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Acoso psicológico

 
 


Mobbing = Acoso Moral
Aportado Por Emilio Vilar

 

Desde la psicología se explica el acoso moral con la presencia de una personalidad perverso-narcisista que prepara el terreno y abre la veda a una campaña de acoso y derribo de un chivo expiatorio previamente designado. Si bien es cierto en la mayoría de los casos, no siempre se puede personalizar en una figura con unos rasgos tan patológicamente marcados.

En ocasiones, el paso de estos individuos por puestos de responsabilidad dentro de una organización, incorpora el acoso moral en los métodos de gestión de personal como una estrategia válida para deshacerse del personal incómodo. Y sucede que la maniobra sale bien y estos métodos se mantienen implantados más allá de que continue en la organización la personalidad perverso-narcisista. Aunque ésta desaparezca de la escena laboral parece que haya quedado disuelta entre los supervivientes y que cada uno haya incorporado una parte del perverso ausente en su existencia cotidiana.

Si ésto ocurre en las personas, qué no ocurrirá en la organización, tan proclive ella a incorporar metodos eficaces, expeditivos y de aparente bajo costo. No digamos ya si este aparato mostrenco se llama Administración Pública, la que sea, da igual. Aquí se enquistan las lacras con una tenacidad sobrecogedora, desde los tiempos de Larra hasta la actual política de privatización y liquidación de lo público.

Ningún lugar como la Administración para valorar subjetivamente el trabajo, con unas tareas indeterminadas y un indicador económico (el dinero) ausente del baremo, salvo en el capítulo de costes de personal. En la administración se prestan servicios no convertibles a valor-dinero, por lo que desaparece cualquier criterio productivo y se abre el camino (huérfano de ética y principios) a la frenética carrera del "caiga quien caiga y cuantos más mejor", con tal de medrar, de ascender en el staff por encima de un montón de cadáveres laborales a los que primero se denominó compañeros y después recursos humanos.

Sólo desde una profunda depuración de los métodos de gestión de personal y de la adopción de un código ético, se puede empezar a poner coto al acoso moral desde la propia empresa con el acuerdo, por supuesto, de la representación sindical y la dirección. De lo contrario habrá que seguir aprovechando los escasos resquicios que deja el actual marco legal, a la espera de que vengan tiempos legislativos mejores, y se sancione esta nueva expresión de un viejo problema, que no es otro que la no aceptación de la diferencia, la intolerancia, el fascismo.

Noviembre de 2001

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