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Iñaki Piñuel presenta el primer manual de autoayuda para que las víctimas del acoso laboral reconozcan los síntomas y le hagan frente.
M. Tomás, Valencia
Resulta escalofriante saber que más de dos millones de personas en España sufren acoso psicológico en el trabajo o mobbing. Gente, la mayoría de las veces incomprendida, con nombre y apellidos, familia y mucho sufrimiento interiorizado que, por regla general, desconoce que es víctima de este riesgo laboral, que no enfermedad, y acaba excluido de su trabajo, el objetivo final de su acosador. Pero no hay que tirar la toalla: el mobbing se supera.
Este problema cuyo crecimiento está resultando alarmante ha sido abordado por el profesor de la Universidad de Alcalá de Henares Iñaki Piñuel que, invitado por la Asociación Valenciana contra el acoso psicológico en el trabajo, presentaba en el Club Diario Levante el primer Manual de autoayuda para las víctimas de mobbing. Reconocido como uno de los principales expertos en la materia, el autor ha compendiado las claves para reconocer una situación de mobbing -una circunstancia que tarda en producirse- y hacerle frente. Piñuel explicaba que este tipo de acoso es la confirmación de la creciente pérdida de valores humanos en la sociedad y, en concreto, en las empresas. «El nuevo terror laboral que supone el paro explica el conformismo del trabajador y que se trivialice el problema considerando el mobbing como un mal consustancial con el trabajo», señalaba Piñuel.
De hecho, la presidenta de la Asociación valenciana, Amparo Ros, comentaba la tendencia a que las víctimas sean consideradas «gente débil que no sabe afrontar una mala situación laboral». Y sin ir más lejos, el ministro de Trabajo, Eduardo Zaplana, ha ordenado que no se investiguen las denuncias de los funcionarios por acoso laboral. De otro lado, las empresas suelen atribuir estos casos a la incompatibilidad de caracteres, problemas de liderazgo o estrés laboral para no reconocer que existe un problema.
La película de la vida
«La sociedad ha interiorizado las películas de final feliz», decía Piñuel.«Pero la película de la vida no siempre acaba bien. El mundo no es ideal», añadía. De ahí que su manual destierre esa idea de que si haces bien tu trabajo y eres solidario te irá bien y viceversa: si te va mal, algo habrás hecho.
Este profesional no aséptico de la psicología remarcaba que esa secuencia lógica no funciona. Al contrario, «suele ser la gente más válida la que sufre mobbing». Generalmente por celos, por no querer participar en un fraude, por tener la intención de quedarse embarazada, por no someterse a imposicionesÉ «Algo no va bien cuando las empresas destruyen su mejor capital: el humano», reflexionaba apuntando que un denominador común en los afectados es gente considerada superdotada.
Piñuel introduce en el libro una idea básica: la inocencia de las víctimas. El manual también presta atención al perfil del agresor, generalmente narcisista y con baja autoestima que ejerce su capacidad de manipulación de manera sutil pero persistente, a través del ninguneo, el trato degradante, la coacción o las imputaciones personales sobre sus subordinados, la mayoría de las veces, aunque también sobre sus iguales.
El resultado es un círculo vicioso que consigue convencer al entorno y a la víctima de que es en sí misma un error. Como dato a tener en cuenta, el 54% de los que sufren mobbing son mujeres, y las que tienen entre 40 y 50 años son el segundo perfil más afectado por detrás de los menores de 30 años en situación laboral precaria. Los sectores más afectados son la Administración pública, la educación, la sanidad, los medios de comunicación y la hostelería.
«Reconocer que se sufre mobbing, desterrar el pensamiento de culpabilidad y apoyarse en la pareja y la familia son pasos importantes para salir de este infierno», añadía Piñuel. Según explicaba, las víctimas no verbalizan el problema, lo somatizan en ansiedad, cefaleas o depresiones y en muchos casos los diagnósticos médicos son erróneos. A la pérdida del trabajo se une entonces un divorcio por no haber comunicado lo que ocurre. «Se generan casos de desasistimiento total», señalaba Piñuel.
¿Cuál es la causa del problema?
Los errores diagnósticos son otra barrera a saltar. «Difícilmente un médico te separará del trabajo a pesar de que ir allí es como acudir a un campo de concentración, un lugar tóxico para la víctima», decía. Al contrario, los tratamientos aclimatan a la persona con una terapia farmacológica - «algo dudosamente ético», decía- para seguir adelante. «Sólo consiguen alargar el problema», advertía. La víctima, cada vez más irritable y agresiva, comete errores de actuación y, ayudado por sus hostigadores, consigue crear en su entorno la unanimidad persecutoria :la idea de los compañeros de que «esto no va conmigo» o «a éste le va mal voy a separarme de él». Al final, la víctima cree que ella es la causa de todo. «La falta de respuesta a por qué le persiguen hace todavía más daño a la esfera psicológica, lo que desembocará en la necesidad de un tratamiento», señalaba.
¿Cómo salir del mobbing?, preguntaba Piñuel. «Haciéndole frente de manera asertiva, recuperando la autoestima y la confianza en uno mismo», explicaba el autor.

Fuente: http://www.levante-emv.es/ |