La psicoanalista Marie-France Hirigoyen es una de las mayores expertas mundiales en maltrato y acoso. La entrevistamos para conocer las causas de esta lacra.
Psiquiatra, psicoanalista y psicoterapeuta familiar, Marie-France Hirigoyen es una de las grandes especialistas en desenmascarar las actitudes perversas que llevan a la violencia.
Nacida en Francia en 1949, aunque con ascendencia española, es doctora en medicina desde 1978. Se especializó en psiquiatría, psicoanálisis y psicoterapia familiar. En 1985 estudia victimología en Estados Unidos, una rama de la criminología que analiza las secuelas psíquicas en las personas que han sufrido atentados o agresiones diversas.
En 1995 publica su primer libro: 'La destrucción moral'. Además, es autora de 'El acoso moral', 'El maltrato psicológico en la vida cotidiana', 'El acoso moral en el trabajo', 'Distinguir lo verdadero de lo falso' y, su último libro, 'Mujeres maltratadas', todos ellos publicados en España por Paidós.
En esta entrevista, nos habla de cómo se genera el maltrato dentro de la pareja, algo que no surge de repente. Comprenderlo es el primer paso para poder liberarse.
Isabel Menéndez. En su último libro, 'Mujeres maltratadas, el mecanismo sobre la violencia en la pareja', aborda de nuevo el tema del acoso. ¿Hablar de la violencia es una forma de combatirla?
Marie-France Hirigoyen. Sí, porque además, hablo de la que no se ve, de la psicológica. Sobre todo, describo la escena de la violencia y ayudo a las mujeres a identificar los primeros síntomas.
Reconocer la violencia
I.M. ¿Cómo se reconoce?
M-F.H. Casi siempre, cuando se habla de violencia, nos referimos a los malos tratos físicos y, en general, cuando estos ocurren ya es demasiado tarde. La violencia no es un acontecimiento aislado, sino que es un modo, un trato continuado.
I.M. Entonces, ¿por qué algunas mujeres aguantan tanto? ¿Por qué soportan ese maltrato continuado?
M-F.H. El mecanismo de la violencia psicológica es una preparación, es como un lavado de cerebro que impide ver lo que va a llegar. Si las mujeres aceptan esa situación es porque, en la violencia psicológica y luego en la física, hay un mecanismo que les impide comprender lo que les está pasando.
I.M. Entonces, ¿la mejor forma de salir de la violencia es comprenderla y reconocerla para saber defenderse? ¿Cuál sería el mecanismo que impide a muchas mujeres hacerlo?
M-F.H. La mujer piensa que su vivencia es única y que es su responsabilidad, cuando en realidad es un estereotipo. El hecho de explicar en un libro lo que pasa hace que la mujer vea que se trata siempre del mismo mecanismo lo que le permite salir de esa situación.
I.M. La violencia que se ejerce en la pareja afecta a los hijos, no sólo porque la padecen directamente, sino porque el día de mañana pueden repetir lo que han vivido al identificarse con el agresor o con la agredida.
M-F.H. Las consecuencias sobre los hijos son diversas. Los niños que son testigos de malos tratos quedan traumatizados de la misma manera que si hubieran sufrido la violencia directamente sobre ellos. Antes, se pensaba que no era tan grave, que los pequeños no se daban cuenta. Pero se ha comprobado que, cuanto más pequeño es el niño, más le perturba la violencia que percibe. Incluso, su sistema neurológico se ve afectado. Cuando son muy pequeños y son testigos de un acto de violencia, sufren estrés postraumático, pero también se ha visto que no sólo es un mal psicológico, sino que llega a ser neurológico, es decir, fisiológico; y, si se hace un escaner en el cerebro, se aprecia un deterioro. Diversos estudios en EE.UU. han demostrado que, cuando un niño es testigo de la violencia de un padre sobre una madre, de mayor es él quien la ejerce, y, si es una niña, se convierte en víctima. Se trata de un fenómeno social.
La mujer y el triunfo
Isabel Menéndez. En el libro 'Mujeres maltratadas' dice: 'Resulta difícil pensar en la violencia, lo que explica que nos cueste identificarla, no queremos verla en nosotros, aunque aceptar nuestra ambivalencia nos permitiría aceptarla mejor'. Afirma que nos da miedo reconocer la violencia que habita en nuestro interior, si esta ambivalencia también es atribuíble a las mujeres. ¿Cómo se expresaría en la mujer?
M-F.H. Me molesta la palabra violencia. Me gustaría más hablar de poder. La sociedad no permite relacionar la expresión violencia con la palabra mujer. Tanto el hombre como la mujer tienen un potencial de violencia, pero en él se fomenta, mientras que en ella no se permite. Si las mujeres quieren llegar al poder, lo hacen de forma sesgada, ambigua y, por ejemplo, se convierten en todopoderosas en su casa. Actualmente, hay una dificultad de entendimiento entre hombres y mujeres, y, cuanto más poder y autonomía acumulan ellas, más hombres actúan en su contra, se resisten a admitir el poder femenino. Ellos argumentan que las mujeres ahora son más duras. Y, se supone que cuanta más libertad tengan ellas, menos violencia debería existir dentro la pareja, pero ésto no es así, porque los hombres se resisten a aceptar esa libertad.
I.M. Usted, en su libro, asegura que existe la violencia en todos los ámbitos. Pero, cuando los hombres son magistrados, médicos, gente con poder..., generalmente se hace un juicio en contra de la víctima. En estos casos, parece que es la posición de poder lo que evita cuestionar al acosador. ¿Pasa lo mismo cuando hombre y mujer tienen el mismo el rango?
M-F.H. Tenemos el ejemplo de Ségolne Royal, la candidata socialista a la Presidencia de la República francesa, a la que atacan no sólo los hombres de otros partidos políticos, sino incluso los del suyo; dicen que quién va a cuidar a los niños y de la casa, y no aceptan que vaya bien vestida. Esto ocurre porque es guapa; si fuera gorda, vieja, fea lo aguantarían mucho mejor. Éste es un caso de violencia sexual porque los insultos no atacan sus ideas, son ataques personales. También ha sufrido este tipo de acoso por parte de políticos, una ministra francesa, que fue humillada por un colega. Durante la campaña electoral, delante de una tienda de lencería y estando rodeados de periodistas y fotógrafos, le preguntó sobre sus gustos personales en cuanto a prendas íntimas. Ella nunca hubiera hecho lo mismo. Se trata de un caso evidente de violencia de género, pero del que tiene poder y no quiere dejarlo.
La agresividad
Isabel Menéndez. En Francia, ¿la violencia es un problema tan generalizado como en España?
M-F.H. Es más fácil decir que está localizado en los barrios difíciles. En Francia se piensa que los casos de violencia se dan mucho más en España y se culpa al machismo, pero las estadísticas demuestran que los niveles son iguales en ambos países. Algunos franceses también creen que la violencia es mucho más habitual entre los musulmanes, pero es evidente que también pasa entre los católicos.
I.M. Esto tiene un poco que ver con lo que se dice de que la violencia siempre está en los otros.
M-F.H. Sí, pero los estudios que hemos realizado han demostrado que en Francia hay más violencia en los hombres que han cursado estudios superiores, pero es más difícil confesarlo cuando tu marido es un juez. Por ejemplo, una de mis pacientes ha realizado estudios jurídicos, pero no puede trabajar porque el marido, que es juez de familia, no la deja y le dice que debe cuidar de los niños. Ella me ha confesado que no puede llevarle ante el tribunal, porque le parece imposible demandar a un juez.
I.M. Me parece importante diferenciar la agresividad y la violencia.
M-F.H. Para mí, la violencia empieza cuando hay una desigualdad entre las partes. Si existe la posibilidad de diálogo, lo considero agresividad cuando se producen gritos. La violencia se desarrolla cuando el otro está paralizado y no puede ni reaccionar. Por eso, a veces, no se ve. Porque la víctima está paralizada y da la impresión de que es cómplice, aunque en realidad no puede reaccionar contra su agresor.
I.M. En su obra, comenta que se trata de un problema social y de un modo de dominar a la mujer, pero que también se debe a causas psicológicas. ¿Cuáles serían estos factores que la hacen aguantar tanto?
M-F.H. Existen causas de este tipo por parte del agresor y vulnerabilidad por parte de la víctima. A menudo, la mujer no se puede defender ante la violencia eventual de un compañero. No siempre está presente esta vulnerabilidad, pero, cuando existe por una agresión previa en la infancia, entonces tiene límites, y la mujer no sabrá defenderse en el futuro ante un hombre de perfil violento.
I. M. Puede que la mujer tenga conflictos que no conoce o no recuerda, y que sea más víctima cuanto menos sepa lo que le ocurre. Por ejemplo, puede estar repitiendo experiencias de su infancia sin darse cuenta de que lo hace.
M-F.H. Existen elementos de repetición. En realidad todos estamos marcados por nuestra historia, pero el contexto social, en ocasiones, nos ayuda a encontrar soluciones y muchas mujeres no se atreven a decir lo que les sucede.
Mujeres violentas
I.M. Y, ¿qué me podría decir acerca de las mujeres violentas?
M-F.H. Las mujeres pueden ser igual de violentas que los hombres, pero lo hacen en un entorno más narcisista. Los procesos de la violencia son los mismos en ambos casos: el control, la discriminación, los celos, el aislamiento. La diferencia es que las mujeres, cuando son víctimas, son aisladas por la sociedad; en cambio, los hombres en su misma situación encuentran elementos de ayuda que les permiten salir de ella. Ellos realmente encuentran más dificultades para denunciar esa violencia porque, cuando acuden a la policía, les da más vergüenza y puede que no les entiendan. Recuerdo el caso de un paciente, víctima de una mujer muy perversa. Cuando ella lo agredía, él debía tener mucho ciudado al sujetarla porque, al hacerlo, ella lo amenazaba con ir a la policía para denunciar que era él quién la había golpeado.
I.M. En el libro dice que los hombres más débiles psicológicamente son los más violentos. ¿Puede
ser que las mujeres sepan algo de esto?
M-F.H. Sí, a veces es una excusa para las mujeres y, cuando se encuentran frente a un hombre violento, piensan: 'Yo, con mi amor, voy a ayudarle; ha tenido problemas de pequeño'.
I.M. Y no le va a poder cambiar, ya que un hombre psicológicamente débil es un fracasado en el Del 27 de enero al 2 de febrero de 2007 41 ejercicio de la autoridad, sólo puede ejercer el autoritarismo o la violencia.
M-F.H. La violencia se instala alrededor de esa debilidad. Actualmente, muchos hombres tienen una situación muy frágil en el puesto de trabajo, se sienten inseguros, no son respetados, no se sienten hombres. Entonces, compensan esa inseguridad con la violencia en el hogar y las mujeres se sienten obligadas a ayudarlos, a compensarles, y son demasiado tolerantes con ellos.
I.M. ¿Considera que siempre es necesaria la ayuda psicoterapeútica?
M-F.H. Cuando el sistema de violencia es continuado y existe un lavado de cerebro, entonces la mujer pierde la confianza en sí misma y se convierte en una persona pasiva. La psicoterapia le ayuda a recuperar esa confianza y, también, le da más energía para poder solucionar este problema.
I.M. ¿Los hombres violentos acuden a tratamiento
M-F.H. En Francia, no. Además, no creo que funcione bien. Hay diferentes tipos de hombres violentos, algunos son impulsivos y otros, rígidos. Los hombres jóvenes impulsivos pueden obtener ayuda en una psicoterapia, pero los otros, piensan que tienen razón, que todo lo que ocurre es culpa de la mujer; no quieren ayuda porque creen que su pareja está loca y que ellos no tienen problemas. No es posible ayudar a un hombre que no quiere ser ayudado.
La necesidad de poner límites
Isabel Menéndez. ¿Qué se puede hacer para prevenir la violencia? La posición pasiva y decir a todo que sí está mucho más favorecida en la mujer y esto puede influirle para soportar más la violencia. ¿Reconocerlo la ayudaría?
Marie-France Hirigoyen. Muchas chicas aceptan demasiado. Debemos enseñar a los niños los límites de un comportamiento nocivo para los demás y para ellos mismos. Todos tenemos un punto débil.
I.M. ¿Sólo uno? (risas)
M-F.H. Pero no es el mismo para todos y una persona violenta sabe reconocer en el otro su punto débil. Eso es la violencia: saber hacer daño.
I.M. La mujer tiene que responder a un ideal social que favorecerá tal como esta planteada esa posición pasiva de decir que sí a todo. Poner límites es más difícil para ella y parece que socialmente se hace poco hincapié.
M-F.H. Como explico en mi libro 'El acoso moral', éste no sólo se da en el trabajo si no también en la familia, con los hijos, etc. Los medios han entendido que es sólo en el ámbito laboral.
I.M. En ese libro describe cómo se gesta una actitud perversa y habla de lo que ocurre en la familia, de actitudes incestuosas que son una situación de violencia para los niños.
M-F.H. Un problema que tenemos actualmente en Francia, es que los políticos no quieren modificar las cosas porque tienen miedo a que si cambian o tocan algo, van a presenciar mucha más violencia. Es más fácil cerrar los ojos y no ver lo que realmente pasa. Además, si las víctimas son mujeres y niños, los políticos los ignoran porque pertenecen al sector más débil de la sociedad. Yo escribo para que las personas tengan conciencia de lo que pasa, porque cuando se conoce una situación es más fácil cambiarla y el cambio vendría de la persona misma y no desde el exterior.
I.M. Claro, es lo más importante. Por todas y todos los que han sido violentados, te damos las gracias.

http://www.mhmujer.com/relaciones/psicologia/1185.html
|