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Cuenta que un día fue encerrada en una habitación, durante seis horas, y que la directora le obligó a decirle que ella era su «único Dios» para poder salir. Cuenta que allí, sola, 25 años por entonces, fue el muñeco del pim-pam-pum en el trabajo.Pim: «Tú, hija de puta, vete de aquí». Pam: «Tú, muerta de hambre, vete de aquí». Pum: «Si te coges una baja te vas a la puta calle».
Sonará el despertador hoy a las siete de mañana, desayunará y cogerá el autobús. Llegará a su puesto de trabajo en el campus de Albacete de la Universidad de Castilla-La Mancha, cuando falte un cuarto de hora para las ocho en punto. Dieciocho meses después de tomar su tercera baja por acoso laboral diagnosticado, Sonia vuelve al lugar del crimen.
Será por el pánico a lo conocido, porque el termómetro del mobbing siempre ha subido de temperatura tras la reincorporación o por saber que aún estarán allí las compañeras denunciadas, pero el caso es que Sonia Ruiz, 28 años ahora, no las tiene todas consigo en la vuelta. Y no duerme y tiene taquicardias desde hace semanas ante la inminencia del regreso.
¿Por qué? «Ellas nunca me han tratado como a un ser humano. Me insultaban, me humillaban, me encargaban trabajos y luego me decían que no me los habían encargado, no me dejaban ir al centro de salud a curarme cuando me operaron [tiene una enfermedad grave en el aparato digestivo], y tenía que hacérmelo yo sola en el baño».
Paradojas de la Justicia, el asunto es que la vuelta de Sonia Ruiz a su plaza, en el Centro de Información y Promoción del Empleo del citado campus, coincide con que los tribunales le empiezan a dar la razón. En un auto del pasado 23 de septiembre, el juzgado de Instrucción número 5 de Albacete ha visto indicios de «presunto delito de tratos degradantes» en las tres imputadas.A dos de ellas, aún allí, las tendrá que volver a ver hoy por los pasillos. Y Sonia, que está en tratamiento con antidepresivos y ansiolíticos, dice que no podría soportar de nuevo el infierno a fuego lento.
La culpa es de la profesora que fuera directora del centro, la coordinadora y la psicóloga. A la primera se la despidió cautelarmente antes de que el escándalo trascendiera. Pero las otras dos siguen allí. Sonia barrunta que compartirá despacho con ellas. Las mismas que provocaron que se cogiera su primera baja por mobbing allá por abril de 2001; las mismas que provocaron que se cogiera su segunda baja por mobbing allá por noviembre de 2001; las mismas que, allá por febrero de 2002, la volvieron a convertir en basura.Recuerda la última: «Me pusieron delante del ordenador, a copiar ofertas de trabajo. Les pregunté el motivo. Me contestaron: 'Porque te vas a ir a la puta calle y necesitarás un puesto'».
No sólo es que el Instituto Nacional de la Seguridad Social le haya reconocido a Sonia un «trastorno ansioso-depresivo asociado al acoso laboral», sino que además concluye que será «incapaz de desarrollar su trabajo con normalidad mientras no varíen los condicionantes de esta situación».
Lo suyo lo saben el rector de la Universidad, el gerente del campus de Albacete, el jefe de los gerentes de la institución, la inspección de servicio, la unidad de salud laboral y unas cuantas personas de peso más.
Aunque suene exagerado, Sonia ha pedido medidas cautelares para su regreso. Pongamos, que no tenga que ver a las que la insultaban y se reían de ella cuando era encerrada; pongamos, que no tenga que compartir despacho con las que le tienen el corazón en un puño; pongamos, que le cambien de ocupación si puede ser posible, «si no es por justicia, por humanidad». Hay quien le ha aconsejado que guarde silencio. Los responsables de la universidad, cuenta, la han despachado con marmórea frialdad.
A pesar de que perdería dinero, Sonia ha llegado a solicitar en vano que se le cambie su escala laboral B (la segunda más alta) por la E (la más baja), con tal de no volver a soportar el acoso de las compañeras imputadas por la Justicia. El caso es que no habrá nadie allí el día en que suceda algo. A Sonia ya le falta aliento para tanta lucha.
Todo el mundo le pregunta lo mismo: el porqué le han hecho esto.Sonia se encoge de hombros. Habladurías del campus, hay quien le ha dejado entrever que la plaza era para otra persona, que apareció ella cuando nadie la esperaba y que se lió la traca.
«Antes de incorporarse nos ha frito a escritos, es obvio que tiene problemas mentales. Pero la hemos garantizado que no habrá ningún problema, que esté tranquila», comentaba ayer el gerente de la Universidad de Albacete. «Sí, claro que estoy asustada con la vuelta. Cada vez que he vuelto siempre ha sido peor», palabra de la trabajadora.
Cuenta Sonia que ella tardó mucho tiempo en darse cuenta de lo que le estaban haciendo. Y de que eso tenía un nombre inglés y que era tan común como la gripe: mobbing. Quizá le abrió los ojos antes que nadie la señora Paqui, con ese olfato especial de las madres. Ese día en que vio a Sonia paralizada en el dintel del hogar, de camino a la universidad mientras amanecía, mirando entre lágrimas la imagen del Sagrado Corazón de Jesús que tienen puesta en la puerta.
«Hija, ¿qué te hacen allí para que estés como estás?», le dijo la señora Paqui. Sonia se encogió de hombros llorando. Luego se fue a trabajar.

Pedro Simón.
El Mundo 20 de noviembre de 2003
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