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UNO DE CADA CINCO DOCENTES DE QUÉBEC SUFRE EL 'MOBBING'

Es posible destruir a una persona con palabras, miradas, sobre-entendidos: eso es la violencia perversa o el acoso moral".

Es lo que afirma Marie France Hirigoyen, psiquiatra y autora de una obra que ha revolucionado Francia y despertado tal debate que el Gobierno francés ha adoptado una ley para prevenir el acoso moral en el trabajo. La obra El acoso moral: la violencia perversa y cotidiana conoce también en Québec el éxito editorial, siendo ya un best-seller. "Una palabra puede matar", explica la señora Hirigoyen. "Para desestabilizar y destruir, las armas de la maledicencia, de la manipulación, son innumerables. La habitual perversidad de un superior puede arruinar una carrera profesional. El agresor realiza pacientemente su obra paralizante y mortífera. La víctima se deja poco a poco encerrar en la celda habilitada para su suplicio".

En Québec, se prefiere utilizar el término "acoso psicológico" para describir esta realidad. Angelo Soares, profesor de Sociología de la Universidad de Québec en Montreal (UQAM), ha realizado diversas investigaciones sobre el tema. En su último estudio, se ha interesado por los miembros de la Central Sindical de Québec (CSQ) -sindicato que opera en el ámbito docente-.

Los resultados son preocupantes: el 11% de las personas entrevistadas dicen padecer en ese momento acoso psicológico; el 18% dicen haberlo padecido en los últimos doce meses; el 6% afirma haber sido testigos de escenas en las que un colega sufría acoso. Por último, el 65% dicen no haberlo vivido nunca. Las víctimas son principalmente mujeres (71%), pero teniendo en cuenta que representan los dos tercios de los efectivos de la Central, también es víctima una proporción no desdeñable de hombres.

"Es dramático", comenta Angelo Soares. Esto significa que una de cada cinco personas ha sido víctima de acoso moral a lo largo del último año. Con tal frecuencia nadie está protegido. Esta forma sorda de violencia en el trabajo existe desde siempre. Pero desde hace algún tiempo se ha vuelto "más popular".

¿Qué es el acoso psicológico? Heinz Leymann, psicólogo alemán, es considerado como el padre del concepto y lo definió como el encadenamiento repetitivo d episodios hostiles expresados o manifestados por una o varias personas contra una tercera (la persona diana) en el trabajo. Es un proceso destructivo, constituido por acciones hostiles cuya constante repetición tiene efectos devastadores sobre la víctima acosada.

En la definición del acoso moral, tres dimensiones están siempre presentes: en primer lugar, la repetición de la acción; a continuación, los efectos siempre negativos, devastadores y destructores sobre la persona diana; y, finalmente, un acento sobre los efectos producidos en la víctima y no sobre las intenciones de la persona acosadora.

El acoso moral puede ser de tipo vertical, es decir, de un superior a una persona subordinada. En ese caso, el agresor está dispuesto a todo, incluida la destrucción psicológica de la víctima, con tal de lograr sus objetivos. Hay también un acoso de tipo horizontal, donde la agresión es entre colegas o iguales. En este caso, siempre está presente la pasividad de la dirección de la empresa.

Lo que con mayor frecuencia sufren las víctimas En su investigación entre los miembros de la CSQ, Angelo Soares ha descubierto que las actuaciones más frecuentes de acoso vividas por las víctimas son las siguientes: - Se hacen insinuaciones sobre mí, pero sin expresar nada directamente.

• Se me dirigen miradas o gestos de carácter negativo.
• La gente habla a mis espaldas.
• Un superior limita mis posibilidades de expresar mi opinión.
• Otras personas limitan mis posibilidades de expresar mi opinión.
• Se ponen en cuestión mis opiniones.
• Me gritan por detrás.
• Se descalifica constantemente mi trabajo.
• Se me interrumpe constantemente.
• Hay personas que difunden rumores contra mí.

Se trata de pequeños gestos insidiosos y dañinos. Es su repetición en el tiempo la que acaba por destruir a una persona. "El acoso moral, afirma Marie France Hirigoyen, es una violencia en pequeñas dosis que no se para nunca y que es muy destructiva".

¿Una violencia que no se detecta? Sorprendentemente, es así. Diez personas han afirmado no vivir acoso moral mientras que sufrían una o dos de estas actuaciones al menos durante más de dos meses. "Para ellos, el acoso se ha convertido en algo normal, es parte de su trabajo", afirma Angelo Soares.

Hay una especie de banalización de la violencia que como ha constantado Marie France Hirigoyen en numerosas víctimas del acoso moral. "Sucede que las víctimas de esta violencia insidiosa consultan al psicoterapeuta individualmente, pero no por el hecho del acoso, sino por lo que denominan inhibición intelectual, falta de confianza en sí mismos, dificultad para reafirmarse o por un estado depresivo permanente, resistente frente a los antidepresivos, incluso por un estado depresivo más franco que puede conducir al suicidio".

Si estas víctimas se quejan alguna vez a su superior o a algún colega persiste en ellos la duda sobre lo que está pasando: "¿No seré yo realmente el que se esté inventando esto, como algunas personas me han sugerido?".

Es importante remarcar que las investigaciones realizadas hasta el momento son unánimes en subrayar que no se ha podido establecer correlación alguna entre el perfil de personalidad de las víctimas y el ser víctimas del acoso. En resumen, esto le puede suceder a cualquiera.

Angelo Soares hace un paralelismo con el acoso sexual. "Desde hace mucho tiempo se ha dicho que las víctimas de acoso sexual eran en parte responsables, a causa de su tipo de vestimenta o por su comportamiento. El mismo fenómeno se produce con el acoso psicológico: las víctimas piensan que de alguna manera serán responsables de lo que sucede".

En cuanto a los agresores, Marie France Hirigoyen ha elegido denominarles "perversos", porque esta denominación nos conduce directamente a la noción de abuso, como es el caso de todos los perversos. "El acoso comienza por ser un abuso de poder, se continúa por constituir un abuso narcisista en el sentido en el que la víctima pierde toda su autoestima y puede acabar a veces en un abuso sexual".

Una situación que perdura La investigación sobre los miembros de la CSQ revela igualmente que las personas pueden ser víctimas de acoso psicológico durante largos periodos de tiempo. Así, el 26% de los que respondieron declararon que lo soportaban durante más de cinco años (ver tabla 1.)

Para ilustrar lo que sienten las víctimas de acoso psicológico, Angelo Soares indica que las víctimas desarrollan el síndrome del estrés postraumático, el mismo que han vivido las víctimas del atentado del 11 de septiembre en Nueva York. El estudio revela en efecto que las víctimas de acoso moral y los testigos viven lo que se denomina "estrés psicológico" (ver tabla 2).

"Este tipo de estrés psicológico lo viven tanto los que padecen el acoso como los testigos, que constatan que se ha generado un mal clima de trabajo". ¿Pero porqué ser testigo tiene tantos efectos psicológicos como haber sido víctima del acoso moral? "Por diversas razones -responde Angelo Soares-. Los testigos tienen miedo de ser acosados ellos mismos. Tienen vergüenza porque no hacen nada para ayudar a las víctimas y se desarrolla un sentimiento de impotencia".

En este caso, como en muchos otros, la unión hace la fuerza. Si las personas se pusieran de acuerdo para hacer frente al agresor, serían capaces de intervenir, mientras que solos no consiguen nada.

¿Quiénes son los agresores? Curiosamente, se observa en el medio de trabajo donde están los miembros de la CSQ que son los colegas los que más frecuentemente actúan como agresores. A continuación, están los superiores y las personas con más alta posición jerárquica. Después, los estudiantes y los pacientes; y, por fin, los subordinados (ver tabla 3). En resumen, el agresor puede ser indistintamente un hombre o una mujer. Marie France Hirigoyen ha señalado por su parte que el acoso psicológico se daba sobre todo desde los superiores. Pero en todos los casos dice ella que "la dirección de la empresa deja hacer, pues este tipo de proceso sólo es posible si la empresa cierra los ojos o, incluso, si lo favorece". Nicole Lapage, responsable de la CSQ en materia de seguridad en el trabajo, deplora este estado de cosas: "Es la dirección la responsable de garantizar un clima de trabajo saludable".

Las condiciones sociales del acoso psicológico en el trabajo A pesar de que el acoso psicológico puede remontarse a hace muchos años en el mundo del trabajo, es a partir de la década de los 90 cuando se ha constatado un aumento de los casos en las sociedades industrializadas. "Podemos pensar que el número de perversos ha aumentado en las sociedades, pero tal hipótesis es poco probable", afirma Angelo Soares.

"El acoso psicológico no debe ser concebido como un fenómeno individual, único, episódico, puntual o accidental, sino como el resultado de una convergencia de factores que afectan directamente al corazón de la organización del trabajo. Estos factores entrañan los gérmenes de la violencia provocando el crujir de las relaciones sociales dentro y fuera del trabajo".

El sociólogo identifica diversos factores en este sentido, como la tasa elevada de paro, que conduce a un clima de competitividad exacerbada y a la aceptación de condiciones de trabajo que en otras circunstancias serían inaceptables; las prácticas empresariales basadas en la reducción de personal y la precarización creciente en el trabajo. Contra el acoso psicológico La CSQ ha desarrollado desde 1999 un programa para luchar contra el acoso moral. Así, presentó en octubre de 2001 una memoria al ministro de Trabajo, Jean Rochon. La CSQ recomienda en este trabajo que los empresarios se doten de una política contra el acoso psicológico en el trabajo, compuesta por mecanismo eficaces tendentes a la prevención y a la asistencia de las víctimas: información y sensibilización del entorno, formación de los que deben intervenir en los casos de acoso, diseño de planes, códigos de conducta para entender las reclamaciones, etc. Además, la CSQ reclama que la Seguridad Social cubra los efectos que tienen los casos de acoso. "Actualmente, son recursos de muy difícil acceso", lamenta Nicole Lapage. Es el momento del cambio.

(*) Este artículo, obra de Luc Allaire, ha sido publicado en el número de enero-febrero de 2002 de la revista Nouvelles CSQ, órgano de información del sindicato de enseñanza de Québec.

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