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Un perito industrial denuncia por 'mobbing' a un empresario murciano que «llegó a tirarme de las orejas para que barriera unas hojas»
Demandante: J. P. T. solicita la extinción del contrato por la modificación sustancial de las condiciones de trabajo en menoscabo de su dignidad. Además denuncia los continuos insultos y vejaciones por parte del empresario, llegando al maltrato físico. Según su letrado éste ha sido víctima de mobbing.
Demandado: El empresario niega que haya incurrido en tales conductas degradantes. Su abogado sostiene, que en el caso de existir, serían faltas que habrían prescrito.
Ministerio Fiscal: Considera que la conducta del empresario podría ser constitutiva de un delito contra la integridad moral y, en todo caso, de reiteradas faltas, pero que no se da el mobbing.
«En el último año me he convertido en el chico de los recados. Se me ordena acudir a por dulces a La Roda, ir a recoger al presidente del Consejo de Administración los fines de semana para que pueda ir a su finca, lavar su coche, cerrar la puerta de su cuarto de baño, ir a comprar detergente...».
Los hechos narrados por J.P.N., perito industrial en una empresa murciana desde hace más de treinta años, son la punta del iceberg de lo que dice haber padecido en su trabajo en los últimos tiempos. Las presuntas vejaciones e insultos continuos, e incluso maltrato físico por parte de su jefe, J.M.N., han motivado su denuncia por mobbing ante el Juzgado de lo Social número 7 de Murcia.
«Éramos algo más que jefe y empleado, teníamos una relación casi de padre e hijo», se excusaba el empresario ante el juez. Escudándose en ese supuesto buen entendimiento, el dueño de la empresa justificó cualquier salida de tono que hubiera podido tener con el trabajador. «Si le he insultado alguna vez no ha sido para humillarlo».
Durante toda la declaración el empresario mantuvo una actitud altiva, casi retadora. «Puedo utilizar a P. para lo que quiera, soy su jefe, y si yo tengo que ir a Albacete él se viene», llegó a contestar al Ministerio Fiscal.
El propio representante público manifestó en su informe que bastaba con la declaración y el comportamiento del demandado cuando el trabajador entró a la sala, para entender que había un reconocimiento implícito de los hechos. «Mantenía una relación casi feudal y preindustrial so pretexto de que era su hombre de confianza»
J.M.N., un hombre corpulento y de gran carácter, no tuvo reparo alguno en propinar al trabajador dos fuertes palmadas en la espalda cuando se cruzaron en el juzgado. J.P.N., con la cabeza gacha y sin entender aquel gesto, comenzó su declaración. «¿Cómo ha sido su relación con el dueño de la empresa?», preguntó el abogado del demandante. «Yo creo que era su mano derecha». Así parece que había sido durante más de treinta años. Ambos, empresario y trabajador, habían pasado días juntos con sus respectivas familias. Pero, en los últimos meses el trabajador perdió siete kilos. Según su relato, hace dos años la situación se volvió insostenible; «los insultos eran diarios».
Así lo ratificaron más de diez testigos, todos ellos proveedores y trabajadores de la empresa. «Un día le dijo gritando que recogiera las colillas y los escupitajos que había en el suelo», explicaba uno de ellos.
«¿Cómo aguantas?», es algo que acabaron por preguntarle todos. Según sus testimonios, escuchar cómo lo llamaba «tonto del pijo, h... de p..., gilipollas...», era vergonzoso. «Llegó a tirarle de las orejas para que barriera unas hojas
secas».

La Verdad.es
29 de mayo de 2003
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