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Cuando
un individuo intuye una situación amenazante su organismo comenzará a segregar
adrenalina para así enfrentarse al peligro o para poder huir. Los niveles
altos de adrenalina provocan: arritmias, sudoración, temblores y miedo.
El miedo es un signo de alarma, es el indicador de que hemos estado
expuestos a una situación difícil.
Se puede sentir miedo en muchas
circunstancias vitales y por causas muy diversas.
Cualquier persona,
victima de un atraco, cuenta dicha experiencia a amigos, familiares y vecinos,
con todo lujo de detalles. Los oyentes de la historia se interesaran por lo
acontecido y mostraran su apoya en función del vínculo que le una a la persona
objeto del delito. También habrá quien en un principio intente explicar el
suceso responsabilizando a la victima de ser descuidada o de ir por sitios
desolados sin tomar precauciones, etc... pero al final a quien se acusa es al
delincuente. Tenemos raíces judaicas y ello implica que cuando ocurre algo
negativo suele surgir el pensamiento de "algo habrás hecho para merecértelo".
Ello está latente en el inconsciente colectivo. Incluso en el caso de una
gripe puede alguien comentar "claro, si vas muy desabrigado".
Pues
bien, continuando con el caso del atraco, la victima puede volver a sentir
miedo por tener que enfrentarse al atracador en un juicio pero no suele
avergonzarse por mostrar las marcas o secuelas que le infirió el
delincuente.
El caso anterior puede servir de ejemplo para los casos de
mobbing.
En el mobbing, el acosador pretende destruir a la victima y
esta a su vez trata de aguantar hasta el límite de lo imposible. Al principio,
busca una explicación a lo que le está sucediendo. Puede buscar la
justificación en un fallo personal ( habré hecho o dicho algo ...), esta es la
autoinculpación de origen judaico. También puede pensar que otros compañeros
de trabajo están sometidos a presiones parecidas y no les afecta en el mismo
grado con lo cual ya se muestra un debilitamiento en la
autoestima.
Otro recurso es pensar " no hay mal que cien años dure"
para sobrellevar y aguantar el acoso. Pero en la mayoría de las ocasiones
viene la respuesta a este refrán:"ni cuerpo que lo resista". Y el cuerpo
comienza a resentirse hasta que llega un día en el cual se bloquea porque no
quiere continuar acudiendo al lugar dónde lo maltratan. Así que, se bajan las
defensas inmunológicas y cualquier resfriado se hace eterno. Comienzan las
arritmias cardiacas, la tensión arterial se eleva, baja el estado de ánimo,
surgen las alteraciones del sueño, irritabilidad, falta de concentración,
lagunas en la memoria …
Hasta que quién está sufriendo esta situación
llega a plantearse el : " Yo nunca he sido así, estoy perdiendo el equilibrio
emocional, ¿ QUE ME OCURRE ?.
Pues lo que te ocurre es que te han
estado dando una brutal paliza, de modo continuado pero con la gentileza de no
dejar marcas exteriores. La lesión es interna. En este tipo de lesiones no
sólo está dolorido el cuerpo sino también todas las estructuras psíquicas de
la persona.
Ya el daño no se puede ocultar y es cuando la víctima se da
cuenta de que los efectos que padece son el resultado de la situación agresiva
que sufre.
La autocuración es difícil, el decir "con esto puede yo".
Con el apoya del entorno se cicatrizaran las heridas más rápidamente y se
renuevan fuerzas para hacer frente al agresor.
El acosador consigue sus
perversos objetivos a base de perseverancia, sutileza y por rendición de su
víctima. Encauza todos sus recursos para lograr dichas metas y cuanto más
difícil es el rival más fuerte apostará para así alimentar su ego.
El
soportar una situación de acoso ya da signos de la fortaleza y entereza de
quién lo padece. Pero aún queda algo más y es el contar a amigos, familiares,
compañeros, conocidos, vecinos, abogados, inspectores de trabajo, médicos de
empresa, jueces…que ha ocurrido, cómo, cuando, los daños ocasionados y con
todo lujo de detalles como en el caso del delincuente.
El acosador
quiere anular a la víctima así que no hay que avergonzarse por mostrar
secuelas como: angustia, ansiedad, tristeza, insomnio, miedos…porque estos no
son signos de debilidad del acosado sino pruebas de la crueldad que ha
ejercido el acosador.
Cuando aprendamos a decir: "Te tengo miedo porque
mira lo que me has hecho", podremos acusar con más rigor al culpable de esos
daños.
Al ocultar las secuelas se protege a su autor. El acosador sabrá
que está debilitando a su víctima pero si ella no lo muestra públicamente el
seguirá ganando porque, sin pretenderlo, se le está
encubriendo.

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