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El Refugio de Esjo

Mobbing
Acoso psicológico

 
 


Contra el "mobbing" o acoso laboral

 

"Muchos trabajadores saben cómo de repente un día las cosas empiezan a ir mal, cómo algunos compañeros le dan la espalda, dejan de tomar café con él, le evitan en cuanto pueden y ya no le invitan a las reuniones informales"

Un minero y un buzo pueden pensar que el puesto de trabajo de una enfermera, de un ejecutivo, de una empleada de guardería, de un maestro o de un agente comercial son puestos de trabajo de poco riesgo ya que, en efecto, no hay peligro de explosión de grisú o de ataque de tiburones, pongo por caso.

Sin embargo, la realidad no es así. Muchos trabajadores sabemos que un despacho, una oficina, una sala de juntas o los pasillos de una empresa pueden ser una insoportable y patógena sucursal del infierno.

Según cifras proporcionadas por recientes investigaciones hay más de un millón y medio de trabajadores españoles víctima de lo que se viene llamando acoso laboral, acoso moral, psicoterrorrismo o mobbing, un problema que muchos conocen pero que pocos saben decir cuál es su nombre.

Aprender a decir el nombre de esta pervesión es empezar a defenderse de ella y a prevenirla.

Acoso laboral es sucesión de actos hostiles dirigida contra la persona elegida como víctima. Si no hay sucesión de hostilidades no hay mobbing ya que un problema aislado no suele acabar con el sistema nervioso de nadie. El propósito del acosador ( o de la cuadrilla de acosadores y acosadoras) es sencillamente hacerla desaparecer del paisaje laboral, acabar con ella: acabar con su paciencia, acabar con su capacidad de comprensión y de respuesta, acabar con su equilibrio emocional, acabar con su rendimiento laboral, acabar con su salud y –en el colmo de su perversa victoria- acabar con su vida. ¿Qué pasa en la M-30, por ejemplo, en donde con tanta frecuencia tantos pierden la vida en accidentes tontos de difícil explicación? en Suecia saben muy bien que detrás de muchas muertes así hay un cuadro típico de mobbing.

Muchos trabajadores saben cómo de repente un días las cosas empiezan a ir mal, cómo algunos compañeros le dan la espalda, dejan de tomar café con él, le evitan en cuanto pueden y ya no le invitan a las reuniones informales. La víctima empieza a sufrir lo que se llama estigmatización o demonización antes incluso de saber que detrás de todo suele haber una persona psicopática que no puede tolerar la paz espiritual, la generosidad, el individualismo, la pertenencia a alguna minoría, la simpatía, la capacidad de liderazgo, la felicidad familiar, la empatía o el brillo profesional de la víctima.

La desorientada víctima, incapaz de entender que eso le está pasando precisamente a ella, comienza a mostrar los primeros síntomas del mobbeado: desconfianza, miedo a su lugar de trabajo, irritabilidad transportable a cualquier ámbito de la vida, obsesiones, insomnios, más irritabilidad, problemas en el estómago, irritaciones en la piel, etcétera. Estos problemas (sobre todo si la víctima pierde la serenidad, lo cual es muy probable) engendran otros más, y otros más, y otros más, hasta que se produce el desastre irreparable: despido, empobrecimiento, depresión crónica e incluso muerte. Hay registro de casos en que el acosado decide suicidarse en su propio puesto de trabajo-tortura. Lo más perverso es que el acosador suele salirse de rositas. Crimen perfecto.

Cuando se denuncia el mobbing en la empresa del mobbeado lo que hace la empresa casi siempre es negarlo rotundamente. ¿Cómo admitir prácticas de crueldad, de perversión y de violación de derechos en este lugar tan democrático y con tantos colorines? La empresa suele ofrecer varios tipos de excusa que ya han sido tipificados, cuatro exactamente, los que define el balsámico doctor Iñaki Piñuel y Zabala en su último libro.

De las cuatro excusas, a mí me dieron dos: a) el conflicto es inevitable entre humanos y b) ya sois mayorcitos. Se trata de mirar hacia otro lugar, de hacer la avestruz y de evitar la vergüenza. Muchas veces –por no decir siempre- el acosador y sus conchabados tratan de convencer al acosado y a los espectadores del cuadro de que el problema es el propio acosado, que es problemático, que tiene un carácter muy raro, que es violento, que es grosero, que tiene carencias de tal o cual tipo y que encima está malfollao.

Hoy es posible identificar el mobbing y hablar de él con palabras adecuadas. Lo letal es cuando los psicólogos de algunas empresas no son capaces ni de diagnosticarlo ni de pronunciar su nombre. Algunos de estos psicólogos incluso acaban convirtiéndose ellos mismos en amedrentadores o aterrorizadores telefónicos de la víctima. Estos profesionales merecen piedad porque suelen tener miedo a caer ellos mismos bajo las ruedas dentadas e los mortíferos procesos del mobbing. Por algo son psicólogos de la empresa.

Lo más difícil en las respuestas antimobbing, por otra parte, es demostrar que éste está en efecto activado, sobre todo cuando el acosador es tolerado con pasividad y connivencia, controla a testigos mudos, acapara la exclusiva del lenguaje y, por ejemplo, llama desvergonzadamente consejo a lo que en realidad es una amenaza, una coacción o un torpe truco nominalista para darle la vuelta a las cosas. ¡Ojo! Los acosadores también saben ser amables y encantadores aunque a veces –si se les provoca un poco- pueden perder los nervios y entonces tratan de defenderse a gritos. Sin embargo, es muy conveniente que la víctima nunca sea violenta con su acosador. De ninguna manera. La reacción sin control del acosado ante el acosador siempre incrementa la demonización del acosado, lo cual multiplica sus problemas y la ignominiosa victoria del acosador.

El acosador sabe que desde la tozuda negación, la pasividad jerárquica y la connivencia de otros es difícil que se demuestre su perversidad. El desconocimiento público de la existencia del mobbing es el mejor aliado del acosador y de las bandas de acosadores.

Así pues, es muy importante para la víctima controlar la ira y convertir sus reacciones incontroladas en respuestas organizadas desde la inteligencia. También es importante que el acosado no odie ni a su acosador ni a sus testigos mudos, que también pasan lo suyo.

El mobbing, -muy combatido en los países anglosajones- está instalado entre nosotros. Aprendamos a desenmascararlo y a combatirlo. Publicitar su abominable identidad es vital para todos. Las empresas y las instituciones públicas y privadas, como primeras perjudicadas del mobbing, darían un gran paso esforzándose por admitir valientemente su existencia y elaborando protocolos contra el terror laboral.

El mobbing, dicen los especialistas, es una plaga laboral que sobre todo actúa en empresas públicas y privadas fundadas entre la segunda mitad de los años ochenta y los primeros noventa, muy curiosamente. Aprendamos, pues a diagnosticarla, a defendernos de ella, a neutralizarla y a extirparla del tejido social.

LEVANTE DE CASTELLÓN, 12/01/2002

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