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Acoso laboral en Chile
Daniela Bueno Herrada

 

Judith Pinilla —ex empleada de un restorán de comida china— baja la mirada y se soba las manos, hace una pausa y confiesa: “Es tonto lo que voy a decir, pero me fui acostumbrando a que me trataran mal”.
La agresión sicológica al interior de los lugares de trabajo es un mal que por medio de mecanismos perversos, como la disminución de la autoestima o el sentimiento de culpabilidad en la propia víctima, tiende a hacerse invisible. Sin embargo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que está presente en el 7 % del ámbito laboral mundial. En Chile una encuesta solicitada por la Dirección del Trabajo en abril de 2002 reveló que un 69 % de los trabajadores considera que el trato que recibe de sus superiores es irrespetuoso.

El padre Alberto Hurtado advirtió de las dificultades que conlleva un trabajo mal valorado y de los beneficios de uno al cual se reconoce su dignidad: “Por el trabajo el hombre da lo mejor que tiene: su actividad personal, algo suyo, lo más suyo; no su dinero, sus bienes, sino su esfuerzo, su vida misma.(…) Trabajar en condiciones humanas es bello y produce alegría, pero esta alegría es echada a perder por los que altaneramente desprecian el esfuerzo del obrero, no obstante que se aprovechan de sus resultados”.

El llamado acoso laboral fue definido por primera vez a principios de los 80’ por el sicólogo sueco Heinz Leymann . La OIT ha establecido que se trata de “cualquier incidente en el cual una persona es abusada o maltratada en circunstancias relacionadas con su trabajo. Estos comportamientos pueden ser originados por jefes, compañeros de trabajos y en cualquier nivel de organización”. Concretamente, en el caso de Judith Pinilla, 28 años, esto se manifestaba en garabatos y comentarios del tipo “tú eres una basura”. Por ocho años (con cortas interrupciones), de lunes a viernes y por diez horas al día, fue así.

Según los expertos, las causas que favorecen el desarrollo de este tipo de situaciones son las deficiencias en el diseño del trabajo y en el liderazgo, la posición social de las víctimas, y los bajos estándares morales de la organización. Carlos Díaz, sicólogo laboral de la Universidad Católica, dice que el sistema laboral chileno también genera elementos que se transforman en caldo de cultivo para el acoso laboral. “Hay muchas reglas —señala— pero pocas de ellas son útiles para regular de manera eficiente las relaciones entre las personas”.

Refuerza esta idea Irene Celis, encargada de sindicatos en la Vicaría de los Trabajadores. Ella cuenta que, por ejemplo, “muchas veces en las fábricas se construyen oficinas justo encima de los talleres o lugares de trabajo. Ahí los trabajadores se sienten constantemente observados, temiendo hacer algo mal, e imposibilitados de tener el más mínimo contacto con sus compañeros, porque saben que de inmediato los verán y que por eso pueden perder su trabajo”.

El acoso laboral se diferencia de lo que podría ser un simple conflicto en que se trata de una situación que se arrastra por mucho tiempo. Pero, de parte del trabajador ¿qué lo lleva a soportar tanto? Todos los expertos coinciden en señalar que ello se debe principalmente al miedo a perder el trabajo, lo que se acentúa en periodos de crisis económica. Además, si el empleado presenta su renuncia, pierde el derecho a indemnización por años trabajados.

Los daños sicológicos

Se estima que el acoso laboral es una de las causas más importantes del estrés laboral. En Santiago, el 25 % de los trabajadores padece estrés , lo que a su vez, provoca el 12 % de las ausencias por más de una semana al trabajo en nuestro país . Pero las consecuencias pueden ir más allá. En Suecia, por ejemplo, en clínicas especializadas en el tratamiento de víctimas de este problema, se ha determinado que el 80 % de los pacientes tiene pensamientos suicidas, y el 25 % ha intentado quitarse la vida.
Las víctimas del acoso laboral son, por lo común, personas “con pocas herramientas para enfrentar la vida en general —según lo describe Carlos Díaz— y muchas de ellas tienden a sentirse culpables de no ser capaces de salir de ese escenario, sienten que no están preparadas para buscar otro trabajo”. De hecho, cuatro de cada diez trabajadores chilenos dice no tener confianza en poder conservar su trabajo, y siete de cada diez dice que teme no poder encontrar un nuevo trabajo aceptable .

Al mismo tiempo son personas que, por lo general, hacen bien su labor y de carácter amable, lo que genera simpatía en su entorno. “Estos rasgos probablemente actúan como desencadenantes de los comportamientos de acoso, al ser percibidos como amenazantes por miembros de la organización”, explica Heinz Leymann. Por ello, por envidia, en ocasiones los propios compañeros de trabajo se ponen de parte del agresor.
Entre las numerosas formas de adaptarse a estas situaciones está el fenómeno del acostumbramiento. Irene Celis dice que muchos trabajadores le cuentan que el jefe los trata con garabatos y que, incluso, algunos de ellos contestan igual, generándose una relación constantemente tensa, pero que muchos empleados con el pasar del tiempo la ven como algo normal.

Judith, por ejemplo, sólo tomó conciencia de hasta qué punto había sido humillada cuando, en el propio restorán donde trabajaba, fue golpeada por un pariente del con la demanda judicial que presenté contra mis ex empleadores, porque tienen que entender que las garzonas somos tan personas como ellos y merecemos respeto”, dice.
El acoso laboral ante la justicia
De las 12 infracciones a las leyes laborales más frecuentes que conoce la Dirección del Trabajo, dos se relacionan con el acoso laboral.

Legalmente, el trabajador puede apelar ante la justicia bajo la causal de falta de probidad del empleador, o a la de cambio de función que causa menoscabo, entendida tanto desde el punto de vista material (remuneración), como desde el punto de vista moral; ambas pertenecen Código del Trabajo. También puede aducir daño moral, contemplado en el Código Penal.
Finalmente, se puede recurrir a la Constitución que se entiende incorporada cuando se firma un contrato de trabajo y que resguarda el derecho a la dignidad.
Por lo general, el trabajador llega a la justicia por hechos puntuales, como incumplimiento de contrato o no pago de indemnización por años de servicio. Pocas veces incluye un reclamo de indemnización por daño moral, el que si logra ser probado, puede incrementar hasta en un 150 % el monto de dinero que se recibe respecto de otras infracciones .

Una vez en tribunales, hay dos problemas: cómo probar y cómo medir el daño.
Para probar el acoso, los trabajadores deben presentar evidencias tales como testimonios de testigos y mails, faxs, memorándums, etcétera, en que aparezca el trato ofensivo. Luego está el tema de cómo medir el daño. “Cuando rompes un auto se puede saber cuánto se tiene que pagar por el valor de mercado del bien, pero ¿cómo determinar cuanto vale tu honor?”, explica el egresado de derecho Oliver Dvorquez, quien asesora a los trabajadores que llegan a la Vicaría del Trabajador. Por eso, es más fácil cuando existe una consecuencia más concreta, por ejemplo, una enfermedad laboral como estrés o depresión, cuyos costos de tratamiento pueden servir de parámetro para calcular la indemnización.

Convencidas de la necesidad de una legislación específica para el tema, las diputadas Ximena Vidal y Adriana Muñoz presentaron un proyecto de ley a comienzos de 2003 que busca incorporar cuatro artículos al Código del Trabajo. En lo esencial, el proyecto presenta un concepto amplio del abuso laboral en que se establece que su fin es “provocar un menoscabo material y personal” en el trabajador”, y promueve sanciones al agresor (sea un superior o un compañero de trabajo) a través de multas a beneficio fiscal, que oscilarían entre los $ 300.000 y $ 1.500.000, “sin perjuicio de las acciones que el trabajador pudiera ejercer en conformidad a las reglas generales”.

Además, hace aplicable el artículo 171 del Código del Trabajo para que el trabajador pueda ejercer la renuncia con derecho a indemnización (autodespido).
El abogado laboralista Álvaro Molina cree que en Chile están dados los mecanismos para denunciar el acoso laboral, pero, como suele suceder, las circunstancias que rodean al trabajador sin recursos impiden que la justicia llegue hasta el final. Se estima que más de la mitad de las demandas laborales terminan en acuerdo extrajudicial. “En los comparendos en la Dirección del Trabajo, los trabajadores casi siempre se enfrentan solos con el o los abogados que comienzan a hablarles en términos muy técnicos, cosa que no entiendan nada, lo que los asusta y los hace aceptar lo que les ofrezcan”, cuenta.

Ciertamente el acoso laboral es un problema que afecta en lo más hondo de la dignidad humana,. Una forma de enfrentarlo es mejorar el nivel de respeto entre empleadores y asalariados, como lo señala el padre Ignacio Muñoz, de la Vicaría del Trabajador para lo cual “es necesario que la empresa sea como una familia, una comunidad de personas. Es fundamental que cada uno se sienta necesario, ese es el verdadero respeto a la dignidad del trabajador”.

Acciones de agresión sicológica intralaboral

Contra la reputación o la dignidad: Entre otras, comentarios injuriosos contra la persona, ridiculización por algún defecto.

Contra el ejercicio de su trabajo: encomendar una cantidad de trabajo excesiva o difícil de realizar, o un trabajo innecesario, o tareas para las que el individuo no está calificado, o que son de menor rango. También la privación de toda labor.
Conductas dirigidas a manipular la comunicación o la información: No informar al trabajador sobre aspectos de su trabajo, o hacer un uso hostil de la comunicación tanto explícitamente (amenazándole, criticándole), como implícitamente (no dirigiéndole la palabra, no haciendo caso a sus opiniones).
Inequidad: diferencias de trato, distribución no equitativa del trabajo o desigualdades remunerativas.

Haydeé, vendedora de tienda Johnson’s

“En febrero de este año, 1.200 trabajadores sindicalizados de Johnson’s hicimos una huelga legal durante treinta días por el no pago de gratificaciones durante cuatro años y por exceso de horas de trabajo. Tratamos de aparecer en los medios, pero nadie nos hizo caso, y en una radio nos dijeron directamente que no informarían de nuestro caso porque Johnson’s era un avisador.
No conseguimos nada, y después de eso los empleadores empezaron a tratarnos más mal que antes. A mí no me dejan trabajar tranquila, me dicen que haga esto, pero no empiezo a hacerlo cuando me dicen que haga esto otro, o simplemente no me dan ninguna tarea.En un momento fue tanta la presión que les pedí por favor que me despidieran, pero me dijeron que si me quería ir, que renunciara, eso lo hacen porque si renuncio no me tienen que pagar nada.

Pero la Vicaría del Trabajador nos ha ayudado mucho. Durante la huelga nos acogió y todavía nos entrega acompañamiento espiritual y asesoría legal. Es un gran alivio tenerla a nuestro lado, así no nos sentimos solos”.

Fuente: Portal del Pluralismo 12/07/2004

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