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Mobbing y medios de comunicación: hacia la creación de la opinión pública. Ponencia emitida en el Congreso de Vitoria

 

Gerardo Mediavilla Nieto, autor del libro "¿Por qué la han tomado conmigo?"

PONENCIA. I Congreso de Vitoria. 21 de noviembre 2003

 

En primer lugar, agradecer a la asociación AVAL y a Blanca en particular, la amable invitación para participar en este congreso, y a todos vosotros y vosotras por tener la gentileza de escucharme.

Exponer un tema tan amplio como la relación entre los medios de comunicación y el mobbing en 30 minutos no es tarea fácil. Entenderéis que corro el peligro de querer decir muchas cosas en muy poco tiempo y terminar no diciendo nada. Acepto el reto como periodista, como exafectado de acoso con sentencia favorable y autor de un libro sobre este tema, además de activista, (si la palabra no suena demasiado fuerte en estos tiempos), en pro de la defensa de las personas afectadas por este drama, por esta epidemia que está alterando profundamente el mundo laboral y social.

En la pretensión de analizar el mobbing o acoso laboral y su tratamiento y la atención por parte de los medios de comunicación sería imprescindible realizar previamente un análisis del tratamiento de la información sobre las cuestiones del mundo laboral y sindical, lo cual está íntimamente unido al acoso laboral ya que el mobbing es catalogado como un conflicto psicosocial inserto, a su vez, en la actualidad económica que se caracteriza por lo que muchos expertos denominan “desmantelamiento del Estado social”.

En este sentido, asistimos en nuestro país, al igual que ocurre en el resto de países europeos, a una falta de consideración del periodismo social, siempre devaluado por monótono e incompatible con los anunciantes.

Para que exista una apertura mediática de importancia sobre temas laborales es necesario que arda en llamas parte de una planta petroquímica, que trabajadores agredan a sindicalistas o que una huelga produzca disturbios de gravedad. Para el resto de las noticias se pasa de largo o se tratan desde una censura espontánea del propio informador. Todos habréis podido observar, en muchas ocasiones, como en diferentes noticias se proyecta una demonización de los trabajadores que se manifiestan o hacen huelga, catalogando su protesta de incívica o considerando su paro como insolidario o salvaje, frente a unas empresas u organismos públicos presentados como sensatos y ordenados, cuando la mayoría de las veces el auténtico salvajismo parte de ellas con sus desmedidas decisiones laborales.

Junto a esta devaluación de la información socio-laboral, los medios de comunicación no son ajenos al nuevo orden implantado por el neoliberalismo económico, esta doctrina dominante que se ha convertido en la religión de los gobiernos occidentales, y por lo tanto, los medios están expuestos como empresas que son, a todas las circunstancias y consecuencias que ello comporta, tales como la reducción a mínimos del sector público, la desregulación de las relaciones laborales, la privatización de los capitales, etc. haciendo de la propiedad privada un derecho que casi nadie se atreve a cuestionar, sacralizándola, a expensas de diferentes formas de propiedad pública y de la propiedad social.

En definitiva, asistimos a una reducción dramática de derechos y libertades en el ámbito laboral englobadas a ese patrimonio de todos que Ricardo Petrella llama “bien común” y en el que apunta como consecuencia más importante la desaparición del estado del bienestar.

Como tercer matiz exógeno que influye y determina la información sobre el mundo del trabajo, hay que mencionar la revolución digital que trasciende el tradicional periodismo escrito, es decir, lo que conocemos como prensa, radio y televisión, para incluir Internet y otras tecnologías en torno al cine, el CD, el DVD...

Los propios medios no son ajenos a esta coyuntura socio-política de principios de siglo, que en un magnífico artículo de Ignacio Ramonet, titulado “El quinto poder”, en el periódico Le Monde Diplomatique, que leía el otro día, definía como “etapa de mundialización con brutal enfrentamiento entre el mercado y el Estado, el sector privado y los servicios públicos, el individuo y la sociedad, lo íntimo y lo colectivo, el egoísmo y la solidaridad”, un comentario de Ramonet que estoy seguro que serviría para explicar lúcidamente el desarrollo espectacular del acoso psicológico en el trabajo como perversión y práctica empresarial propia de tal situación. El mobbing es, tal vez, si lo pensamos detenidamente, una consecuencia más de tales enfrentamientos, una escaramuza más de tales mundos enfrentados.

En este repaso al contexto que envuelve la información sobre las cuestiones laborales hay que mencionar las consecuencias de todo lo enunciado en el propio desarrollo de las empresas de información, factor determinante para cuestionar si los medios de comunicación continúan representando un recurso contra el abuso de los poderes, en este caso incluyendo el detentado por un conjunto de grupos planetarios y multinacionales globales que muchos definen como los verdaderos “amos del mundo” y que seguramente lo son.

En este sentido, se está produciendo una transformación de las empresas de información en inmensas estructuras mediáticas con vocación mundial y por lo tanto intervinientes como accionistas en un gran número de periódicos, radios y televisiones españolas. Nombremos algunas como Time Warner, RTL Group, Disney, Telefónica, France Telecom, General Electric, Microsoft, Viacom, etc. en fin, poderosos grupos que lejos de estar especializados en una sola tarea informativa abordan ahora tres sectores que antes eran independientes entre sí: el negocio de la cultura de masas, el de la comunicación y el de la información.

A este respecto, todavía resuenan las declaraciones de Bernard Margueritte, presidente del Foro Mundial de Comunicación, quien durante el congreso anual de tal organismo celebrado el pasado 14 de septiembre, señaló, cito textualmente, “la preocupante concentración del poder mediático de algunos magnates para los que los beneficios priman sobre la calidad de la información”, declarando finalmente que “cada vez sabemos menos los unos de los otros”.

Por otro lado, los dueños de periódicos o emisoras de radio, ya no son empresas especializadas sino que pertenecen a un conglomerado de accionistas en los que no falta el poder político y el económico, perdiendo su independencia y haciéndolos más que sospechosos de ser portadores de intereses e ideologías muy alejadas del que sería el interés común, base de cualquier pronunciamiento ético profesional que los debería de alentar.

Comía con un amigo hace una semana, periodista y director de una humilde revista dedicada a los menores y me comentaba con indignación las presiones que recibía el editor para que no sacaran el tema del cambio de la ley de menores con motivo del salvaje asesinato de una joven que fue masacrada por otras dos jóvenes y que ha conseguido las firmas suficientes para forzar tal cambio. Parece ser que el Gobierno está realmente preocupado por la dimensión del presupuesto y la enorme transformación del sistema penitenciario que tal cambio de la ley obligaría. Y no se corta en provocar las presiones en todos los ámbitos mediáticos para frenar la presión de la opinión pública.

Y en mitad de todo esto, trece millones de europeos afectados por mobbing según el informe de la Organización Internacional del trabajo en 2001, y dos millones y medio de trabajadores y trabajadoras españolas, el 14 por ciento de la población activa según el Informe Cisneros dirigido por Iñaki Piñuel.

Aún en el caso de aceptáramos el polémico Informe Randstad sobre los índices de acoso laboral, elaborado por ESADE, una escuela de empresarios, al fin y al cabo, existen en nuestro país medio millón de personas acosadas. Un escándalo.

¿Se puede creer que tales emporios, grupos capitalistas al fin y al cabo, van a actuar como un contrapoder?

¿Se puede pensar que presentarán una sensibilidad especial ante un fenómeno como el acoso laboral?

¿Hasta que punto estos medios no defienden “una casta” aún a riesgo de perder a potenciales clientes?

Un ejemplo. Hace un año Iñaki Gabilondo en la Cadena SER, sacó en su programa el tema del mobbing y la centralita de la emisora se colapsó. Anunció un nuevo programa ante la expectación del tema, pero nunca lo ha vuelto a sacar. No quiero dudar sobre la profesionalidad e independencia de tal periodista, pero no somos ajenos tampoco a que el Grupo Prisa, propietario de la cadena se haya inmerso en pleitos de cierta resonancia mediática por acoso a trabajadores de la empresa y que no le debe ser agradable que sus propios medios difundan tal problemática.

Una vez repasada superficialmente la coyuntura económica y la de las empresas de comunicación, podemos abordar, también rápidamente, la situación actual del mobbing y la prensa en nuestro país, admito que subjetivamente, y sin estudios rigurosos que sustenten lo que afirmaré. Valga no obstante, tales apreciaciones profesionales para el debate y la reflexión:


PRENSA Y MOBBING

Desde que en 2001 Cruz Blanco, colega y amiga, legitimara al mobbing como un problema real y de gran importancia, con la magnífica información: “La lenta y silenciosa alternativa al despido” en el diario El País, no podemos negar que ha existido una gran curiosidad por parte de los medios por el acoso laboral y no ha sido difícil encontrar semanalmente diferentes informaciones en dos direcciones y por dos motivos: al producirse sentencias favorables con indemnizaciones por daños morales y en el formato reportaje para definir el fenómeno.

Puede afirmarse pues, que el mobbing es un asunto que aparece en los medios desde hace dos años.

No quiero obviar que a toda lucha y denuncia social le es imprescindible el apoyo de los medios de comunicación, acogiéndonos a ese principio de que sólo existe lo que sale en ellos. Y el mobbing necesita urgentemente el apoyo del mundo mediático: informaciones, libros, películas, congresos como este...

Y aunque se ha conseguido una difusión inimaginable en estos dos años, al analizar el ya abundante material de hemeroteca y audiovisual que dispongo como investigador periodístico, puedo concluir que con raras excepciones, el mobbing no ha sido tratado todavía por el “gran periodismo”, es decir, por los programas de radio de mayor difusión, ni por los programas de televisión de más audiencia, ni siquiera por todos los periódicos de ámbito nacional.

Asistimos así, a un goteo de noticias sin ninguna continuidad en el tiempo que presentan el acoso como algo novedoso y controvertido, cuando no como algo anecdótico con motivo de sentencias favorables.

Es decir, el movimiento civil contra el acoso laboral tiene pendiente lograr que los medios asuman definitivamente un auténtico compromiso aunque aceptemos cierta satisfacción por lo conseguido hasta el momento. Incluso tal vez, el propio movimiento necesite legitimarse frente a esos mismos medios.

En este análisis general, es imprescindible enumerar los siguientes problemas con los que se encuentra el acoso psicológico en el trabajo para poder ser atendido informativamente, es decir, ver que obstaculiza la relación entre el mobbing y los medios y la propia comunicación del mobbing.

- En primer lugar, mencionaría la complejidad de la definición del mobbing como problemática social.

- Como consecuencia de lo anterior, la falta de adscripción a la sección periodística en la que se debería incluir: economía, sociedad, justicia, local...El asociacionismo no sabe a donde dirigir sus comunicados.

- La clandestinidad del mobbing como tal a nivel institucional. Al ser una problemática no aceptada plenamente por las directivas, normativas y leyes en general.

- La devaluación que está sufriendo ante la contraofensiva de instituciones y empresas que empiezan a presentar este drama como un recursos ficticio de muchos trabajadores para presentar sus demandas e ir contra las empresas. Hay que aceptar, no obstante, que al mobbing le hace falta definición. Sin ir más lejos, tengo aquí un recorte de un periódico nacional que titulaba el domingo pasado en sus páginas sepia: “acoso al acoso moral”. No lo creo.

- La reticiencia de muchas empresas periodísticas a hablar sobre este tema al estar encausadas ellas mismas en casos por ser demandas por trabajadores, y este punto lo he podido comprobar en las más de cincuenta entrevistas que he tenido recientemente con motivo de mi libro. Me ha dado acceso a comentarios de compañeros en este sentido. Y se me han cerrado lugares y programas de manera realmente extraña cuando ya estaba prevista la entrevista. Me han ocurrido situaciones increíbles.

- Y como último obstáculo, mencionar la propia limitación de las personas afectadas por acoso a poder recurrir a los medios de comunicación, para que tal denuncia pública suponga un freno a las agresiones y favorecer posiblemente con ello su defensa. En realidad, sólo cuando se consiguen sentencias se puede hacer público el mobbing personal.


Como final de mi intervención he querido detenerme en este punto porque es uno de los nudos gordianos de las víctimas de acoso quienes no pueden salir al día siguiente de la agresión en los medios mostrando heridas perceptibles y hematomas como podría ocurrir en otros tipos de violencia, aunque sus heridas psicológicas y demás consecuencias físicas sean incluso más graves.

He traído, por ilustrativo unos párrafo de la sentencia del Juzgado nº 10, Sentencia 157-2003, Ministerio de los Social el día 12 de Mayo 2003, tras el despido de una trabajadora por haber salido en una televisión denunciando su caso sin nombrar en ningún momento a su empresa, pero ser finalmente despedida por ello transgresión de la buena fe:

Hablando de los derechos de expresión:

“Tiene unos matices específicos cuando su ejercicio se realiza en el ámbito de la relación laboral pues la buena fe al ser inherente al vinculo contractual, actúa como límite de ese ejercicio y a su vez en concordancia con el sistema Constitucional de Relaciones Laborales…”

Haciendo mención a siete sentencias y continuando:

“Las manifestaciones se efectuaron a través de un medio de difusión, siendo indiferente para la resolución del pleito, el nivel de mayor o menor audiencia que el programa alcanzase, por tanto de forma publica y siendo conocedora la demandante, que sus manifestaciones eran susceptibles de alcanzar al público en general y en concreto y dado que la demandante de una forma u otra siempre ha estado en contacto junto con los vendedores y a través de estos con los clientes al ser la encargada de la facturación a los clientes de la empresa y trabajadores de la empresa “.

Actuación de la trabajadora de la que no puede desconocerse el elemento de voluntariedad, vulnera el principio de buena fe que a de regir en la relación laboral y de la que derivan perjuicios de toda índole para la empresa, por cuanto no siendo cierto que la demandante haya sido objeto de mobbing, sus manifestaciones perjudican la imagen de la empresa.

“…porque en la valoración de los incumplimientos contractuales y la posibilidad de degradar su gravedad existen también unos limites que alcanzan la que puede denominarse esfera de gestión empresarial, como aquel ámbito en el que el trabajador no puede vulnerar mediante su actuación trasgrediendo la lealtad y la buena fe”.

Rebuscando en documentaciones he encontrado un antiguo artículo del Catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad Complutense de Madrid, citaré que como siempre, en la página “mobbing.nu” en cuyo uno de los párrafos subraya algo muy similar a lo dictado en la sentencia:

Leo textualmente porque es muy clarificador mencionando el principio de proporcionalidad en las relaciones empresa/trabajador:

“El empresario debe salvaguardar los derechos del trabajador y éste tiene contraído un compromiso de lealtad contractual, que le impide, por ejemplo, hacer una crítica insultante de su empresario al amparo de la libertad de expresión, o faltaría al código de principios que aceptó al ser contratado. Proporcionalidad y equilibrio son los polos que marcan las reglas de juego. Ni se puede olvidar la Constitución, ni se puede olvidar el contrato”.

Es decir, de nuevo sale a relucir el compromiso de lealtad contractual. Y no disponemos de heridas sangrantes ni vendas llamativas que justifiquen nuestra aparición ante las cámaras sin que al día siguiente nos despidan. Tal es la perversión de la violencia que ejerce el acoso psicológico.


La prensa, las relaciones con los medios de comunicación, llegar a transmitir esta tragedia, lograr que los medios actúen como creadores de la opinión pública imprescindible para que los poderes públicos reconozcan oficialmente la magnitud de esta epidemia, es in duda, el reto fundamental que tenemos planteado en estos momentos todos los “activistas”, afectados y exfectados.

Una vez más, y como el resto de las tragedias sociales y las demás formas de violencia que se desarrollan en mitad de democracias, necesitamos el apoyo y la objetividad de la prensa, pero no de cualquier prensa, de una prensa lo más independiente posible, comprometida con las causas sociales, seria y responsable, dispuesta a asumir el papel de contrapoder.

No va a ser fácil, pero millones de trabajadores y trabajadoras angustiados, perseguidos, maltratados, aniquilados cada día, no pueden permanecer por más tiempo ocultados.

Muchas gracias.



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