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En el encuentro nacional sobre Acoso Moral en el Trabajo,
celebrado en el mes de octubre de 2002 en Cuenca y tras dos días de jornadas,
era el momento de las despedidas y un niño, después de recorrer con su mirada
al grupo de personas que estábamos allí, se dirigió a su madre diciéndole:
“Pero,… ¿me vas a decir quién es mobbing?”.
Los allí presentes sonreímos porque todo un
fin de semana oyendo hablar de
mobbing y nadie se lo había presentado. Pues algo parecido
ocurre en el ambiente familiar.
Una de las fases por las que atraviesa la persona acosada
laboralmente es la de centrar todos sus pensamientos y conversaciones entorno
al conflicto laboral. Busca cualquier tipo de información relacionada con el
tema, avisa a familiares y amigos para que graben cualquier programa de
televisión y radio o que recorten los artículos de prensa referidos al
mobbing. Cualquier tertulia, sin saber como, desemboca en
el tema del acoso laboral.
El acosado está deseando finalizar con esta situación pero
quienes le rodean también, porque llega un momento en el cual todo está
mediatizado por el acoso que se sufre; hasta el punto en que se mete incluso en
su cama impidiendo el pleno disfrute de las relaciones sexuales (ya sea por la
preocupación, el enojo, la distracción, el cansancio, la desilusión o por los
tratamientos farmacológicos).
font-family:Arial'>Pues bien, si el mobbing está
presente hasta en el dormitorio, ¿cómo no van a percibirlo o a notarlo los
hijos
Da igual la edad, la inteligencia o la sensibilidad pero
desde que llegó el mobbinga casa, algo ha cambiado.
El padre, o la madre van al médico con más frecuencia y también acuden al
abogado. Se preguntaran:” ¿qué está ocurriendo?” y dependiendo de su nivel de
comprensión pueden llegar a conclusiones como:
-Están
enfermos,
-Se
van a divorciar,
-¿Qué
va a pasar conmigo
Mantener a los hijos al margen hace que aumenten las dudas
avivadas por el poder de su imaginación.
Dependiendo de la edad habrá que explicarles por qué se está
enfadado, se llora, no se acude al trabajo, no apetece ir a la playa… Los niños
viven los conflictos de un modo menos trágico que los adultos. Son capaces de
comprender y asimilar si hablamos en su mismo lenguaje.
Cuando el hijo pregunte: "qué
pasa?”, habrá que responderle de modo sencillo y tratando de ser fiel a la
realidad porque evadir la respuesta o mentirles, con el propósito de protegerlos,
sólo les lleva a la desconfianza y al distanciamiento.
Si el niño es pequeño, se le podrá poner un ejemplo como: ¿te
acuerdas cuando tu compañero te pegó en el recreo?, no te gustó nada, ¿verdad?
y estabas deseando de llegar a casa para contarlo…Pues a mi, mi compañero me ha
puesto la zancadilla y fui a decírselo al jefe y encima me han castigado por
acusica, así que ahora he de trabajar más y me pagaran menos.
Si el hijo es un adolescente, se puede dialogar más sobre el
asunto pero, no os asustéis si en un momento dado abandona la conversación
diciendo:”vale, me estás rayando”. Es un modo de expresar su agobio y que ya
han tenido bastante por el momento. Cuando asimile esa información volverá a
demandar másy será el momento para
retomar el tema, así comprenderá y os entenderá.
Es preferible que las explicaciones sean claras y concisas.
Imaginaros que vais a Hacienda a preguntar alguna duda sobre la declaración de
la renta. Primero, queréis que os atiendan debidamente, no esperar largas colas
porque eso desespera, trato amable y por supuesto que no os hagan un curso
acelerado sobre derecho tributario. Pretendéis resolver una duda y no salir de
allí con cinco dudas más porque, si es así, terminareis diciendo:”he venido a
preguntar una cosa y no sólo no me he enterado sino que además estoy aún más
perdido”. Pues igual ocurre en el caso de los hijos.
Es conveniente explicar según vayan preguntando. Responder a
lo que se pregunta y si no les queda claro volverán a preguntar una segunda
vez. De modo paulatino para que la información no les desborde y para que
puedan asimilar la información según sus conocimientos y experiencias.
Por supuesto:
- Evitar
mantenerlos al margen porque ellos saben que algo está ocurriendo.
- Y sobre todo, no apoyarse en
los hijos.
La persona adulta debe enfrentarse a sus propios problemas y
no descargarlos en otro, porque así no se resuelven,
sólo se trasladan de una a otra persona. Los hijos no deben hacerse cargo del
equilibrio emocional de los padres por muy maduros y responsables que sean.
Están formando su personalidad y, por lo tanto, aún no tienen la suficiente
corpulencia psíquica para llevar una mochila cargada con las necesidades de
otro. Si van llenando el macuto con las prendas para abrigar a los padres
seguro que no hallarán sitio para su propia ropa.
Entonces,… ¿el mobbing afecta a
los hijos?
El acoso laboral suele influir, transitoriamente, en la
dinámica personal y familiar. Es decir, no es una situación definitiva aunque a
veces se prolongue tanto que pueda percibirse como tal.
Aunque en muchos momentos la apatía, la desilusión, el
abatimiento o la tristeza limiten para dedicarse con el entusiasmo de siempre a
los hijos, cuando estéis más fuertes podréis disfrutar de nuevo juntos.
Ser padres es un empleo con una jornada laboral de 24 horas
diarias todos los días del año y sin vacaciones, no hay posibilidades de
promocionarse y el cargo suele ser vitalicio. Con esta dedicación no todos los
días se puede rendir de igual modo ni con la misma intensidad de energía.
La productividad del trabajo de ser padres no se obtiene al
finalizar la jornada del día, ni de la semana, ni del mes.
El resultado de la tarea de ser padres es una inversión a
muy largo plazo. Así que, como en el caso de la bolsa tendrá movimientos al
alza o a la baja. Pero en el caso de mobbing, las
pérdidas no suelen tan dramáticas como para traumatizar a los hijos.
Sevilla, Octubre de 2002

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