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Testimonios de varias víctimas de acoso psicológico en el trabajo relatan su experiencia personal en Guadalajara y demandan más información a las víctimas.
Manuel Hernández Sáiz, madrileño, 51 años, es el presidente de "Acción contra el Acoso Laboral" (ACAL). Vive desde hace un cuarto de siglo en Cabanillas del Campo, desde donde coordina a escala nacional la pelea de las víctimas de "mobbing". Se trata de informar, denunciar y prevenir la vulneración de la dignidad en el ámbito laboral.
Su caso es extrapolable a miles en toda España. Era jefe de métodos y tiempos de una multinacional radicada en Alcalá y dedicada a fabricar congeladores. En 1996 comenzó su calvario. "La empresa me exige que presione a los trabajadores y éstos pensaban que yo le hacía un favor a la empresa. A finales de ese año sufrí dos infartos de miocardio y a principios de 1997, un tercero", relata. Se recuperó en cinco meses. Ahora vuelve a ser una persona normal, pero en los últimos años tuvo que aguantar fuertes presiones de la empresa, que le arrincona en su puesto de trabajo. "Me prohibieron que bajara a fábrica explica-, no podía tener relación con nadie y me dejaron solo delante del ordenador para que todo el mundo viera lo que hacía". En invierno le quitaban la calefacción y en verano el aire acondicionado. Le colocaron a dos fumadores a su lado, aun sabiendo su afección coronaria. "Me pasaba contando los minutos y los segundos, perdiendo el tiempo con el Windows o mirando por la ventana". Así estuvo desde 1996 hasta 2001, cuando lo despiden. Cree que el objetivo de la firma era aniquilar su personalidad para forzar su baja. Fue entonces cuando comenzó a visitar en el Hospital de Guadalajara al psicólogo y al psiquiatra.
En 2001, la empresa le despide por "causas objetivas". Manuel demandó a la firma. Su familia sufrió: su mujer no trabajaba entonces y sus hijos eran pequeños. "Por eso aguanté", remacha.
Presión
El mobbing es una voz de origen inglés que define el acoso de un grupo de personas o animales a otros de su misma especie. A partir de ahí, surgen variaciones. En realidad se trata de acoso laboral, hostigamiento
Una presión psicológica e incluso física. Se han dado casos de suicidios, aunque ninguno por ahora en Guadalajara. Hernández va más allá: "vemos como llegan los inmigrantes y trabajan en sectores como la construcción, casi en esclavitud, ¿alguien se ha pregunta su situación? Unos sueldos míseros, horarios ilimitados y situación degradante en la que el jefe decide sobre tu vida".
"No mucha gente sabe lo que es el mobbing y cuando lo conoce piensa que también le ha pasado. Guadalajara no es una población tan importante o hay unos datos estadísticas concretos, podríamos hablar del problema a nivel nacional", señala Hernández. Recientes estudios hablan de 20 millones de personas afectadas en la Unión Europea. Pero es difícil concretar las cifras por la invisibilidad de lo que acarrea el mobbing. "La gente no denuncia estas agresiones como mobbing, sino como vulneración de derechos fundamentales. El acoso psicológico, como el del acoso sexual o de la violencia de género, es que es invisible, pero no inexistente. Ese es el planteamiento que se debe hacer en un juzgado.
Explica Manuel que "hace poco nos presentamos como acusación popular en un caso en Almansa (Albacete), dimos una rueda de prensa, se presentaron una quincena de medios, pues bien, casi todas las personas que cubrían el acto habían sufrido los actos". Es el caso de cientos de periodistas. Como el de Gerardo Mediavilla Nieto, autor del libro "¿Por qué la han tomado conmigo?". Sufrió mobbing en su empleo en el Ayuntamiento de Madrid. "Me ningunearon, se me coloca en una situación de indignidad en una silla de cara a la pared, en un cuarto cerrado, en fin, situaciones de quitarme las competencias", cuenta. Sucedió hace tres años, lo denunció y ganó el juicio. Es la primera sentencia en España favorable a una víctima de mobbing. Restituido en su trabajo, ahora se dedica "a ayudar a las personas que sufren este problema, la gente todavía no tiene conciencia y es un tema casi clandestino, no está oficializado".
Por injurias al Rey
Todos los colectivos laborales se han visto perjudicados por el mobbing porque ningún empleo se salva. Funcionarios, empleados domésticos, políticos, periodistas y, aunque sus casos han trascendido menos, también militares. En Guadalajara se conocen dos. Uno de ellos ha accedido a hablar para este periódico. Su nombre, Domingo Cefón Simón, 52 años, divorciado con dos hijos de 16 y 23 años y natural de Castilblanco, un pueblecito cercano a Jadraque. Es coronel del Ejército destinado en la zona centro. Vive en Madrid pero en pocos meses pasará a la reserva y se dedicará, como él dice, "a mis queridas tierras alcarreñas, al campo, a la labranza y a la casa rural que me estoy haciendo yo mismo en mi pueblo".
Cefón hizo carrera en el Ejército y ha sido soldado, cabo, sargento, alférez, teniente, capitán y comandante. Asegura que fue víctima de vejaciones y de presiones psicológicas fuertes por varios incidentes con algunos superiores a los que casi prefiere no recordar públicamente.
Al psiquiátrico
Los problemas para él empezaron en 1985, cuando se enfrentó, cuando era teniente, con un capitán al que tilda de "facha". No oculta su vinculación política socialista y afirma que por ello le han pretendido echar del Ejército. Según narra, "aquel teniente, por ejemplo, a los soldados vascos o catalanes les cambiaba el nombre, Ander no era Ander, sino Andrés, y Jordi no era Jordi, sino Jorge; también decía que Pinochet era el mejor gobernante que podía haber. Yo le reprochaba su actitud y le manifestaba mi opinión, que era contraria". Ahí comenzó el sufrimiento. "Tuve muchos problemas con este hombre prosigue-, yo tengo ideología y estoy deseando irme a la calle para practicarla, pero entiendo que un militar debe guardársela. Un día, en una cena de campaña, el Rey salió hablando ante la ONU, este capitán dijo que el Rey era un tonto y un payaso". Cefón le recriminó estas palabras, así como algunas de las autoridades civiles presentes en aquel acto. "Él se puso conmigo como una fiera y me amenazó con arrestarme". Al día siguiente, le dejó abandonado en unas maniobras en los montes de Toledo.
La situación fue empeorando en los años siguientes. Todo acabó en un psiquiátrico. La noticia saltó a la prensa nacional. "Recuerdo que Cambio 16 y algunos periódicos progresistas se posicionaron a mi favor y la revista Interviú y Abc y otros medios, a favor suyo", rememora Domingo. El coronel puso varias denuncias por injurias al Jefe del Estado, por coacciones y amenazas y hasta por atentando armado: "un comandante me llegó a poner un revólver en la nuca". El tribunal psiquiátrico no tuvo más remedio que no concederle la baja porque su mente funciona perfectamente. Cefón ha aguantado todos estos años con dos objetivos: alcanzar el retiro y demostrar que sus facultades mentales están en orden y, en consecuencia, dejar al descubierto las falacias de los superiores que le sometieron a mobbing. "Yo al principio no me daba cuenta de estos ataques, pero al final sientes las mutilaciones por todos lados, por ser considerado rojo, en lo social, laboral, político o personal", afirma rotundo. El de Domingo Cefón es un caso extremo por sus circunstancias militares y por la dureza del caso, pero exhibe de manera nítida la gravedad del cáncer que representa el mobbing.
Proteger el capital humano en empresas
Una forma de pensar típica en las personas que no conocen a fondo el problema del Mobbing o acoso psicológico en el trabajo ni lo han presenciado jamás en su entorno laboral, es la tendencia a pensar de manera errónea que este problema les sucede habitualmente a los trabajadores mediocres, a los incumplidores, a los que fallan en el cumplimiento en sus obligaciones laborales, o a los que "meten la pata". En una palabra, a los "mantas". De este modo, atribuyen la culpabilidad a aquellos que padecen el Mobbing pensando que "algo habrán hecho". Este tipo de error atribucional, ampliamente conocido en Psicología, consiste en cargar la responsabilidad sobre las víctimas. Suele ser frecuente que hasta la misma pareja o cónyuge de la víctima incurra en él. Con ello rematan en el hogar "la faena" que los hostigadores laborales inician en el trabajo.
Tal tipo de mecanismo de defensa afecta asimismo a los compañeros de la víctima de Mobbing que, en un intento de salvaguardar su seguridad psicológica ante un eventual Mobbing sobre ellos mismos tienden a pensar "a mi nunca me ocurriría pues soy un trabajador cumplidor, y una buena persona". Incurriendo en este mecanismo de defensa, estos compañeros, al principio neutrales, se transforman en cooperadores necesarios, tácitos consentidores o testigos mudos de las agresiones que presencian en el trabajo.
De manera sorprendente, los expertos internacionales en este tema coinciden en señalar que el Mobbing afecta a trabajadores brillantes, a aquellos mejor valorados, a los más creativos, a los más cumplidores; en definitiva a los mejores de entre los recursos humanos de la organización.
Iñaki Piñuel Zabala es profesor de la Universidad de Alcalá en el campus de Guadalajara y autor de la investigación Cisneros.
Estudio con trabajadores alcarreños
El barómetro "Cisneros" sobre violencia en el entorno de trabajo se aplicó en España por primera vez durante el mes de mayo de 2001 a trabajadores en activo de todos los sectores de actividad en la Comunidad de Madrid y en el entorno de Alcalá de Henares y Guadalajara. Iñaki Piñuel, profesor de Psicología Clínica en la Universidad de Alcalá, es el coordinador de este estudio. "El mobbing o acoso psicológico en el trabajo escribe- supone la más grave amenaza para la salud laboral de los trabajadores en este nuevo siglo XXI". En los próximos años, y de no realizarse importantes acciones de difusión, identificación, prevención y sanción penal y laboral de dichas prácticas, muchas personas engrosaran las ya alarmantes cifras que la OIT y los estudios realizados por la Universidad de Alcalá proyectan sobre el problema. El Mobbing, identificado por primera vez por el profesor sueco Heinz Leymann al principio de la década de los 80 del siglo pasado, ha adquirido en España tintes y cifras epidemiológicas. Este tipo de agresión continuada y silenciosa está terminando con la salud física y psíquica de cientos de miles de trabajadores en la España. Más concretamente el estudio "Cisneros" arroja una cifra del 15 % de los trabajadores en activo, lo que equivale a más de 2 millones de personas en activo.

Fuente: http://www.guadalajara-dosmil.com
Enero de 2005
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