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Posiblemente no exista gran diferencia
aparente entre las características de la mayor parte de
acosadores y el resto de la población. Nos encontraremos con
acosadores que se manifiestan como grupo, acosadores que
intervienen institucionalmente, aquellos que lo hacen a título
propio y un sinfín de casuísticas diversas. En la mayor parte
de los acosos morales o psicológicos en el trabajo primará
fundamentalmente el objetivo y el interés que persigue esta
figura en su proceso de hostigamiento. Algunos autores han
referenciado (magníficamente) características subyacentes en la
personalidad del acosador tomado como individuo (González de
Rivera nos habla del MIA, Hirigoyen y Piñuel advierten características
psicopáticas referidas a una ausencia en la capacidad para
ponerse en el lugar del otro y asimilar sus sentimientos.)incluso
se ha llegado a tocar la posibilidad de ciertos rasgos esquizofrénicos.
Quisiera centrarme en este último punto y más concretamente en
la percepción de la realidad que estos individuos tienen. El
acosador construye un orden social mediatizado por sus propios
objetivos, por sus experiencias o por su adscripción a los
valores culturales de la organización en la que desarrolla su
actividad. Esto dará pie al origen de su conducta de acoso.
Pondrá en marcha sus estrategias con el objetivo de ajustar la
conducta de la víctima a ese orden social construido y esperará
fehacientemente el beneficio. Si durante el proceso y percibe que
dicho proceder no se ajusta a los cánones marcados por el
contexto en el que desarrolla su proceso, tratará por todos los
medios de cambiar la percepción de aquellos que rodean al
acosado intentando establecer una red que justifique y
salvaguarde sus actos de algún tipo de consecuencia negativa hacía
su persona se entiende.
En este propósito alcanzará límites insospechados que, incluso
pudieran muy bien ser susceptibles de evaluarse como rasgos de
esquizofrenia cuando dicha figura introyecta su discurso.
Si el acosador se ve obligado a alcanzar esta frontera, no
reparará en las consecuencias de su posición, arrastrando con
él tanto a personas como a recursos de la organización para
justificar la inverosimilitud de la conducta que se le imputa y
salvaguardar su inocencia haciendo pensar que su víctima sufre
trastornos emocionales que se manifiestan en un exceso de rasgos
paranoides o de otra índole, quizás más difamatoria.
Esta será la manera más común de establecer una propia
estrategia de defensa, por parte del acosador, si llegado el
caso, las autoridades o los responsables de la organización
laboral se interesan por las denuncias de la víctima.
¿Puede convertirse
el acosado en acosador?
En cualquier proceso de conflicto siempre se corre el riesgo de
invertir o permutar los papeles en una escalada de las
agresiones, máxime cuando ya se conocen las estrategias que
utiliza la otra parte y si además unimos a ello el hecho de
sentirse dañado quizás nos sintamos legitimados para utilizar
alguno de los argumentos o de las técnicas agresivas que se han
cursado por hacia nosotros. Por tanto a nivel personal y sí sólo
dependiera del hecho de la conducta individual cualquier acosado
puede convertirse en un acosador. Pero un análisis detallado de
la cuestión nos conduciría necesariamente a considerar algunos
aspectos que en esencia reflejarían la máxima de "querer
no siempre es poder" y me explicaré.
El acosador puede ser en principio una persona a un grupo y si
analizamos la situación en la que esta persona o grupo se
desenvuelve podríamos enseguida identificar algunos aspectos muy
importantes que tienen que ver con la respuesta que vamos
buscando:
1. La motivación del acosador. Persona o grupo,
el objeto del hostigamiento para el acosador es la adscripción
de la conducta de la víctima a sus propios objetivos, estando
estos objetivos en consonancia con los de la propia organización
o bien buscando el beneficio propio.
2. La naturaleza del acosador. En muchos casos
esta naturaleza puede ser patológica, aunque no siempre es así.
Hay ocasiones en las que el acosador sencillamente esta haciendo
uso de un mal entendido o introyectado "poder" que le
ha conferido la organización y sólo aplica un exacerbado
proceso de socialización sobre el afectado por al mobbing,
aunque visto desde cualquier angulo, normalmente es insensible al
daño que esta causando.
3. Los medios del acosador. En cualquiera de los
casos que analicemos, ya se trate de una posición legitima o de
una posición de hecho, de un sujeto o de un grupo, el acosador
mantiene una posición de superioridad asimétrica ante el
acosado, que le permite la utilización de recursos de la propia
organización para su fin. Dispone de mayor poder y por tanto de
gran facilidad para dañar.
4. La oportunidad del acosador. Analizando en el
tiempo, el acosador no ejerce su proceso de hostigamiento en un
solo suceso temporal, sino que lo hace durante largas etapas. El
mobbing es un proceso progresivo y de desgaste. Cuando este
comienza su proceso lo está haciendo con la oportunidad de la
impunidad, la inocencia o el desconocimiento de su intención,
por parte de la víctima y el apoyo de la organización, al menos
inicial.
5. El desgaste de la victima. Al llegar a cierto
grado de permanencia y de persistencia del acoso, la víctima
esta ya deteriorada en muchos aspectos que rozan con su
equilibrio de salud, con sus motivaciones personales y con el
posible uso de los recursos que están a su alcance.
6. El lugar de acoso. La figura que ejerce el
hostigamiento lo hace en el propio entorno laboral, utilizando
los recursos, los procesos o la infraestructura de la propia
organización laboral, lo que hace difícil su identificación,
al menos en principio.
Cualquiera de estos puntos sería muy difícil de invertir y
propiciar que el acosado se convierta en acosador.
Es comprensible que cuando se conoce el daño causado por el
mobbing, quien lo ha sufrido se pregunte: ¿estaré actuando
igual si me defiendo?... pero no nos engañemos, difícilmente se
puede llegar a disponer de todo este cúmulo de circunstancias y
por tanto, puede que el acosado se convierta en otra cosa, pero
nunca tendrá la oportunidad de convertirse en figura mobbeadora
en esa misma relación en la que ha sido víctima.

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