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Alrededor de medio centenar de trabajadores han sufrido el acoso durante los cuatro años de conflicto. Algunos bomberos relatan los costes laborales y personales que han vivido en este tiempo
O conmigo o contra mí. La vida diaria en el edificio de Seguridad Ciudadana deja traslucir dos bandos claros que tienen como elemento diferenciador al que hasta hace algo un mes era jefe del área de Seguridad Ciudadana Agustín de Luis. "Tengo compañeros y amigos íntimos de más de 20 años con los que no me hablo desde que este hombre fue nombrado jefe", lamenta uno de los bomberos que en estos años ha vivido muy de cerca el conflicto.
Desde que a finales del año 2000 Agustín de Luis tomara las riendas las cosas y el ambiente de trabajo han cambiado radicalmente en el edificio de El Rubín. "Entró el primer día y ya hubo insultos directos para el cuerpo de bomberos", recuerdan los trabajadores. Desde entonces y hasta hoy, cuando su sustitución se ha consumado y el conflicto ha llegado a los tribunales, alrededor de medio centenar de trabajadores han convivido "con el insulto, la amenaza y la preocupación porque nos expedientaran a diario". El saldo se cuenta en decenas de bajas psicológicas e incluso prejubilaciones con menos de 30 años tras largos tratamientos psiquiátricos.
Han sido cuatro de protestas continuadas ante el ayuntamiento en cada pleno. El ruido de los megáfonos y las cornetas ya es familiar para los bomberos, pero sus reivindicaciones se han cobrado un precio alto dentro y fuera de su puesto de trabajo. "Un día de los que nos manifestamos pasó por delante de nosotros y nos dijo con tono desafiante que nos íbamos a enterar de quién era él", recuerda uno de los bomberos que participó en la concentración.
LAS FAMILIAS A los trabajadores del cuerpo de bomberos les asoma una sonrisa de casi indignación cuando oyen a los concejales pedir respeto para la familia de De Luis y cargan con "el linchamiento" del que para ellos está siendo objeto. "En estos años para él nunca han contado las familias de los demás", aseguran. " Vais a llevar a las fregonas a la próxima manifestación?", les preguntó en alguna ocasión en referencia a las mujeres de los bomberos.
Otros trabajadores incluso han visto como policías de paisano se presentaban en sus domicilios particulares durante un permiso de descanso para comunicarles que debían volver al trabajo.
"Al principio no entendía por qué se manifestaban y protestaban, sólo pensaba en que las broncas en casa eran diarias. Ahora lo único que quiero es que este señor desaparezca de mi familia, que no le pase nada, pero que se vaya". Son las palabras de la mujer de un bombero que en los últimos cuatro años ha visto cómo su marido sufría una baja psicológicas y las discusiones se multiplicaban por causa de un conflicto laboral.
Tienen claro que han sido víctimas de mobbing, pero las posibles responsabilidades a las que ahora se enfrenta Agustín de Luis son penales, por presuntos delitos de prevaricación, desobediencia y malversación de fondos públicos.
LA ESTRATEGIA Para bomberos que llevan más de una década en el cuartel lo único que les ha pillado de nuevas es "la actitud desafiante y de estar siempre un peldaño por encima del resto". Racuerdan muy bien como empezó a cambiar el ambiente en el servicio.
Era la primera vez que policía y bomberos compartían sede y "De Luis ya tenía su sistema implantado sin problemas entre los policías", pero muchos de los trabajadores de bomberos "no pasaron por el aro".
Todos coinciden al relatar la estrategia De Luis. "Intenta como comprarte y si no te pliegas por las buenas, entonces se enfrenta a ti", explican. Así, recuerdan por ejemplo cuando al cuartel empezaron a llegar presentes como un billar, un ajedrez, la prensa deportiva, el satélite o incluso marisco y embutido alguna que otra vez. Cuando meses más tarde el conflicto laboral empezó a radicalizarse "igual que llegó de forma misteriosa simplemente desapareció y nos lo quitó".
EN EL DESPACHO CON TESTIGOS Casi todos los trabajadores de bomberos han desfilado por el despacho personal de Agustín de Luis. "Te llama de uno en uno y siempre en presencia de testigos y no deja de provocar y amenazar para ver si consigue que respondas y tener un motivo y un testigo para abrir expediente", relatan algunos de los que pasaron por ese trámite en más de una ocasión.
Más de la mitad de la plantilla de SEIS ha sufrido en mayor o menor medida este tipo de situaciones en los últimos cuatro años. "El trato corto o cercano no existe. Sólo existe él", describe uno de ellos.
A lo largo de estos años los bomberos rebeldes han hecho colección de motes y apelativos. De Luis les ha llamado en público "la banda del calamar", y en privado les ha acusado de ser "terroristas" y los ha comparado con Otegui.
Después de cuatro años de conflicto laboral enconado la factura es alta para todos. Bajas psicológicas, expedientes laborales, protestas en la calle, cruces de acusaciones entre todas las partes y sustituciones y ceses.
Un saldo del que nadie se siente orgulloso y que todos esperan que se cierre depurando las responsabilidades oportunas. El fuego del área de Seguridad Ciudadana no ha hecho más que avivarse en los últimos cuatro años y después de tanto tiempo sólo esperan que llegue el final que consideran justo para todos. Eso sí, todos reconocen que "las heridas tardarán en curar".

La Voz de Asturias
23 de enero de 2005
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