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El ejemplo de TMB
Una plaga avanza implacable. Pérdidas millonarias para las empresas y para la sociedad
y allá en el horizonte, como siempre, el individuo, a lo lejos, empequeñecido ante la inmensidad de una organización que lo convierte en algo diminuto, insignificante porque su producción o modo de producir ya no le resulta beneficiosa. Convirtiéndolo así en la víctima de quien atrincherado en su trono tiene el poder de decidir si va a poder seguir liquidando sus facturas. Y todo ello arropado por un sistema que dice respetar al individuo, que dice protegerlo ante el abuso y cuyas competitivas empresas no dudan en arriar la bandera de la eficiencia organizativa.
Muchos la han definido ya como la epidemia del siglo XXI. Su nombre es mobbing pero como los virus más agresivos puede mutar en sus diferentes acepciones: acoso moral en el trabajo, síndrome del quemado o burnout, bossing, psicoterror... Fenómeno dispar, difícil de acotar en lo que a terminología se refiere pero claro, evidente y cruel en cuanto al daño que ocasiona en sus víctimas.
Dejemos de entrada claros los conceptos pero sin que ello nos haga perder de vista la perspectiva más amplia que nos hemos trazado. El mobbing es el término anglosajón, a estas alturas lamentablemente ya generalizado lamentable por el hecho de que exista-, que sirve para definir el hostigamiento moral en el lugar de trabajo. Fue popularizado por el profesor Heinz Leymann (psicólogo sueco), durante la década de los ochenta, quien retomando las observaciones realizadas por el etnólogo Konrad Lorenz, las aplicó al estudio de la conducta humana en las organizaciones laborales. El fenómeno se describe como una conducta hostil o intimidatoria practicada hacia un trabajador desde una posición jerárquica superior (de ahí el otro concepto, bossing) o desde un grupo de iguales respecto a los que se mantiene una subordinación de hecho. Es decir, una persona o un grupo de personas ejercen comportamientos que se caracterizan por una violencia psicológica, sistemática y persistente en el tiempo sobre otra persona.
Desde hace algún tiempo la periodicidad sirve para delimitar el término. En este aspecto incide especialmente la definición-aclaración dada por el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS) de Comisiones Obreras: lo que diferencia el acoso moral de otros problemas similares en el lugar de trabajo es la intención de causar daño, el focalizar la acción en una o varias personas, de forma repetida y por un período continuado de tiempo. En ausencia de estas características podemos hablar de factores de riesgo en la organización del trabajo pero no de acoso moral. Estos matices son importantes sobre todo a efectos jurídicos.
En cuanto a las formas pueden ser muy diversas como ocurre con el acoso en cualquier ámbito-, pero su principal característica es la violencia psicológica y no tanto la física. Puede ir desde la infravaloración de las capacidades del trabajador, hasta otras agresiones como la ocultación de información, la difamación, el trato vejatorio (gritos, insultos...), la asignación de tareas irrealizables o la no asignación de tareas... Las estrategias incubadas en una mente retorcida pueden alcanzar máximos inimaginables. Los resultados son devastadores.
En España, según una investigación realizada por la Universidad de Alcalá de Henares (Barómetro Cisneros) en el 2001, al menos el 15 de los trabajadores en activo declararon haber padecido hostigamiento en su trabajo. Las estadísticas ofrecidas en el Primer Foro Nacional de Expertos en Acoso Moral en el Trabajo, organizado por la Universidad de Santiago de Compostela en julio de 2002, cifraban en 2,3 millones los españoles víctimas del acoso laboral.
Maquinaria con fecha de caducidad
Pero como decíamos, más allá de cifras o de cualquier glosario que sirva para identificar las diferentes armas de destrucción empleadas por determinadas empresas con sus trabajadores, creo que la tarea debe ser otorgar la merecida y suprema importancia a las víctimas que sufren en sus carnes y en su persona las injusticias laborales, llámese mobbing, llámese x.
La historia de Pablo Díez Cuesta servirá, debe servir, para llenar de contenido las palabras, para darles el significado preciso. Su historia arranca cuando Pablo sufre un incidente en su trabajo el pasado 21 de enero. Como conductor de autobús ejerce su labor diaria con normalidad hasta que una viajera le paga con 10 euros. En el momento de darle al cambio se hace un lío y no recuerda si le ha entregado ya el billete, decide extraer entonces una ficha de inspección documento prácticamente idéntico a un billete formalmente pero que en realidad sólo sirve para recuento del número de tiquets extraídos-, sabe que sólo los mandos están autorizados a hacerlo pero quiere cerciorarse de no cometer un error. En la siguiente parada aprovecha para detener el vehículo y acudir al servicio, se olvida por completo de la ficha de inspección, pudo dejarla en el pupitre de su puesto de conducción. Minutos después, cuando ya ha reemprendido la marcha, suben al autobús los inspectores. Al pedirle el billete a una pasajera ésta les entrega, precisamente, la ficha de inspección, asegurando que ha sido el conductor quien se la ha entregado. Pablo lo niega pero sobre él, en ese preciso instante, recae la sospecha de haberse apropiado de 1,10 euros, es decir, de haber vendido la ficha como si se tratara de un billete y haberse apoderado del valor de éste. El incidente alcanzará cotas inimaginables. La dirección decide expedientarlo y posteriormente será llamado a declarar. En la declaración oficial puede leerse: Preguntado por el Instructor si había vendido, cobrando su importe, el Tiquet de inspección a una pasajera; el dicente manifiesta que no, que él se bajó del autobús para ir al lavabo que se encuentra en el mismo terminal de la Plaza del Nou (...), posiblemente, sostiene Pablo, la pasajera en su ausencia confundió el tiquet con la ficha de inspección y la tomó del pupitre. Para Pablo es el inicio de una tortura como en las peores su declaración quedará en papel mojado pues a sus palabras no se les confiere ningún crédito, puro trámite. Además declara solo, sin un abogado ni nadie que lo pueda asesorar.
En los días siguientes sus allegados y amigos tratarán de darle ánimos: ¡Cómo te van a despedir por semejante tontería, llevando como llevas 15 años en la empresa!, la lógica apunta en ese sentido. El día 30 de marzo Pablo trabaja hasta las dos del mediodía. Sabe que tiene que personarse al finalizar su jornada en las oficinas de la compañía. Un miembro y amigo de ACTUB (Asociación de conductores de Transportes de Barcelona), sindicato del cual es afiliado, lo acompaña. La empresa TMB, Transports Metropolitans de Barcelona, le hace entrega de la carta de despido, en ella puede leerse con claridad: apropiación indebida de 1,10 euros. Es el mazazo definitivo. Su colega trata de convencerlo de que todo se solucionará en los tribunales, que tendrán que readmitirlo, que lo que han hecho con él es una injusticia. Pablo le dice que lo sabe, que no se preocupe, que está bien.
El miércoles, 31 de marzo, a las nueve de la mañana, ACTUB recibe una llamada de la empresa en la que les comunican que la familia no sabe dónde se encuentra Pablo, que no ha ido a casa a dormir. Una hora después otro compañero llamará, Pablo ha aparecido : se ha encontrado su cadáver en el Polvorín, ahorcado, vestido de uniforme y con la carta de despido en el bolsillo...
Los compañeros de ACTUB, lógicamente afectadísimos por la noticia, vuelven a llamar a la familia pero ésta seguía sin saber nada. TMB no se ha puesto en contacto con ellos. Es el sindicato quien ha de comunicarles la noticia a sabiendas de que la empresa ha sido la primera en enterarse. Ese mismo día se convoca un paro de 15 minutos. Todos los autobuses detienen su servicio y en sus parabrisas puede verse el rostro de Pablo con un crespón negro. TMB sigue manteniendo silencio. Ni siquiera una pequeña nota informando de lo acaecido, o como mínimo, explicando las causas del paro, ni siquiera anunciando el paro. Quien firma este artículo, al día siguiente, el 1 de abril, se pone en contacto con TMB, con su gabinete de prensa. Gustavo Lamadrid declara: Bien, la empresa no quiere hacer de este tema un hecho noticiable. Entendemos que el despido no es lo que ha provocado el desenlace final. Existía una problemática personal suya que por respeto a la familia no quisiéramos que trascendiera. La empresa en ese sentido quiere mostrar su máxima prudencia y sobre todo destacar el máximo respeto a la familia. La cortina de humo no se diluye, por el contrario, se espesa y ennegrece, hasta tornarse pétrea de tan gélida. ¿No son los medios de comunicación los que han de juzgar noticiable o no un asunto? ¿No es cierto que Pablo se suicidó el mismo día de recibir la carta de despido, llevando consigo dicho documento y vistiendo el uniforme que había llevado insisto- durante quince años? Porque si sólo uno mismo es responsable de llevar a cabo una decisión de tal calibre, la más tajante que se puede tomar, nadie podrá dudar de que una serie de circunstancias o hechos pueden originar y motivar ese desenlace final. Una injusticia por ejemplo, una decisión desmedida por un supuesto desfalco de 1,10 euros. Por si existía alguna duda al respecto, Mara Abellán, esposa de Pablo, confirma que no existía en sus vida ninguna problemática que no fuese la laboral y para ella todo forma parte de una urdimbre bochornosa de TMB. En cuanto al respeto dice no haberlo sentido nunca por parte de la compañía, mucho menos ahora: TMB dice que calla por respeto a la familia, pero lo podrían haber tenido antes de echar a la calle a un padre de familia numerosa, a una persona que les dio sus mejores años, y por una falta que ni se molestaron en probar.
Más humo
En la misma conversación mantenida con el responsable de prensa de TMB, éste confirmó que no existía antecedente alguno en el historial del trabajador: Puedes tener sospechas pero en este caso era la primera vez. En la rueda de prensa que el despacho de abogados de la familia de Díez, Col.lectiu Ronda, convoca el miércoles 7 de abril se acusa a Transports Metropolitans de Barcelona de mentir sobre los antecedentes laborales de Pablo Díez. El día antes, martes 6 de abril, TMB rompe su silencio (obligada porque son muchos los medios que consideran noticiable la muerte de un trabajador) emitiendo una nota informativa en la que asegura que en el historial del señor Díez había un precedente por una acusación similar con fecha 14 de febrero de 2002, cuando era conductor de la línea 17. Los abogados lo desmintieron tajantemente para afirmar que hubo ciertamente un incidente que se resolvió sin más cuando la empresa determinó que no existía ningún tipo de responsabilidad por parte del trabajador, pero lo que aún consideran más grave esos hechos sucedieron antes de que Pablo Díez se incorporara a la línea 17 quien se dedicó a rebuscar en los archivos, abrumado por la prisa y ante la imposible tarea de hallar argumentos en la sinrazón metió la pata. Para los letrados: Este es un claro ejemplo de que TMB, ante la gravedad de los hechos, intentará perjudicar la memoria del señor Díez mediante acusaciones falsas. A lo dicho por el sr. Lamadrid me remito: en este caso era la primera vez.
Retomando el hilo de esa conversación destacar asimismo la información vertida sobre el buen trato otorgado a la familia, a quienes pensaban dispensar su apoyo en todo momento. Mara Abellán, sin embargo, denuncia a casi tres meses vista la total falta de atención, cuando dicen algo es sólo para tratar de desprestigiar a Pablo.
¿Puede considerarse este un caso de mobbing, de acoso moral? Serán los jueces los encargados de dirimir si TMB actuó desmedidamente. Si es suficiente la agresión psíquica de tener a un trabajador dos meses contra las cuerdas, bajo sospecha, para finalmente despedirlo por un desfalco del valor de un billete de autobús. Quizás aclare la postura de Pablo Díez el hecho de no haber aceptado el plan de la dirección de empresa: si éste aceptaba haber robado sería sancionado con suspensión de empleo y sueldo durante seis meses y posterior readmisión en las condiciones de un trabajador nuevo, es decir, menor sueldo, horario partido, ningún fin de semana libre durante unos 24 meses... No para todos la dignidad es negociable, ni todo el mundo está dispuesto a acatar normas injustas.
Una empresa con vocación de servicio
La familia de Pablo no podrá olvidar, un gran número de trabajadores de TMB ni pueden ni quieren hacerlo. Prueba de ello es la huelga que los sindicatos convocaron los días 8 y 9 de mayo, coincidiendo con la inauguración del Forum de las Culturas. Los motivos alegados para el paro se pueden resumir en cuatro puntos fundamentales. Para empezar se exige reconvertir la carta de despido entregada a Pablo Díez en expediente nulo al considerar que no se ha podido demostrar que las acusaciones fueran ciertas, dejar limpia su memoria. Exigen además que la dirección de empresa asuma sus responsabilidades al máximo nivel y en este sentido se pide la dimisión de Xavier Casas, presidente del consejo de administración de TMB, y de Lluís Forniés, responsable del área de Recursos Humanos y responsable por tanto en última instancia de la decisión de despido. Los sindicatos denuncian el hecho de que durante la celebración del sepelio de Pablo Díez, que contó con la asistencia de cientos de trabajadores de la compañía, Xavier Casas no asistiera al encontrarse en una fiesta de inauguración del Trambaix, mostrando así su falta de sensibilidad con la familia y los compañeros. Para los trabajadores en activo se pide asimismo una nueva regulación del procedimiento sancionador así como la eliminación de las cargas extrafuncionales.
Los conductores entienden que el actual régimen de sanciones lo único que hace es aumentar la presión a la que están sometidos en el ejercicio de su labor. Lo resume bien un trabajador de la compañía: Los conductores fluctúan por la empresa como agentes de venta de los calamitosos billetes a los pocos usuarios que lo solicitan en su lugar de trabajo, el autobús. La categoría de conductor pasa por ser nula pues aun siendo la parte visible que desempeña su labor de cara al público es a quien más duramente se trata, como a un buey al hay que azuzar para que haga sus buenos surcos en los tiempos deseados. La empresa despliega todo su esfuerzo y estrategias para tenernos bajo sumarísimo control, la pena sin lugar a la presunción de inocencia todos la sabemos: sanciones y despidos improcedentes. Recordar simplemente a este respecto un artículo que debería resultar a todos familiar: toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad. Obviamente se trata del artículo 11 de la Declaración de los Derechos Humanos.
En el período comprendido entre el año 2000 y el 2004 se llevaron a cabo en TMB 906 expedientes sancionadores. De éstos 34 fueron impugnados, se desistió en 8 y se conciliaron 13. Nueve fueron confirmados por el juez y en cuatro casos se dictó una sentencia favorable para el trabajador. Para los representantes sindicales esta cifra arroja una evidente conclusión: Aunque sólo se hubiera dado la razón al trabajador en un único caso para nosotros sería suficiente motivo de protesta. En un Especial Informativo publicado por ACTUB se recogen algunos casos de conductores sancionados recientemente. Uno de ellos fue penado con un mes de suspenso de empleo y sueldo por dormirse en los terminales. Alegó apnea y tras presentar su caso a la Seguridad Social y el paso por los Tribunales recibió la invalidez permanente absoluta. Similar suerte corrió otro trabajador que tras estar de baja diez meses fue despedido. Ante la amenaza de huelga de ACTUB la empresa lo readmitió sin pasar por Magistratura. Hoy día tiene la invalidez. Otro trabajador fue sancionado con cinco días de empleo y sueldo por escuchar la radio mientras conducía. El Juez retiró la sanción y posteriormente la compañía procedió a incluir el escuchar la radio en su decálogo de faltas sancionables. Un conductor detallaba la falta de sentido común de algunas normas: En cuanto a la uniformidad hay una de invierno, con camisa de manga larga y corbata obligatoria y otra de verano con camisa y sin corbata; si vas de invierno vas de invierno y si de verano de verano, no se permiten los términos medios haga el tiempo que haga. Te pueden llamar la atención y a veces han sancionado con días de empleo y sueldo por ir sin corbata con camisa de manga larga. Aprovechan cualquier circunstancia por peregrina que parezca para pararte los pies. Por cierto, ¿le ves los pies al conductor cuando subes al autobús? Pues pueden sancionarnos por llevar zapatos marrones en lugar de negros por razones de imagen y si quieres usar sandalias en verano u otro tipo de calzado que no sean los zapatos negros necesitas un justificante médico...
De lo que se trata es de realizar su labor con las máximas garantías, con la máxima seguridad, sin más presión que la estrictamente necesaria. No en vano transitan por las atestadas calles de Barcelona con un vehículo de 18 metros de longitud que transporta pasajeros. Lo que queremos es que nos dejen trabajar en paz, resumía otro compañero. Uno de los representantes sindicales de CGT explica que muchos conductores no han pasado a fijos, después de un contrato temporal de seis meses, por haber dado muchos partes de accidente. En esta línea cabe añadir lo que comentaba otro miembro de la plantilla: Los partes de accidente sirven posteriormente para lo que llaman el análisis de accidente. Estaría bien que este análisis sirviese por ejemplo para solucionar puntos conflictivos o determinados giros. Sin embargo no sirven para nada. Pues bien, la compañía ha hallado una utilidad: mantener en la temporalidad a los nuevos, y en cuanto a los veteranos: Cuando el número de accidentes sobrepasa el de cuatro en un año te leen la cartilla. Otra de las demandas se sustenta en el hecho de que sobre el conductor pesan demasiadas responsabilidades y por ello en TMB reclaman que se siga el ejemplo de la empresa municipal de Zaragoza en la que después de un caso similar al de Pablo (en este caso la acusación era por 65 céntimos) consiguieron que la compañía aceptase que tras la emisión del billete por parte del conductor el pasajero pase a ser el único responsable de su tenencia y el encargado de comprobar su validez.
Un estudio realizado por CGT en el 2001 sobre el estrés laboral apuntaba algunas de las causas coadyuvantes que afectan al colectivo de conductores de transporte urbano: la posibilidad de ser atacados física o verbalmente, de ser atracados (con mayor incidencia cuando se cubren zonas de alto índice de delincuencia), la incomunicación con el resto de compañeros (es un trabajo que se realiza aislado del resto de compañeros, en el que sólo se coincide fugazmente con ellos en los relevos o al iniciar la jornada), la falta de agradecimiento por el trabajo bien realizado frente a la inmediata reprimenda de los usuarios o la empresa ante el más mínimo error, la falta de información por parte de la empresa (cambios en las rutas, horarios, tarifas, etc.), desconocimiento de los vehículos que se incorporan a la flota, cabinas mal habilitadas, horarios y descansos insuficientes, embotellamientos de tráfico, falta de expectativas profesionales... A juzgar por el decir de los conductores los problemas persisten actualmente con una peligrosa tendencia al alza.
Responsabilidad política
No podemos pasar por alto el hecho de que TMB sea una empresa municipal cuya directiva está compuesta por cargos políticos. Xavier Casas, por ejemplo, Presidente de Transportes Metropolitanos de Barcelona, atesora además un curriculum interminable que avala su trayectoria política: Primer Teniente de Alcalde; Presidente de la Comisión de Urbanismo Infraestructuras y Vivienda; Miembro de la Comisión de Sostenibilidad, Servicios Urbanos y Medio Ambiente; Miembro de la Comisión de Gobierno; Ponente del Comité de Gobierno; Presidente del Consejo Municipal del Distrito de Ciutat Vella; Presidente del Instituto Municipal de Urbanismo (IMU); Vicepresidente primero de Infrastructures del Llevant de Barcelona, S.A.; Presidente S.P.M. Barcelona Gestió Urbanística, S.A.; Consejero S.P.M. 22@BCN, S.A.; Presidente de Foment de Ciutat Vella, S.A. Por si alguien dudara de la posibilidad de granjear semejante itinerario añadir que se trata de todos los cargos que ostenta, a la vez, a día de hoy.
En sus funciones como Presidente de TMB haremos especial mención a una de las tantas decisiones importantes que ha tenido que afrontar, fue allá por noviembre de 2002. La Vanguardia condensaba dicho capítulo en un titular cargado de expresividad contenida (16/11/2002): Tenso relevo en el Consejo de Administración de TMB, y proseguía: El consejo de administración de TMB ha aprobado el relevo del consejero delegado Emili López Bailón por Constantí Serrallonga (...) López Bailón deja el cargo que ocupaba desde 1991 oficialmente por motivos personales. Su gestión, saneando las finanzas y renovando las flotas de vehículos, ha sido considerada positiva por representantes políticos, de la administración e incluso de los sindicatos. Ello no ha impedido que sus relaciones con el presidente del consejo de administración, Xavier Casas, hayan sido tensas en los últimos tres años, según diversas fuentes. A López Bailón no le agradaba el exceso de intervención de Casas en la gestión directa y discrepaba de la política de venta de inmuebles (cocheras) defendida por Casas, responsable a su vez de Urbanismo municipal. La tensión ha desembocado en un pacto entre caballeros para hacer un cambio sin traumas, sin un conflicto puntual que desencadenase un cese más brusco. Otro periódico, Les Rondes, en un artículo firmado por María Eugenia Ibáñez daba un margen más distendido a la expresividad antes referida, apuntando datos interesantes: (...) Es de justicia que se sepa quien es López Bailón (...). En 1991 el hombre que ahora se marcha se encontró a TMB en bancarrota: una deuda de 120.000 millones de pesetas (721 millones de euros), créditos a corto plazo (una media de doce meses), pagos de intereses de 13.000 millones de pesetas al año (78 millones de euros) y una flota de autobuses vieja e insuficiente. Once años después la buena gestión ha salvado el caos. La flota de autobuses está renovada, el plan financiero está fijado a largo plazo (15 años de media), los contratos programa garantizan los compromisos económicos de las Administraciones y los sueldos de la plantilla ya no dependen del crédito bancario de última hora. Cuesta creer que el presidente de una empresa deje escapar a un consejero delegado que presenta tales éxitos y resulta incomprensible cuando la marcha se produce por despido. Pero es más fácil de entender si se conoce la forma de trabajar de Casas, político a quien gusta hacer de gestor y que, desconfiado del entorno, ha ido creando en TMB una superestructura de asesores sin funciones claras y paralela al equipo directivo (...).
Bailón era un acérrimo defensor del transporte urbano vinculado a la gestión pública. Resulta curioso comprobar como un año después de su cese La Vanguardia le rendía un sentido homenaje, sin tener ni siquiera conciencia de ello, en un artículo sin desperdicio (16/11/2003): TMB vende por 31 millones de euros un solar destinado a vivienda: El precio de salida de la subasta de un terreno que Transportes Metropolitanos de Barcelona tiene en los aledaños del Forum se había fijado en 9,2 millones de euros. El solar (9.800 m2 para vivienda en régimen libre situados en el lugar que hasta ahora han ocupado las cocheras de Llevant) fue adjudicado al grupo inmobiliario Reyal, que abonará por él la friolera de 31 millones de euros, más del triple del precio mínimo de licitación. (...) La operación fue criticada por CiU en el Ayuntamiento de Barcelona pues reclamaba que este solar fuese destinado a pisos de protección oficial al tiempo que pide al Consistorio que ponga fin a la venta de suelo de titularidad pública al mejor postor. Xavier Casas, primer teniente de alcalde y presidente de TMB, rechazó estas críticas recordando que en su día la formación nacionalista estuvo de acuerdo con las modificaciones urbanísticas que calificaron de suelo para vivienda en el mercado libre este terreno y que reservó una parcela de 21.000m2 a la construcción de otros 200 pisos, que en este caso sí que serán protegidos.
Todo esto no vendría a colación si no fuese porque los trabajadores han sentido como nadie la nueva orientación de la empresa. Uno de ellos nos relataba: Todos los cambios tienen que ver con un nuevo enfoque de la empresa hacia criterios, digamos, más liberales, propios por definición de la mayoría de empresas privadas. Están orientando desde hace algún tiempo a la empresa hacia criterios cien por cien mercantilistas en todos los sentidos. Particularmente sospecho que los tiros van encaminados a la futura privatización y división para su reparto entre empresas privadas que, como es obvio, para nada quieren el concepto de servicio público puesto que no les beneficia de cara a la obtención del máximo beneficio económico. Todas las subidas salariales desde el año 94 han estado vinculadas a un aumento del número de horas trabajadas de modo que cada vez cobramos menos en relación horas trabajadas/sueldo percibido. Que cada uno extraiga de todo ello sus propias conclusiones.
Esperanza en la justicia
En el horizonte ahora planea la posibilidad de que se haga justicia con Pablo Díez Cuesta. Quienes luchan lo hacen para que no se vuelva a producir un caso de tal calado.
En España no existe una regulación específica sobre el acoso moral, pero sí una genérica sobre cuya aplicación se han dictado varias sentencias de los tribunales. Según el trabajo sobre El acoso moral en el trabajo realizado por Juan Lorenzo de Membiela -Doctor en Derecho y letrado de la Administración de la seguridad social- en dicha regulación concurren diversos textos normativos de distinta naturaleza, sin olvidar la Constitución, que dan cabida a este fenómeno desde diversas perspectivas. Juan Lorenzo de Membiela cita por ejemplo desde la protección de los derechos a la vida y a la integridad física (art. 138 y ss. del Código Penal cuando castiga al homicido, que si bien es improbable en el acoso moral sí sería posible mediante la acusación de homicidio imprudente o inducción al suicidio), a la protección de los derechos a la dignidad y el honor (art. 93. 11º de la Ley de 8/1998, sobre Infracciones y sanciones en el Orden Social, que califica como infracción muy grave los actos del empresario que fueren contrarios al respeto de la intimidad y consideración debida a la dignidad de los trabajadores), o a la protección del derecho al trabajo (art. 311, 1º del Código Penal, que castiga a quienes mediante engaño o abuso de situación de necesidad impongan a los trabajadores a su servicio condiciones laborales que perjudiquen, supriman o restrinjan los derechos que tengan reconocidos por disposiciones legales).
Más allá de formas legalistas Joan Lluís Bozzo, autor teatral, evidenciaba en un artículo en El Periódico de Cataluña (27/4/2004), La vida por 1,10 euros el sentir del ciudadano de a pie: Cuando uno ve, día tras día, la cantidad de gente que se cuela sin pagar en los transportes de Barcelona, se queda atónito ante la severidad de la sanción. ¿No es esto el famoso mobbing, que consiste en hacer la vida imposible a alguien para que se vaya de la empresa? Pues en este caso la víctima se ha ido para siempre.
Según el Barómetro Cisneros antes aludido, se calcula que uno de cada cinco suicidios se debe precisamente a las consecuencias del acoso laboral. Uno no se muere directamente de recibir todas estas agresiones, pero sí pierde una parte de sí mismo. Cada tarde, uno vuelve a casa desgastado, humillado y hundido. Resulta difícil recuperarse, confirma Marie-France Irigoyen, autora de una de las obras de referencia más importantes sobre el acoso moral (El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana, Paidós, 1999). En la misma obra puede leerse también: Cuando el acoso aparece es como si arrancara una máquina que puede machacarlo todo. Se trata de un fenómeno terrorífico porque es inhumano. No conoce los estados de ánimo ni la piedad., o: (...) para mantenerse en él [en el poder] les basta con no tener escrúpulos. La historia nos ha mostrado hombres que se niegan a reconocer sus propios errores, que no asumen sus responsabilidades, y que falsean las cosas y manipulan la realidad a fin de borrar las huellas de sus fechorías.
Días después de la tragedia de Pablo llegaba la noticia de que un trabajador de la compañía andaluza de autobuses había sufrido, también, un percance prácticamente idéntico. La presión ejercida por él mismo y sus compañeros hizo que fuese readmitido sin perder derechos de antigüedad.
La desesperación que siente la familia sólo se verá apaciguada cuando se haga justicia. Tratar de que casos como el de Pablo Díez no se vuelvan a repetir es su objetivo y el de sus compañeros. Debiera ser objetivo de todos y cada uno de nosotros. Ser capaces de mirarnos en el espejo en el que Pablo se debió ver reflejado por última vez. Probablemente esa mañana en la que cartera al hombro salió como cada día a transitar por las calles, al volante de un autobús cargado de personas que se dirigían a la oficina, a la escuela, a la fábrica... Gentes a las que había traído y llevado en su deambular por la ciudad cientos, quizás miles de veces. Personas que debió imaginar con un futuro más halagüeño que el suyo por no sentirse presos de la desesperanza con la que su empresa decidió sancionarlo . Esa noche decidió llover, Pablo decidió marchar, el agua caía a chuzos, no era una lluvia primaveral, llegaba con la fuerza que da la rabia antes de alcanzar el suelo. ¿Dejaremos que siga lloviendo sobre mojado?
http://www.cgtbus.com/topo.htm
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