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El Refugio de Esjo

Mobbing
Acoso psicológico

 
 

UN SOPLO DE ESPERANZA
Lola Reguera
Psicóloga

 

¿Quién piensa en enfermar gozando de salud y fortaleza?.... pues seguramente nadie. En ese caso tenemos la impresión de ser inmunes. Pero el organismo humano es una maquinaria, eso sí, muy compleja. Y como todas las máquinas se deteriora con el paso de los años. Si además es sometido a situaciones adversas y si se le exige por encima de sus posibilidades, comenzará a ocasionar problemas.

Esto es lo que ocurre en el caso del acoso laboral. El organismo ha estado sometido a situaciones muy adversas, de modo continuado y sin posibilidad de relajarse. Aunque la persona tenga una gran fortaleza, su organismo se resentirá, también sus ilusiones, expectativas, ambiciones y sus relaciones interpersonales.

Es habitual volverse perspicaz, desconfiado e incluso un poco paranoico.

Por otro lado, no se encuentran respuestas a preguntas tan simples como: “si yo me esfuerzo y hago mi trabajo con empeño… ¿por qué no obtengo recompensas? ¿por qué sólo me llevo disgustos y desilusiones?. Se necesitan las respuestas para saber donde esta el fallo.

Si la persona se responsabiliza y se atribuye todo lo negativo que ocurre en su vida, con mucha probabilidad desarrollará un trastorno depresivo.

Por el contrario, puede volverse extremadamente cautelosa y llegar a desconfiar hasta de sus seres más cercanos y queridos; con lo que estará adoptando una actitud de tipo paranoide.
Estos serían dos extremos a los que puede llegar una persona víctima del acoso laboral.

Pero como sabéis, aún hay más. Cada avance que se pretende para defenderse o enfrentarse a la situación, suele estar mediatizado, ser anulado o bloqueado por el acosador. Esto puede conducir al abatimiento y consecuentemente a dejar de realizar actividades que antes producían bienestar personal. Ya no existen gratificaciones desde el ámbito laboral y también comienzan a limitarse las personales. Se huye de las relaciones interpersonales porque no apetece estar con amigos ni con la familia. Se evita estar con gente pero la soledad también abruma. Las aficiones se dejan a un lado. Hasta el privilegio de dormir o comer bien, llega a perderse. Se puede padecer hipersomnio o insomnio; perder el apetito o comer compulsivamente.

Estos síntomas son indicadores del comienzo de un deterioro, tanto a nivel orgánico como psíquico. Pero este deterioro no es sinónimo de catástrofe ni de irreversibilidad.

Cuando tenemos frío tiritamos, pero esto no conduce a la hipotermia si prestamos atención a la señal y nos abrigamos adecuadamente.

Lo mismo ocurre con la tristeza, la angustia, la ansiedad o los miedos; son señales que avisan para que busquemos los recursos adecuados que nos permitan conservar el equilibrio psicológico.

La situación de acoso laboral va afectando poco a poco, de modo progresivo. Los síntomas derivados por sufrir mobbing aparecen de forma gradual y pocas veces se les presta la atención adecuada, hasta que ya se hacen muy evidentes o se manifiestan de modo virulento.

Una vez afrontado el problema del acoso, ocurre algo parecido con la recuperación del bienestar. Será un proceso lento, gradual y no siempre en sentido ascendente. Se va recuperando la normalidad siguiendo un ritmo cíclico, a modo de dientes de sierra. Es decir, un día se puede estar más o menos bien y al día siguiente estar muy mal, después muy bien y otro día peor, después mejor… pero se van acortando las diferencias entre días buenos y malos, suavizándose cada vez más hasta conseguir aquello que se había perdido y que parecía imposible de recuperar: la normalidad y el volver a ser uno mismo, con virtudes y defectos.

La ansiedad es el síntoma que más tarda en desaparecer completamente, porque cualquier situación percibida como aversiva la vuelve a disparar aunque sólo sea momentáneamente.

La depresión adecuadamente tratada con la ayuda de profesionales especializados, una vez superada es muy difícil que vuelva a reaparecer. Si bien suele ser frecuente que un momentáneo bienestar lleve a abandonar los tratamientos (terapéuticos y/o farmacológico) y existan recaídas antes del total reestablecimiento.

Cuando se goza de bienestar…¿quién piensa en la desgracia?. Cuando se sufre… ¿quién no cree que esa situación se haya vuelto eterna y que la alegría y el entusiasmo sean sensaciones que no volverán a reaparecer?

Aunque cuando se esta acosado y aún habiendo afrontado el problema se piense que nuestro caso no tiene solución o que ya nunca nos recuperaremos de este mal, os aseguro que no tiene por qué ser así.

Cada día supone un nuevo reto. Repetiros a menudo, momento a momento y minuto a minuto: “Voy a buscar las herramientas para volver a coger las riendas de mi vida”, porque en la madriguera puede que se esté calentito y cobijado del acecho de depredadores, pero ahí dentro no se goza de la luz del sol… ¡Esa luz esta fuera!

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