra parte. Se mintío en el juicio, se prepararon testigos, se rechazaron los míos, se tergiversaron las actas. Y pagué la novatada perdiendo un juicio que yo creía imposible de perder, más cuando se tiene la razón y los conocimientos técnicos apropiados para demostrarlo.
Eso hizo crecerse al Sr. Empresario, el cual, justo el día de conocer la sentecia se desplazó a mi localidad para pavonearse delante de todos de su victoria, con alusiones veladas, con "puyazos" directos a mi persona y otras clases de vejaciones, hinchado por su orgullo de narcisista.
Desde aquí supe que mi futuro estaba sentenciado, no cabía duda, no valía hacerme el bueno, todos los intentos de conciliación fueron vanos. Se me mandaron desplazamientos sin justificar, pese a ser el único de la plantilla con cargas familiares, se me humilló delante de todos los compañeros, el aíslamiento y el vacío se hizo mayor, las consultas con abogados no me han solucionado nada, mi confianza en la ley se vino al traste, mis conocimientos sobre el tema se venían abajo cada vez que ante una discusión se aplicaba el "artículo primero", no valía que citara de memoria el real decreto donde estaba la interpretación legal, pues nunca acertaba, los fallos en mi trabajo iban en aumento, nadie cometía errores, solo yo, incluso los compañeros con dos meses de experiencia sin estudios específicos realizaban las tareas mejor que yo...
Y todo se vino abajo, fisicamente estaba destrozado, cansancio, agotamiento, falta de concentración, anoréxia, nerviosismo, contracturas, temblores en las manos, opresión en el pecho. Psiquicamente más aún si cabe, falta de autoestima, ansiedad, pánico. No creía que fuera depresión, siempre he sido alegre, comunicativo, abierto, activo... solo será falta de adaptación, cansancio debido al cambio de horario, ahora tan sumamente opresivo que no me deja tiempo para nada, toda la semana dedicada a este hombre, eso si, sin pasar las 40 horas semanales, pero distribuidas de una manera muy estudiada.
Mi familia lo vió de otra manera y en un momento dado me llevaron al médico, y su diagnóstico no dejó lugar a dudas, "trastorno depresivo por inadaptación". Eso me llevó seis meses de baja, pero volví pensando equivocadamente que eso normalizaría la situación, pero no. En cuanto llegué todo fue aún peor, condiciones laborales infrahumanas, exposción premetida a condiciones extremas climatológicas, asusencia de higiene en el trabajo, humillaciones descaradas relegándome a los servicios mientras esperaba la llegada de clientes para poder calentarme, más desplazamientos totalmente injustificados, con saña, con premeditación, sabiendo lo que hace, con un buen respaldo legal detrás de él, para no pillarse los dedos.
He buscado por todos los lados, he consultado con especilistas de cualquier lugar, y no tengo defensa alguna. No puedo demostrar nada, no puedo presentar de testigos unos compañeros con condiciones precarias en el trabajo, no puedo presentar como testigos a clientes cabreados por realizar mi función, antigüos compañeros son tomados como "amigos" en los juicios y tampoco sirven...
Esto es a grandes rasgos, no he mencionado todas y cada una de las "jugadas" que me ido haciendo y que previsor he apuntado en un diario con todo el cuidado del mundo, con todos los detalles, pero como lo anterior, solo sirve para darme cuenta de mi impotencia, de mi falta de recursos, de la imposibilidad de un David ante un Goliat con vehículo blindado... y solo quiero una cosa... salir de allí, pero ni aún eso me quiere dar... si lo hago con una mano delante y otra detrás, sin nada con qué cubrirme.
En estos momentos me refugio de nuevo en la baja por depresión, pero no sé cuanto tiempo podré contar con el apoyo de mi médico y de mi psicologo. Después otra vez al infierno...
Solución, de entrada ninguna... resistir!!!!! si, claro ... pero cuanto aguantaré????

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