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JUANA SÁNCHEZ MONTERO, SECRETARIA DEL COMITÉ DE
EMPRESA DEL AYUNTAMIENTO DE ALCALÁ DE GUADAÍRA
(SEVILLA) POR LA UGT. MILITANTE DEL PSOE
Según el estudio realizado por la Universidad de Alcalá de
Henares, un 11,4% de los españoles son víctimas de acoso
laboral o mobbing. Esto quiere decir que 1.671.956
trabajadores, lo que equivale aproximadamente a todos los
habitantes de Sevilla y su provincia, se levantan cada mañana
sabiendo que la destrucción de su imagen profesional y social, el
impedirle realizar el trabajo que les gusta y consiguieron con
esfuerzo, la humillación, el aislamiento, el deterioro de las
relaciones familiares, la incomprensión de los compañeros y
amigos, etcétera, les esperan durante todo el día y las pesadillas,
en que vuelven a repetirse las humillaciones sufridas, le impedirán
dormir la noche siguiente. Y esto durante meses o años hasta
que el deterioro físico y psicológico les lleve a solicitar el despido,
la baja laboral, o el cambio de su puesto a otro, impuesto por la
empresa, donde todo se volverá a repetir.
¿Cómo es posible que en la sociedad actual en la que se
defienden los derechos humanos y laborales se pueda dar esta
situación?
Sólo hace falta una víctima que reacciona ante el
autoritarismo de un superior y no se deja avasallar, personas
brillantes y empáticas, con una gran vocación por el trabajo que
realizan, con situaciones personales y familiares altamente
satisfactorias y un gran sentido de la justicia. Por otro lado hay
que contar con la precariedad laboral, una mala organización en
la empresa que permita comportamientos fascistas, un grupo
que apoye el acoso y un hostigador principal con una serie de
rasgos patológicos que le empujan a destruir a aquellas personas
que poseen unos valores que ellos no tienen: mediocres
profesionales, manipuladores, oportunistas, con una doble
personalidad que les permite simular, mentir compulsivamente, y
que niegan el sufrimiento que provocan en la víctima,
achacándole a ésta todos los problemas. El acosador necesita
para su impunidad del secretismo por la vergüenza que sufre el
trabajador al no poder explicar las formas sutiles de humillación
que sufre diariamente y los testigos mudos, compañeros que
miran para otro lado por miedo o porque ven una forma de
ascender.
Siguiendo las recomendaciones de la UE, algunos países están
aprobando leyes que impidan este asesinato psicológico. En
mayo pasado lo hizo Francia penalizando con hasta un año de
cárcel y 2,5 millones de pesetas a los acosadores. En España los
sindicatos, grupos políticos y los profesionales en Salud Laboral
han conseguido que el problema se conozca y que el 19 de junio
pasado el Senado, por unanimidad, aprobara instar al Gobierno a
modificar la ley y adoptar las medidas para evitarlo.
EL PAIS . Septiembre 2001.

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