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Con solo oír el hilo de su voz al descolgar el teléfono es suficiente para saber que está muy deprimida.
Es una de las tres funcionarias del juzgado de Lo Social número 25 de Barcelona que han cogido la baja como consecuencia, según coinciden en explicar, de la tensión psicológica a la que han estado sometidas de un año a esta parte, coincidiendo con la llegada de Luis Antonio Sánchez García como secretario judicial.
«Estoy de baja, en tratamiento psiquiátrico, tomando el antidepresivo Prozac y pastillas para dormir», explica por teléfono después de insistir en que no puede explicar su experiencia en el juzgado porque la investigación está en marcha.
«En mi vida había tenido que ir al psiquíatra pero la situación que hemos vivido ha sido muy dura», argumenta para añadir: «En mi vida había visto una cosa igual porque una cosa es enfrentarse a sus inferiores y otra es hacerle la vida imposible a la magistrada».
«Quiero volver al trabajo». Con esta contundencia se expresaron dos de las funcionarias que se encuentran de baja pero, en los dos casos, el médico les ha asegurado que, de momento, sería contraproducente.
Dos de ellas llevan 10 y ocho años, respectivamente, trabajando en el mismo juzgado. La última se incorporó en el juzgado de Lo Social número 25 de Barcelona en el año 1997.
Coinciden en afirmar que, hoy por hoy, un juzgado que siempre iba al día en cuanto a la resolución de asuntos, está sumido en el caos.
Y es que, en estos momentos, el equilibrio emocional no es, ni mucho menos, la nota dominante entre los funcionarios del juzgado.Cada uno lo vive como puede.
Otra funcionaria, también en tratamiento psiquiátrico, ha optado, en lugar de coger la baja, por trabajar lo máximo posible y marcharse a su casa. «Yo soy sueca», se limita a decir.
«Diríjase a mí como su señoría»
Abren un expediente disciplinario al secretario judicial del juzgado de Lo Social número 25 de BCN por acoso moral a sus compañeros.
MONTSE MARTINEZ
BARCELONA.- Encantador. Incluso, seductor.
«Tome asiento. ¿Le importa que fume?». Es simplemente un ejemplo de la educación de la que hace gala Luis Antonio Sánchez García, de 36 años, secretario judicial del juzgado de Lo Social número 25 de Barcelona.
El recibimiento contrasta con el motivo de la visita. El Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC) acaba de abrirle un expediente disciplinario por varias denuncias presentadas por funcionarios de su juzgado por acoso moral. En estos momentos, la investigación sigue su curso. Han declarado cuatro funcionarios.Tres de ellas se encuentran de baja por síndromes de ansiedad y depresión.
De aspecto jovial quizá el pendiente que luce potencia esta imagen , habla con seguridad en si mismo, mermada, en gran medida, por un compulsivo consumo de cigarrillos.
«¿Cómo es que se interesa por algo tan poco relevante?», pregunta el secretario judicial para dar inicio a la conversación. Sin embargo, cuando le toca responder, enarbola el hecho de que la investigación está abierta como coraza perfecta para esquivar las cuestiones más delicadas.
«¿Trata usted incorrectamente a los funcionarios que trabajan en su juzgado, tal y como han denunciado?».
«Yo trato bien a la gente», contesta para, acto seguido, añadir que la baja de tres funcionarias no tiene nada que ver con la relación laboral que mantienen con él.
Baja laboral
«No he tenido ocasión de hablar con ellas», asegura para puntualizar que «solamente tengo una escueta notificación de baja laboral».
«¿Es cierto que ordena en ocasiones que se dirijan a usted como su señoría?».
«Este trato me corresponde por ley», responde para reconocer que alguna vez, en la sala, lo ha exigido.
Pese a que la ley lo prevé, no es nada habitual que los secretarios judiciales reciban esta distinción, atribuida exclusivamente a los jueces.
«¿Exige a los funcionarios que realicen su trabajo con expresiones malsonantes, acompañadas de un tono de voz elevado y golpes en la mesa?».
Responde con un monosílabo. «No». «Pero no puedo extenderme más porque este punto es objeto de investigación», añade para finalizar: «Ahora, si me disculpa, tengo un juicio».
Los funcionarios están atemorizados. Interesados en explicar la situación en la que se encuentran, piden anonimato por temor a represalias.
Con absoluta discreción, por lo bajo, son ellos los que han explicado que la situación en el juzgado es «insostenible».
«Desde que llegó al juzgado hace casi un año 19 de febrero de 2001 , ha mostrado una actitud autoritaria, insolente, de mala educación», explica una de las personas que trabajan a sus órdenes en el juzgado. Pero al margen del trato, que sus compañeros califican de pésimo, también pesan sobre él graves acusaciones en relación al ejercicio de sus funciones.
«Intenta que la magistrada incurra en errores constantemente», explica una fuente judicial que también pide anonimato.
La figura del secretario judicial es muy relevante en un juzgado. Es la persona que ostenta más responsabilidades después del juez. Entre sus funciones, destaca la de actuar como notario de todas y cada una de las decisiones que toma el juez.
Pues bien, la misma fuente informa de que, en ocasiones, la magistrada titular ha visto cómo el secretario no reflejaba alguna de sus decisiones en el acta por lo que, a efectos prácticos, es como si no las hubiera tomado.
«Hoy por hoy, se revisa todo el trabajo que hace para evitar situaciones de este tipo», explica la misma persona conocedora del juzgado que se atreve a asegurar que la magistrada titular está trabajando sometida a una «fuerte tensión».
La titular del juzgado de Lo Social número 25 de Barcelona, Matilde Aragó, se limitó ayer a recordar que «soy parte denunciante y, por lo tanto, mientras la investigación esté abierta no puede hacer ningún tipo de declaración».
Al margen de las conclusiones de la investigación abierta, lo cierto es que basta una mínima conversación con los funcionarios para cerciorarse de que, de un año a esta parte, el juzgado se ha convertido en una pesadilla cotidiana.
Recuerdan el tiempo en el que el buen ambiente de trabajo ayudó a que el juzgado fuera reconocido como uno de los que mejor funcionaba. Y recuerdan a sus compañeras, Rosa, Matilde e Isabel, que, de forma temporal han hecho caso a los médicos y se han quedado en casa, incapaces de soportar la presión. Dos de ellas llevan más de una década en el juzgado y cuentan con la máxima confianza de la juez. Tienen su palabra: «Volveréis a trabajar».

EL MUNDO, 15/01/2002
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