¿
Has
sentido
alguna
vez
la sonrisa
de un
niño,
dándote
la calma
que
tanto
anhelas,
haciendo
que
todo
tu cuerpo
se estremezca,
porque
ves
en él
tu sombra
y tu
meta?.
¿
Quién
me iba
a decir
a estas
alturas,
que
iba
a aprender
tanto
de ti?.
Que
acercándome
a tu
pequeño
gran
mundo,
me
has
hecho
recordar
lo que
en un
tiempo
atrás
viví.
Regreso
de nuevo
a aquellos
días
de mi
infancia,
días
que
nunca
parecían
tener
fin,
en
los
que
cada
situación
era
una
nueva
sorpresa,
días
en los
que
el mundo
era
un continuo
descubrir.
Regreso
a aquel
cuerpo
tan
frágil
como
una
pluma,
a
aquella
mente
que
poco
a poco
empezaba
a discernir,
intento
ponerme
en tu
lugar
y ver
como
empezamos
a vivir.
Has
llegado
a un
mundo
que
todavía
no comprendes,
que
todo
el dolor
y toda
la tristeza
que
nos
acecha,
aún
no han
traspasado
tu frágil
barrera.
Pasan
los
días
y tu
formas
parte
de su
enseñanza,
no
tienes
ningún
miedo
del
mañana,
sólo
existe
el hoy
y lo
que
en estos
momentos
te pasa.
Intento
sentir
lo que
constantemente
sientes,
intento
tener
tu risa
que
derrumba
cualquier
pena,
tu
curiosidad
que
todo
lo desvela,
ese
cariño
que
das
sin
esperar
ninguna
recompensa,
intento
estar
abierto
a todo
lo que
me rodea,
a
tener
las
ganas
de hacer
todo
por
mi mismo,
sin
tener
miedo
de lo
nuevo,
de lo
distinto.
Viéndote
descubro
la esencia
del
ser
humano,
tú
eres
la alegría
y las
ganas
de vivir,
tú
eres
la sencillez
que
tanto
anhelamos,
tú
posees
esos
ojos
de inocencia
que
pronto
olvidamos.
Es
hora
que
aprenda
a vivir
como
tú,
levantándome
caída
tras
caída,
despertándome
como
si fuera
éste
el primer
día,
descubriendo
a las
personas
que
forman
mi vida.
Es
hora
que
vuelva
a ser
un poco
más
niño,
viviendo
mi historia
sin
tantas
complicaciones,
sorprendiéndome
de las
pequeñas
cosas
que
nos
suceden,
aprendiendo
de todo
y de
todos,
sin
negar
absolutamente
nada
a mi
mente.
Alfredo
Cuervo
Barrero