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Aún se desconocen las circunstancias que empujaron ayer, de forma absolutamente injustificable, a un trabajador a emprenderla a navajazos con sus compañeros. Vaya también por delante que no hay sospecha alguna sobre la empresa en cuestión, ni sobre los otros trabajadores. Tal vez todo fue provocado por una enajenación mental. Pero el suceso nos hace reflexionar sobre un fenómeno que es ya una epidemia: cómo la extensión creciente en el ámbito laboral de la violencia, el hostigamiento, el maltrato, la falta de respeto y la vulneración de la dignidad del trabajador, unidas al frecuente y defensivo síndrome de «no va conmigo» en que incurren las organizaciones, puede perfectamente explicar -aunque, insisto, nunca justificar- el que una persona termine perdiendo los nervios y la cabeza.
La violencia psicológica lo invade todo: acoso psicológico entre los escolares, maltrato doméstico, hostigamiento vecinal, acoso político y, cómo no, acoso psicológico en el trabajo o «mobbing». En los últimos años he podido escuchar en la investigación y asistencia psicológica de los trabajadores acosados numerosos relatos de personas «normales», aunque dañadas por el «mobbing», horrorizadas ante sus ideas recurrentes de agredir, machacar o asesinar a sus acosadores laborales.
Estas formas de terminar con una situación de acoso psicologico mediante la agresión son extremadamente raras. Afectan tan solo al 1 por ciento de los casos. Lo más frecuente es que, con el tiempo, las víctimas de «mobbing» entren en una creciente paralización que las lleva a la indefensión, fuente posterior de la mayor parte de los cuadros psicológicos que suelen producirse a consecuencia del daño recibido. Es muy difícil explicar aquí la tremenda vivencia de terror, angustia y desesperanza de estas personas.
Trabajadores normales, perfectamente válidos para realizar su labor, aunque víctimas de los celos o de las rivalidades, mujeres que reclaman la igualdad en el trato, en las oportunidades, o simplemente se resisten a la arbitrariedad o la falta de respeto a su dignidad, jóvenes en situaciones laborales precarias que les exponen a la vulnerabilidad del abuso sobre ellos, personas intelectualmente brillantes que despiertan por sus capacidades o éxitos profesionales las envidias de sus compañeros o jefes... Tal es el perfil habitual de las víctimas del acoso psicológico en el trabajo.
El de los acosadores laborales es también un perfil muy específico: jefes mediocres a la defensiva, directivos narcisistas con complejos de inferioridad, psicópatas organizacionales que no se detienen ante nada ni nadie ante sus propósitos en la escalada hacia posiciones de mayor poder en la organización.
Todo un panorama desalentador.
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Al hombre que apuñaló a varios compañeros de trabajo en Fuencarral (Madrid le acababan de comunicar que estaba despedido
El hombre de 44 años que esta mañana apuñaló a tres compañeros de oficina e hirió a otros tantos de varios puñetazos acababa de ser despedido de la empresa inmobiliaria en la que trabajaba, según informó a Europa Press un portavoz de la Jefatura Superior de Policía.
Las mismas fuentes indicaron que el hombre fue requerido en el despacho del responsable de personal de la empresa, quien lo comunicó el despido. Inmediatamente el presunto agresor se abalanzó sobre esta persona y lo zarandeó numerosas veces.
Otros compañeros que presenciaron los hechos acudieron a la oficina del titular de Recursos Humanos para mediar en la pelea, pero el agresor sacó un arma blanca, al parecer una navaja, y comenzó a arremeter contra todo aquel que se le acercó.
Finalmente, vario empleados consiguieron reducirlo y encerrarlo en uno de los aseos de la oficina hasta que llegaron varios agentes de la Policía Municipal y del Cuerpo Superior de Policía, que procedieron a su arresto y traslado a dependencias policiales.
EUROPA PRESS 18 de enero de 2005
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