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«Cuando estaba ingresada trató que alguien me suplantara para sacar dinero del banco»

Desde ayer Toñi Cabrera ya está en su casa, aún convaleciente de las quemaduras que le causó presuntamente su pareja, Enrique R.C. Sabe que es una privilegiada por poder contarlo y se enfrenta al futuro con fuerza y con el apoyo incondicional de su familia.
No hubo discusión previa, ni ningún signo que anunciara a Toñi Cabrera lo que iba a pasar. Según el relato de la víctima, ya en casa de su madre en Ingenio, el motivo que llevó a Enrique R.C. a «quemar» vivas a Toñi y su hija de ocho años fue «el dinero». Así se simple y así de crudo, sobre todo por parte de una persona que está contigo porque se supone que te quiere.
«Ha sido todo por dinero», subraya Toñi y, añade: «cuando yo estaba en el hospital quería que alguien se hiciera pasar por mí para sacar dinero del banco». Y no es que ella tuviera tampoco muchos ingresos, pero justo antes de que ocurrieran los hechos la familia de Toñi «gestionaba unas rentas de una herencia».
«Ya no tengo miedo», dice esta mujer que, a pesar de todo lo que ha pasado no ha perdido la sonrisa. Pero sí que lo tuvo. Esa noche del 10 de octubre accedió a meterse bajo el hueco de la escalera con su hija para ver si las dejaba tranquilas «porque decía que nos iba a matar a las dos».
También lo tuvo cuando despertó en el hospital y no sabía cómo se encontraba su niña y aún tenía fijo el recuerdo de aquella noche. «Tenía mucho miedo a que él llegara al hospital e intentara rematarme, terminar el trabajo que empezó».
Una acción tan cruel que Toñi no se cansa de repetir ni nadie puede escuchar una vez más sin estremecerse. Que hizo una especie de soplete con bombonas de butano. Que las quemó. Que las bañó. Que amenazó con apuñalar a su hija primero para que ella lo viera y después la mataría también. Y lo que decía su hija: «¡Quema, mami, quema!».
«Agresivo de palabra sí era, pero yo nunca pensé que fuera a llegar a esto», explica de manera serena, como si todo lo que hubiera ocurrido fuera más una vieja pesadilla que la traición de la persona de la que estaba enamorada.
Si se le pregunta de dónde saca las fuerzas para sonreír y para hablar con tanta serenidad de los hechos dice que de su hija querida. «Olvidarse esto no se puede olvidar, pero voy a intentar que aprenda a vivir con lo que ha pasado».
Matiza que quiere que con Enrique R.C. se haga justicia, «que le caiga lo que le tenga que caer». «Lo mejor que me ha podido pasar en la vida es que Enrique saliera de mi vida, pero no siento deseos de venganza porque yo nunca he sido una persona de corazón tan oscuro».
La descripción de su presunto agresor, que está en prisión preventiva en la cárcel de El Salto del Negro por sendos delitos de intento de homicidio, puede ser la de cualquier maltratador: «Agresivo, le gustaba ser el centro de atención, acapararlo todo».
Toñi sufrió graves quemaduras en las piernas, en los brazos, la tripa y algo del pecho. «Ya están sequitas», dice, mientras las muestra sin pudor, «la del corazón aún se está curando».
No se avergüenza de sus quemaduras, que son como una herida de guerra que pueden mostrar sólo los que regresan vivos. «Que se vea bien lo que ese cabrón me hizo», añade. «Hay que tirar para delante, por hija y por mí. Por todo lo que él me quiso quitar y Dios me ha devuelto». Y sonríe mientras dice que ya están a la vuelta de la esquina las Navidades.
http://www.canarias7.es/articulo.cfm?Id=40322
Noviembre 2006

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